
La producción de uva para vinificación en Mendoza atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años.
Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) alertaron que el fuerte incremento de los costos de producción, combinado con los bajos precios que reciben los productores por la uva, está generando pérdidas económicas que ponen en riesgo la continuidad de numerosos establecimientos, especialmente los más pequeños.
Según explicó el presidente de Confederaciones Rurales de Mendoza y productor del Valle de Uco, Claudio Giusti, producir una hectárea de viñedos destinada a vino demanda actualmente cerca de 7 millones de pesos, mientras que los ingresos alcanzan apenas 4,4 millones de pesos, lo que representa una pérdida anual aproximada de 2,65 millones de pesos por hectárea, sin considerar el valor de la tierra ni la remuneración del productor.
"Este año fue tremendo. Venimos de varios años difíciles, pero nunca con estos costos", afirmó Giusti, quien señaló que el incremento de la mano de obra, la energía utilizada para el riego y otros insumos esenciales impactó de lleno sobre la rentabilidad de la actividad.
Durante la última vendimia, las bodegas pagaron alrededor de 520 pesos por kilo de uva, cuando, según el dirigente rural, el precio debería ubicarse cerca de 700 pesos por kilo para cubrir los costos de producción.
A este panorama se suma la caída del consumo de vino en el mercado interno y la baja de los precios internacionales de exportación, aunque indicó que en el Valle de Uco los volúmenes exportados lograron mantenerse relativamente estables.
Problemas financieros
En declaraciones al programa Agroindustria en Foco por Eco Medios AM 1220, Giusti también advirtió sobre las dificultades financieras que enfrentan los productores. Explicó que muchas bodegas abonan la uva hasta siete meses después de la cosecha, lo que obliga a numerosos viñateros a recurrir a créditos para afrontar los costos de la siguiente campaña.
"Muchos terminaron de cosechar y todavía no cobraron. Algunos incluso tuvieron que sacar préstamos para poder levantar la cosecha porque este año varias bodegas ni siquiera otorgaron adelantos", sostuvo.
Además, señaló que durante la última vendimia varias grandes bodegas redujeron los volúmenes de compra y evitaron fijar precios antes de la cosecha, incrementando la incertidumbre del sector.
Menos inversiones y mayor riesgo para pequeños productores
Frente a este escenario, Giusti anticipó que numerosos establecimientos deberán postergar inversiones en infraestructura, renovación de postes, alambres y mejoras en los sistemas productivos para reducir gastos.
También advirtió que los pequeños productores son quienes enfrentan el mayor riesgo de abandonar la actividad si la crisis se prolonga.
"No hablamos de cambiar de cultivo de un año para otro. Una viña necesita al menos tres años para comenzar a producir. No se puede vivir siguiendo las modas del mercado", expresó.
El acceso al crédito, una herramienta clave
Para el dirigente rural, la principal necesidad del sector es contar con financiamiento adecuado.
"El productor no está pidiendo subsidios; necesita créditos para atravesar este momento", afirmó.
Finalmente, consideró que el reciente acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea representa una oportunidad para ampliar los mercados del vino argentino, aunque advirtió que sus beneficios serán de mediano y largo plazo.
"Es una buena noticia, pero esos mercados tardarán varios años en desarrollarse. El desafío es sostener al productor hasta que esas oportunidades se conviertan en negocios concretos", concluyó.