
El desarrollo del fenómeno climático El Niño vuelve a posicionar al agua como un factor clave para la producción agropecuaria argentina.
Según especialistas del INTA, las lluvias normales o superiores a las habituales previstas para la próxima primavera y verano podrían favorecer campañas de altos rendimientos, mejorar la producción forrajera y recuperar reservas hídricas, siempre que los productores acompañen este escenario con decisiones agronómicas adecuadas.
El presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, sostuvo que El Niño representa tanto desafíos como oportunidades. Si bien advirtió sobre la posibilidad de excesos hídricos y complicaciones para el sector, destacó que la tecnología y el conocimiento disponibles permiten aprovechar estas condiciones para incrementar la carga animal, confeccionar reservas forrajeras y optimizar el manejo de los sistemas ganaderos.
Bronzovich también remarcó la importancia de un manejo sanitario riguroso para evitar que plagas y enfermedades reduzcan los beneficios de la mayor disponibilidad de agua, además de aplicar estrategias adecuadas de manejo de pasturas para transformar el mayor crecimiento forrajero en una producción de carne de alta calidad.
Un fenómeno de intensidad moderada a fuerte
El director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, Pablo Mercuri, explicó que las proyecciones indican que El Niño tendría una intensidad de moderada a fuerte y se extendería, al menos, hasta finales del verano de 2027.
El especialista aclaró que el impacto del fenómeno no es uniforme en todo el mundo y depende de la evolución de los océanos y de las condiciones regionales. En Sudamérica, particularmente en Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil y Chile, estos eventos suelen estar asociados a mayores probabilidades de lluvias normales o superiores a las habituales.
Mercuri señaló que estas condiciones ofrecen una oportunidad para los sistemas productivos, ya que disminuyen las restricciones por falta de agua durante etapas críticas de los cultivos y favorecen el crecimiento de pasturas y pastizales.
Más producción agrícola y ganadera
En agricultura, el mayor aporte hídrico permite implementar estrategias de alta productividad, como dobles cultivos, cultivos de cobertura, siembras tempranas, mayores densidades de plantas y una fertilización más eficiente.
"Los años Niño y las campañas posteriores suelen registrar altos niveles de producción en importantes regiones agrícolas del país", destacó Mercuri, quien además recomendó identificar los lotes con mayor potencial para aplicar esquemas de alto rendimiento.
En ganadería, la mayor disponibilidad de agua mejora la oferta forrajera y reduce el riesgo de atravesar períodos críticos durante el verano, favoreciendo una mayor estabilidad de los sistemas productivos.
Beneficios que van más allá del agro
Los especialistas también destacaron que el aumento de las precipitaciones no solo beneficia a la agricultura y la ganadería, sino que permite recuperar reservorios de agua destinados al consumo humano y al abastecimiento de los establecimientos rurales.
Al mismo tiempo, advirtieron que el exceso de lluvias puede incrementar el riesgo de anegamientos e inundaciones, especialmente en zonas bajas y en las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay, por lo que recomendaron fortalecer las prácticas de conservación del suelo mediante curvas de nivel, terrazas y otras obras de sistematización.
El desafío en la Patagonia
En la Norpatagonia, donde predominan ambientes áridos y semiáridos, el panorama es diferente. Cristian Musi Saluj, técnico del INTA Valle Inferior, explicó que el impacto de El Niño depende más de la distribución temporal de las lluvias y del comportamiento de las cuencas cordilleranas que de la cantidad de precipitaciones.
En los sistemas bajo riego, la disponibilidad de agua estará determinada principalmente por la acumulación de nieve y los caudales de los ríos, mientras que en la ganadería de secano pequeñas variaciones en las lluvias pueden generar cambios importantes en la producción de pastizales.
Además, un evento Niño intenso podría modificar el estrés térmico del ganado, la dinámica de los pastizales y la incidencia de plagas y enfermedades.
Los especialistas coincidieron en que la clave será mantener un monitoreo permanente de la evolución climática y anticipar decisiones productivas que permitan aprovechar las oportunidades que ofrece un escenario con mayor disponibilidad de agua, minimizando al mismo tiempo los riesgos asociados a los excesos hídricos.