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El costo De Esperar: Cuánto Impacta Retener Un Animal Un Día Más


En ganadería, algunas de las decisiones que más pesan sobre el resultado económico parecen sencillas hasta que llega el momento de ponerles números. Una de ellas es definir cuándo vender un animal.

El productor conoce el precio de la hacienda, sabe cuánto cuesta alimentar a sus animales y sigue su evolución. Pero hay una pregunta que resulta bastante más difícil de responder: ¿hasta cuándo conviene seguir engordando un novillo?

La duda aparece con frecuencia. Un animal que hoy pesa 480 kilos continúa ganando peso y, a primera vista, parece lógico esperar unos días más. Sin embargo, que siga aumentando de peso no significa necesariamente que cada kilo adicional sea rentable.

Para tomar esa decisión hay que considerar varias variables al mismo tiempo: cuánto peso ganará el animal, cuánto costará producir esos kilos, cuál será el precio de venta esperado, cuánto cuesta mantenerlo y qué rendimiento podría obtenerse con el capital que permanece inmovilizado en la hacienda.

Una cuenta que muestra el costo de esperar

Para entender el impacto, puede tomarse un ejemplo hipotético, con valores exclusivamente ilustrativos.

Supongamos un novillo de 480 kilos que gana un kilo diario. El precio esperado de venta es de $3.200 por kilo vivo, mientras que producir cada kilo adicional cuesta $1.600. A esto se suman $300 diarios de costos de permanencia y un costo de oportunidad del capital del 0,5% semanal.

Si el animal se retiene durante una semana, ganaría aproximadamente 7 kilos. Esos kilos representarían $22.400 de valor adicional.

Producirlos demandaría unos $11.200 y mantener al animal durante esos siete días agregaría otros $2.100. Pero todavía falta incorporar el costo de oportunidad del capital.

Con un valor de referencia de $1.536.000 para el animal, mantener ese dinero inmovilizado durante una semana al 0,5% implica otros $7.680.

El resultado: bajo estos supuestos, esperar una semana dejaría apenas $1.420 de margen adicional, antes de considerar otros costos o eventuales cambios en el precio de la hacienda.

La situación cambia rápidamente cuando se modifica una sola variable.

Si la ganancia diaria baja a 0,8 kilos, por ejemplo, el novillo incorporaría 5,6 kilos en una semana. Esos kilos aportarían $17.920, mientras que producirlos costaría $8.960. Sumados los $2.100 de permanencia y los $7.680 correspondientes al costo de oportunidad, el resultado marginal pasa a ser negativo.

El animal sigue ganando peso, pero retenerlo deja de ser una decisión rentable.

El capital también tiene un costo

La cuenta muestra que el costo de esperar no está compuesto solamente por la alimentación o los gastos diarios del animal.

También hay que preguntarse qué podría hacer la empresa con ese capital si vendiera hoy.

El dinero podría utilizarse para reponer hacienda, incorporar otra categoría, afrontar una necesidad financiera o quedar disponible para otra oportunidad. No necesariamente tiene que existir una alternativa de inversión más rentable: lo importante es reconocer que mantener un animal también significa mantener capital inmovilizado.

Por eso, el análisis debería contemplar el peso actual, la evolución del animal, la ganancia diaria, los costos de alimentación y permanencia, la categoría, el precio esperado de venta y el costo de oportunidad del capital.

De los datos productivos al resultado económico

Uno de los problemas habituales en las empresas ganaderas es que la información existe, pero aparece fragmentada.

Las pesadas pueden estar registradas en un sistema, los costos en una planilla, los movimientos en otro lugar y los precios analizarse por separado. El productor conoce cada dato individualmente, pero no siempre cuenta con una visión integrada que le permita evaluar qué decisión genera mayor rentabilidad.

En un negocio donde los márgenes se construyen kilo a kilo y día a día, esa falta de integración puede tener un costo.

Por eso, además de saber cuánto pesa un animal o cuánto vale la hacienda hoy, resulta cada vez más importante poder responder preguntas concretas: ¿qué margen obtengo si vendo ahora? ¿Qué ocurre si lo retengo una semana más? ¿Cuánto me cuesta cada kilo adicional? ¿Conviene seguir engordándolo o destinar esos recursos a otra alternativa?

Para responderlas es necesario transformar los registros productivos en información económica.

Las pesadas periódicas permiten conocer la evolución real de los animales y calcular la ganancia diaria. Si esa información se cruza con alimentación, costos, movimientos, categorías y precios, es posible estimar márgenes y comparar distintos escenarios antes de decidir.

Esto adquiere todavía mayor importancia a medida que crece la escala de las empresas ganaderas. Manejar cientos o miles de animales vuelve cada vez más difícil tomar decisiones únicamente a partir de promedios generales o información dispersa.

La experiencia del productor sigue siendo fundamental, pero puede complementarse con datos capaces de mostrar diferencias entre lotes, categorías e incluso animales individuales.

Tecnología para medir cuándo conviene vender

En este escenario, las herramientas de gestión pueden ayudar a ordenar una cuenta que muchas veces queda incompleta.

Sistemas como Albor Campo permiten integrar información de pesadas, evolución de peso, movimientos, costos y categorías para llevar esos datos al análisis económico y productivo.

El objetivo no es registrar más información por el simple hecho de acumular datos, sino relacionarlos para responder preguntas concretas del negocio.

Ponerle un número al costo de esperar permite evaluar con mayor precisión cuándo conviene vender, cuándo tiene sentido retener un animal y cuándo es necesario modificar la estrategia de engorde.

Porque en ganadería no alcanza con saber cuánto vale un animal cuando sale del campo. También importa cuánto costó llevarlo hasta ese momento, cuánto cuesta mantenerlo y qué alternativas tiene ese capital mientras permanece inmovilizado.

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