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Los fondos se lanzan a comprar granos y apuestan a una nueva escalada de precios


Trigo, maíz y soja tocaron máximos de varios años en Chicago y los grandes jugadores financieros tomaron la posición neta comprada más alta desde, al menos, 2014. Guerra, clima, problemas logísticos y una demanda firme vuelven a poner al campo argentino ante una oportunidad inesperada.

El mercado mundial de granos volvió a ponerse en modo alcista.

En las últimas semanas se acumularon una serie de factores que empujaron los precios de trigo, maíz y soja y provocaron una reacción contundente de los fondos especulativos.

Los grandes jugadores financieros alcanzaron la posición neta comprada más elevada desde, al menos, 2014.

La señal es clara: el mercado está apostando a que los precios agrícolas pueden mantenerse elevados durante un período prolongado.

Y hay un dato que potencia todavía más la lectura alcista: la apuesta de los fondos es incluso más fuerte que la registrada durante algunos de los momentos más críticos de los conflictos en Medio Oriente y Europa.

Chicago vuelve a mirar hacia arriba

El maíz fue uno de los grandes protagonistas.

En Estados Unidos, las condiciones del cultivo siguen por debajo de las del año pasado. El último informe Crop Progress del USDA ubicó en apenas 57% la superficie de maíz en condiciones buenas a excelentes, contra el 69% registrado un año atrás.

En Francia la situación es todavía más delicada.

El cereal alcanzó su peor condición en 15 años, con apenas 28% del cultivo en estado bueno a excelente, según FranceAgriMer.

El mercado ya comienza a especular con nuevos recortes sobre la cosecha francesa, cuya última estimación se ubicaba en 50 millones de toneladas.

El impacto llegó a Chicago: el maíz trepó hasta US$ 214 por tonelada, su máximo en tres años.

Y el avance del trigo también aportó combustible, debido a la posibilidad de sustitución entre ambos cereales para alimentación animal.

El trigo, atrapado entre la guerra y la logística

El trigo tampoco da señales de calma.

La semana pasada llegó a US$ 288 por tonelada en Chicago, su mayor valor en tres años.

Después retrocedió y se movió cerca de ese nivel, pero el mercado continúa condicionado por un factor difícil de ignorar: la guerra en la región del Mar Negro.

Rusia rechazó una moratoria para detener los ataques y posteriormente atacó infraestructura portuaria en Odesa.

Ucrania, mientras tanto, enfrenta crecientes dificultades para sacar sus granos al mundo.

Una organización del sector advirtió que la cadena exportadora debería prepararse para redireccionar embarques hacia otros puertos, ante la posibilidad de que algunas terminales de aguas profundas recién recuperen su operatividad entre diciembre y enero.

Un acuerdo de paz podría cambiar todo

La aparición de señales de una posible negociación entre Rusia y Ucrania introdujo un elemento de volatilidad.

Las declaraciones de Vladimir Putin sobre las posibilidades de alcanzar un acuerdo de paz provocaron una caída del contrato de trigo más operado, que retrocedió 2,5% hasta US$ 276 por tonelada.

Pero el problema no desapareció.

Incluso con una eventual tregua, la infraestructura y la logística siguen siendo un desafío.

Las rutas alternativas utilizadas por Ucrania, entre ellas el río Danubio, enfrentan niveles de agua mínimos y una capacidad insuficiente para absorber los grandes volúmenes que deberían ser redireccionados.

El resultado es un mercado mundial mucho más sensible a cualquier interrupción.

Argentina aparece como alternativa

Y allí aparece una oportunidad para la Argentina.

El line-up de trigo argentino alcanzó máximos de cinco años para esta altura del año y es el mayor desde abril.

Las dificultades que enfrenta el trigo del Mar Negro para llegar a sus destinos generan una ventana comercial para el cereal argentino.

En otras palabras: mientras algunos de los grandes exportadores mundiales tienen problemas para garantizar sus embarques, Argentina gana atractivo como proveedor confiable.

El precio empieza a convencer a los productores

La mejora de las cotizaciones internacionales ya tiene impacto en el mercado local.

Los futuros de trigo de la campaña 2026/27 alcanzaron máximos en A3.

Y el pricing reaccionó con fuerza.

Durante la última semana se negociaron 730.000 toneladas a precio cerrado, frente a apenas 300.000 toneladas la semana anterior.

Es más del doble.

Además, se trata del mayor volumen de fijaciones registrado desde que comenzó a negociarse el trigo de la nueva campaña.

En Rosario, el trigo disponible llegó a US$ 237,5 por tonelada, equivalentes a $357.200, cerca de los máximos desde 2024.

El maíz tampoco se quedó atrás: volvió a US$ 190 por tonelada o $282.000, su mejor nivel desde julio.

La soja también despierta

El rally no se limita a los cereales.

En Argentina, la comercialización de soja mostró un fuerte repunte tanto para la campaña actual como para la próxima.

Al 25 de agosto se habían negociado 26,5 millones de toneladas de la campaña en curso y 775.000 toneladas de la 2026/27.

Solo en una semana se comercializaron 970.000 toneladas de soja de la campaña actual.

Fue el mayor volumen semanal desde fines de junio.

Pero el dato más llamativo estuvo en la soja nueva: las fijaciones de la campaña 2026/27 más que cuadruplicaron el promedio de las semanas anteriores.

