
En una nueva edición de Tranqueras Abiertas, organizada por CREA Región Sur de Santa Fe en el establecimiento Hilda's OCHA SA, productores y especialistas compartieron experiencias que demuestran cómo la integración entre agricultura y ganadería, junto con el uso de cultivos de servicio, permite recuperar la productividad, mejorar la salud de los suelos y lograr sistemas más estables y sustentables.
Tras años de agricultura continua, muchos establecimientos comenzaron a evidenciar signos de degradación, con suelos de menor capacidad productiva y rindes estancados. Frente a este escenario, los técnicos coincidieron en que el desafío ya no pasa únicamente por incorporar más insumos, sino por rediseñar los sistemas de producción.
El ingeniero agrónomo Ricardo Pozzi destacó que las rotaciones tradicionales ya no son suficientes para revertir el deterioro de los suelos.
"Con las rotaciones tradicionales de cultivos de renta ya no alcanza. Las raíces son el principal motor para incorporar carbono al suelo y las pasturas son el cultivo que mayor aporte realiza. Después vienen los cultivos de servicio", afirmó.
Pozzi remarcó además que el futuro de la producción estará basado en el manejo de los procesos y no solamente en la incorporación de insumos.
La biodiversidad también mejora la producción
Durante la jornada, el investigador Lucas Garibaldi explicó que la biodiversidad dejó de ser solo un objetivo ambiental para convertirse en un factor clave de productividad.
Según indicó, conservar ambientes naturales y promover paisajes multifuncionales favorece la polinización, mejora la calidad de los cultivos y contribuye a incrementar los rendimientos.
El valor de los cultivos de servicio
Otro de los ejes centrales fue el papel de los cultivos de servicio dentro de los sistemas agrícolas integrados.
Las especialistas Silvina Restovich y María Paz Tieri presentaron resultados que muestran que estos cultivos no solo capturan carbono y reciclan nutrientes, sino que además pueden utilizarse como recurso forrajero sin perder sus beneficios sobre el suelo.
Explicaron que el momento del secado es determinante para sincronizar la liberación de nitrógeno con la demanda del cultivo siguiente, mientras que el pastoreo permite producir carne, reciclar fósforo y mantener los servicios ecosistémicos.
En la misma línea, Alex Tomassetti y Gabriel Zurbriggen señalaron que el objetivo no es consumir la mayor cantidad posible de forraje, sino realizar un pastoreo moderado que preserve una adecuada cobertura vegetal y permita que el cultivo continúe cumpliendo su función agronómica.
Un modelo que ya se aplica en el campo
La experiencia del establecimiento Hilda's OCHA SA mostró que estos conceptos ya forman parte de la práctica cotidiana.
El gerente de Producción, Esteban Sconfienza, explicó que la empresa decidió integrar agricultura y ganadería al comprobar que el manejo tradicional ya no ofrecía respuestas suficientes frente a la degradación de los suelos y la creciente variabilidad climática.
Actualmente, el establecimiento trabaja con un esquema integrado conformado por un 80% de agricultura y un 20% de ganadería, donde los animales aprovechan los cultivos de cobertura, reciclan nutrientes y favorecen la regeneración biológica del suelo.
"La integración agrícola-ganadera genera más preguntas que respuestas. Y eso no es una debilidad: significa que el sistema está vivo y que seguimos aprendiendo", destacó Sconfienza.
La jornada finalizó con recorridas a campo, donde los asistentes observaron calicatas para evaluar el estado de los suelos, el funcionamiento de estructuras móviles destinadas al pastoreo y las estrategias de manejo de animales sobre cultivos de servicio, reafirmando que la integración productiva aparece como una de las principales herramientas para construir sistemas más resilientes y sostenibles.