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Detectan por primera vez en Entre Ríos una plaga que amenaza a la colza y la carinata


El hallazgo constituye el primer registro de daños provocados por una mosca minadora o barrenadora en estos cultivos dentro de la provincia. El antecedente de Uruguay y la expansión de las Brassicas encendieron una señal de alerta entre técnicos y productores.

Por primera vez, técnicos detectaron en Entre Ríos daños provocados por una mosca minadora o barrenadora en cultivos de colza (Brassica napus) y carinata (Brassica carinata). Hasta la presente campaña no existían registros de esta plaga afectando a ninguno de los dos cultivos en la provincia, por lo que el hallazgo abre un nuevo capítulo sanitario para la agricultura entrerriana.

La detección adquiere particular relevancia porque se produce mientras la colza y la carinata ganan espacio dentro de las rotaciones agrícolas, impulsadas por la demanda de aceites vegetales, biocombustibles y la búsqueda de alternativas productivas para el invierno.

El trabajo realizado por especialistas apunta a documentar la aparición del insecto y reunir información sobre su distribución, comportamiento y potencial impacto en las condiciones productivas locales.

Un antecedente que ya preocupa en Uruguay

El hallazgo entrerriano no aparece de manera aislada. En Uruguay, investigadores del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) identificaron la presencia de la mosca barrenadora del tallo de la colza (Phytomyza rufipes), considerada una plaga emergente de los cultivos del género Brassica.

La detección inicial en ese país ocurrió en 2023 y posteriormente comenzaron a registrarse nuevos casos en distintas zonas productoras. Frente a este escenario, el INIA puso en marcha un relevamiento nacional para determinar la distribución del insecto y evaluar sus efectos sobre los cultivos.

La especie pertenece a la familia Agromyzidae, cuyos insectos se caracterizan porque sus larvas se desarrollan dentro de los tejidos vegetales. En este caso, puede afectar distintas especies de crucíferas, entre ellas colza, carinata, nabo y variedades de coles.

El antecedente uruguayo adquiere especial importancia para Entre Ríos por la cercanía geográfica y por la similitud de los sistemas productivos en los que estos cultivos vienen expandiéndose.

Cómo provoca los daños

El ciclo comienza cuando la hembra deposita sus huevos en las hojas. Luego de la eclosión, las larvas comienzan a excavar galerías dentro del tejido vegetal, alimentándose mientras avanzan hacia las nervaduras y el pecíolo.

Cuando el ataque es más intenso, las larvas pueden continuar su desarrollo hacia el tallo, provocando el característico barrenado interno.

Los primeros síntomas pueden aparecer como minas o galerías serpenteantes en las hojas. Con el avance de la infestación pueden producirse debilitamiento de los tallos, pérdida prematura de hojas y reducción del vigor de las plantas.

En determinadas situaciones, especialmente cuando el ataque ocurre durante las primeras etapas del cultivo, también puede aumentar el riesgo de vuelco y pérdidas de rendimiento.

Los estudios realizados en Uruguay señalan que el momento de la infestación es determinante. Cuanto más jóvenes son las plantas cuando se produce el ataque, mayor puede ser el impacto sobre su desarrollo y, eventualmente, sobre la productividad final.

El monitoreo pasa a ser clave

Ante este primer registro en Entre Ríos, los especialistas remarcan la importancia de monitorear de manera sistemática los lotes para detectar tempranamente la presencia del insecto.

La identificación también resulta fundamental. Existen otros insectos minadores que pueden encontrarse en cultivos de Brassicas y no todos generan daños económicamente significativos ni requieren las mismas estrategias de manejo.

Por eso, el hallazgo no implica todavía dimensionar el impacto productivo de la plaga en la provincia. El desafío inmediato es determinar qué superficie está afectada, cómo se distribuye el insecto, en qué momentos del cultivo aparece y qué nivel de daño puede generar bajo las condiciones ambientales y productivas argentinas.

Una alerta para cultivos que buscan crecer

La aparición de Phytomyza rufipes suma un nuevo interrogante sanitario justo cuando la colza y la carinata buscan consolidarse como alternativas dentro de los sistemas agrícolas de invierno.

Ambos cultivos ofrecen oportunidades vinculadas con la diversificación de las rotaciones y la creciente demanda de materias primas para la industria alimentaria y energética. Pero esa expansión también puede favorecer la aparición y establecimiento de nuevas plagas.

Por ahora, el primer registro en Entre Ríos funciona principalmente como una señal de alerta y un llamado a intensificar la vigilancia. El monitoreo de los lotes, la identificación precisa del insecto y el intercambio de información con Uruguay serán determinantes para establecer si se trata de una presencia puntual o del comienzo de un problema sanitario con capacidad de extenderse.

Para una actividad que apuesta cada vez más por la colza y la carinata, conocer a tiempo el comportamiento de esta nueva amenaza puede resultar decisivo para evitar que una plaga emergente se transforme, más adelante, en un problema productivo de mayor escala.

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