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El INTA Impulsa Estrategias Para Recuperar Los Suelos De La Región Pampeana


Especialistas del INTA Paraná advirtieron sobre el deterioro que presentan los suelos de la región pampeana y propusieron un paquete tecnológico basado en rotaciones diversificadas de cultivos, sistematización de lotes y el uso de enmiendas orgánicas para mejorar la sustentabilidad de los sistemas productivos.

Los monitoreos realizados por el organismo muestran un escenario preocupante en planteos agrícolas continuos: pérdidas de hasta el 50 % del carbono orgánico del suelo, lixiviación de aproximadamente 120 kilogramos de nitrógeno por hectárea por año y un incremento cercano al 20 % en la densidad del suelo, factores que afectan su estructura y productividad.

"El suelo es un recurso estratégico. Si no medimos su estado y su dinámica, no podemos anticipar problemas ni ajustar el manejo", señaló Marcelo Wilson, coordinador del Proyecto Macrorregional del INTA sobre mitigación de externalidades.

Uno de los principales resultados proviene de investigaciones desarrolladas durante 17 años en Entre Ríos, donde más del 57 % del territorio presenta algún grado de erosión. Allí se comprobó que las rotaciones diversificadas, como la secuencia maíz-trigo/soja, reducen el escurrimiento superficial en un 40 %, disminuyendo considerablemente el riesgo de erosión.

La investigadora Mariela Seehaus destacó la importancia de mantener el suelo cubierto durante todo el año. Según explicó, el monocultivo de soja provoca pérdidas de alrededor de 2,2 toneladas de suelo por hectárea al año, mientras que la incorporación de trigo como cultivo invernal reduce esa cifra a la mitad. En sistemas aún más diversificados, las pérdidas descienden hasta apenas 0,3 toneladas por hectárea. Además, resaltó el papel de la siembra directa como una herramienta clave para la conservación del suelo.

Terrazas que reducen la erosión

El manejo físico del terreno también ofrece resultados muy positivos. En Entre Ríos, unas 600.000 hectáreas ya cuentan con terrazas de evacuación, una práctica que permitió reducir las pérdidas de suelo en un 54 %.

Los estudios del INTA también determinaron que los lotes sistematizados registran un incremento del 8,5 % en las reservas de carbono y un 13 % más de carbono orgánico respecto de aquellos que no cuentan con esta infraestructura.

Enmiendas orgánicas para recuperar la fertilidad

Otra de las tecnologías recomendadas es la aplicación de enmiendas orgánicas. Emmanuel Gabioud, técnico del INTA Paraná, explicó que la utilización de cama de pollo permitió aumentar cerca del 20 % el carbono orgánico del suelo en apenas dos años.

Además, esta práctica mejora la disponibilidad de fósforo, incrementa la porosidad y favorece una mayor infiltración del agua, contribuyendo a recuperar tanto la fertilidad química como la estructura física del suelo.

Un manejo integral para una producción sostenible

Los especialistas coinciden en que no existe una única solución. La clave está en combinar distintas prácticas de manejo y monitorear indicadores como el carbono orgánico, la estabilidad de los agregados y la capacidad de infiltración del agua para evaluar la salud del suelo antes de que el deterioro sea irreversible.

"El suelo es la base de todo nuestro sistema productivo. Su manejo actual define, sin lugar a dudas, nuestra sustentabilidad a largo plazo", concluyó Wilson.

El trabajo forma parte del Proyecto Macrorregional del INTA "Mitigación de externalidades de los sistemas productivos pampeanos", una iniciativa que busca generar conocimientos y tecnologías aplicables a toda la región pampeana. Si bien las investigaciones de largo plazo se desarrollaron en Entre Ríos, los especialistas destacan que los resultados son extrapolables a gran parte de la región, donde los procesos de degradación del suelo representan uno de los principales desafíos para la producción agropecuaria sostenible.

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