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Alternativa Exportadora Ovina.


Lo que durante décadas fue considerado un pasivo dentro de la producción ovina entrerriana hoy comienza a resignificarse como una alternativa concreta de negocio, apalancada por la demanda internacional, la apertura de mercados del mundo musulmán y la certificación Halal. 

La oveja de refugo —aquella hembra que finaliza su ciclo reproductivo o no cumple con los parámetros productivos deseados— pasó de ser un problema operativo para los productores a transformarse en una fuente adicional de ingresos con proyección exportadora.

De descarte a oportunidad comercial

Históricamente, la producción ovina en Entre Ríos estuvo orientada al mercado interno, donde el consumo privilegia al cordero liviano, tierno y de bajo peso. En ese esquema, la oveja adulta carecía de valor comercial: no tenía salida fluida, generaba costos de mantenimiento y ocupaba recursos forrajeros que podrían destinarse a animales más productivos. En muchos casos, los productores optaban por mantenerlas en el campo sin destino claro o venderlas a precios mínimos.

Este escenario comenzó a modificarse con el reciente embarque de carne ovina desde el frigorífico de Gualeguay hacia el Sultanato de Omán, un hito que marca un antes y un después para la cadena ovina provincial. La operación demostró que existe una demanda internacional sostenida para esta categoría, especialmente en países árabes, donde el consumo cultural y religioso de carne ovina es alto y las preferencias difieren notablemente de las del consumidor argentino.

El arbitraje de mercados como motor del cambio

La clave del nuevo modelo radica en el arbitraje de mercados. Mientras que en Argentina la edad del animal es una restricción comercial, en Medio Oriente el foco está puesto en el volumen, el rendimiento carnicero y el aporte proteico. Allí se demandan reses más grandes, aptas para cortes, sin que la edad sea un factor limitante, siempre que el proceso cumpla con el rito Halal y las exigencias sanitarias internacionales.

Este diferencial permite que una categoría sin valor interno adquiera competitividad externa. Para el productor, significa monetizar un stock históricamente subestimado; para la provincia, implica diversificar la matriz exportadora y generar ingresos genuinos en divisas.

Impactos concretos en la producción entrerriana

Desde el sector privado exportador, el Inta y el Gobierno de Entre Ríos destacan varios beneficios directos derivados de esta nueva dinámica:

  • Rentabilidad adicional e inesperada: productores de zonas como Concordia y Gualeguay pueden ahora obtener ingresos por animales que antes representaban un costo o un valor residual.

  • Ordenamiento y limpieza de stock: la salida de ovejas improductivas permite optimizar la estructura de las majadas, mejorar la eficiencia reproductiva y liberar recursos para animales jóvenes.

  • Valor agregado y posicionamiento internacional: la certificación Halal no solo habilita mercados, sino que coloca a la carne ovina entrerriana en un segmento de precios competitivo a nivel global.

  • Encadenamientos locales: el movimiento exportador dinamiza frigoríficos, transporte, servicios veterinarios y empleo regional.

El desafío estructural: escala y formalización

Pese al entusiasmo generado, los actores del sector coinciden en que el gran desafío es la formalización de la producción. Actualmente, más del 80% de la actividad ovina en Entre Ríos se desarrolla de manera informal, lo que dificulta el cumplimiento de los requisitos del Senasa y de las certificaciones internacionales necesarias para sostener y escalar este tipo de negocios.

El envío a Omán fue posible gracias a una combinación estratégica de factores: la identificación de mercados por parte de empresarios con experiencia en comercio exterior, la adecuación técnica del frigorífico de Gualeguay a estándares internacionales y el respaldo sanitario oficial. Sin embargo, para que esta experiencia se transforme en un flujo constante, será necesario avanzar en trazabilidad, sanidad, asociativismo y políticas sectoriales de largo plazo.

Un stock con potencial latente

Con un rodeo ovino provincial que supera las 600.000 cabezas, la consolidación de la “categoría refugo” como producto exportable podría modificar de manera significativa la ecuación económica de muchas estancias entrerrianas. La eficiencia en el descarte, tradicionalmente vista como un problema, comienza a perfilarse como un nuevo motor de crecimiento y competitividad.

La mirada de los protagonistas

El empresario exportador Tomás Pirán, con más de tres décadas en el comercio internacional, fue quien detectó la oportunidad. Según explicó, el mercado interno argentino es muy limitado para esta categoría, pero el contexto global ofrece un panorama completamente distinto:

“Existe una oportunidad concreta para esta categoría que no tiene posibilidades en el mercado interno. El mundo musulmán es uno de los mayores demandantes de carne ovina a nivel global y busca este tipo de productos”.

Desde el ámbito público, José Mouliá, representante del Gobierno de Entre Ríos, destacó el rol de la articulación público-privada sin costo fiscal:

“Fue gestión pura. La provincia no puso un peso. Se identificaron plantas habilitadas, se ordenó la logística y se recuperaron mercados que históricamente fueron estratégicos para Entre Ríos”.

En el plano técnico, Mariano Ferreira, del Inta Paraná y responsable del Módulo Ovino, explicó que la exportación requiere un cambio de paradigma productivo:

“Para exportación se necesita un peso promedio de 22 kilos por res. Es una res internacional grande, apta para cortes. La exportación de ovejas de refugo permite valorizar una categoría históricamente relegada”.

Finalmente, Ricardo Garzia, de la Cooperativa Mansilla, introdujo una nota de cautela al señalar que la sostenibilidad del negocio depende de políticas estructurales:

“La informalidad limita el acceso a mercados internacionales. Además, la eliminación del fideicomiso de la Ley Ovina dejó al sector sin una política nacional activa que acompañe este tipo de procesos”.

Un nuevo horizonte para la cadena ovina

La experiencia de exportación hacia Omán no solo abre una puerta comercial, sino que invita a repensar el modelo productivo ovino en Entre Ríos. Si se logran superar los cuellos de botella vinculados a la formalización, la sanidad y la escala, la oveja de refugo podría dejar definitivamente de ser un problema para convertirse en una pieza estratégica dentro de una cadena ovina más moderna, integrada y orientada al mundo.

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