Los datos de SIO-Granos también mostraron una fuerte actividad. Las fijaciones alcanzaron 1,17 y 1,2 millones de toneladas en las dos últimas semanas de agosto, los mayores registros de los últimos 90 días.

La soja recupera atractivo por precio

El mercado está dando una señal concreta al productor.

El 31 de agosto, la pizarra de soja llegó a $550.000 por tonelada, unos US$ 367.

El valor quedó casi 9% por encima del registrado a mediados de agosto.

Para la nueva campaña, el contrato mayo de 2027 llegó a tocar US$ 354 por tonelada, unos US$ 15 más que a comienzos de mes.

La recuperación local responde a lo que ocurre en el mercado internacional.

Y allí hay tres motores principales:

China compra soja estadounidense, el petróleo sube y el cultivo norteamericano se deteriora.

China vuelve a empujar la demanda

Durante agosto, el USDA confirmó ventas privadas de soja estadounidense a China por 2,98 millones de toneladas.

La actividad también se reflejó en las operaciones de Sinograin, el almacenador estatal chino, que realizó su quinta subasta de soja en menos de un mes para liberar espacio ante la llegada de nuevas cargas estadounidenses.

Mientras tanto, el estado de los cultivos norteamericanos genera preocupación.

El USDA redujo al 58% la proporción de soja estadounidense en condición buena a excelente, frente al 60% de la semana anterior.

Los analistas esperaban un deterioro menor.

A esto se suma el petróleo: el crudo acumuló una suba superior al 7% desde comienzos de la semana, en medio de nuevas tensiones militares entre Estados Unidos e Irán.

El verdadero protagonista: los aceites

Dentro del complejo oleaginoso, sin embargo, hay un producto que está mostrando una performance extraordinaria: el aceite de soja.

Mientras el poroto en Chicago ronda los US$ 475,5 por tonelada, con una mejora del 26,5% respecto de comienzos de año, el aceite acumula una suba de 44,2%.

La explicación está en una combinación de oferta ajustada y demanda creciente.

El consumo de biodiésel aumenta en los principales países productores, mientras crecen las dudas sobre la disponibilidad de aceites sustitutos.

Y nuevamente el Mar Negro aparece en el centro de la escena.

El aceite de girasol queda bajo presión

Rusia y Ucrania tienen un peso determinante en el comercio mundial de aceite de girasol.

Para la campaña 2026/27, el USDA proyecta exportaciones mundiales por 15,62 millones de toneladas.

Ucrania aportaría 5,1 millones y Rusia 4,85 millones.

Juntos representan el 62% del total mundial.

Cualquier interrupción prolongada de las exportaciones de la región puede tener consecuencias directas sobre el abastecimiento global.

A esto se suman los daños sobre plantas de procesamiento y almacenamiento y los problemas para transportar la mercadería por rutas alternativas.

India acelera las compras

La demanda, entretanto, no afloja.

India se convirtió en uno de los principales motores del mercado.

Las compras previas a las festividades llevaron las importaciones de aceite de soja a 601.000 toneladas en agosto, un récord mensual y un 21% más que en julio.

Con una oferta internacional más ajustada y una demanda que sigue creciendo, los aceites encontraron un nuevo impulso.

Argentina también gana con el rally

El mercado argentino ya está capturando parte de esa mejora.

El aceite de girasol argentino llegó a un precio FOB de US$ 1.390 por tonelada durante la última semana de agosto, un valor similar al de fines de 2022.

En el año acumula una suba del 14,9%.

El aceite de soja, por su parte, alcanzó US$ 1.212 por tonelada, 9,7% por encima de comienzos de año.

El girasol fue el gran ganador y llevó la relación entre el precio del aceite de girasol y el de soja a su máximo en diez años.

La performance exportadora acompaña.

Hasta agosto, Argentina había enviado al exterior 1,35 millones de toneladas de aceite de girasol, un volumen 1,34 veces superior al promedio de la última década para esta altura del año.

En aceite de soja, los embarques acumulados alcanzarían 4,24 millones de toneladas, el segundo registro más elevado desde comienzos de siglo para el período.

India concentra cerca del 65% de los embarques de aceite de soja argentino realizados durante agosto.

La gran pregunta: ¿cuánto puede durar el rally?

El mercado enfrenta ahora una combinación poco habitual.

Por un lado, los fondos están comprando con una intensidad que no se veía desde hace más de una década.

Por otro, los fundamentos acompañan: cultivos deteriorados en Estados Unidos y Europa, conflictos que amenazan corredores comerciales, problemas logísticos, una demanda china firme y una creciente presión sobre los mercados de aceites.

Pero también existe un factor de riesgo.

Un acuerdo en el conflicto del Mar Negro podría liberar parte de la oferta y provocar una fuerte corrección de los precios.

Por eso, el escenario sigue siendo alcista, pero también extremadamente sensible a las noticias geopolíticas.

Para la Argentina, el momento presenta una oportunidad que el mercado ya comenzó a reflejar.

Mientras los grandes jugadores financieros vuelven a apostar por los granos, los productores y exportadores argentinos tienen una ventana para capturar mejores precios y recuperar protagonismo en un mercado mundial que vuelve a mirar con atención a la oferta nacional.

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