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Carlos Almirotty: “El futuro del algodón dependerá de que Argentina sostenga un rumbo productivo”


Con una historia familiar ligada al algodón desde la década de 1930, Carlos Almirotty, dirigente de la Cámara Algodonera Argentina, repasó la evolución del cultivo, los profundos cambios tecnológicos del sector y los desafíos que enfrenta la cadena algodonera en un contexto de mayor apertura comercial.

Almirotty recordó que su vínculo con la actividad comenzó con su abuelo, ingeniero agrónomo, quien llegó al Chaco en la década del 30 para trabajar en el entonces Ministerio de Agricultura. Tras dejar la función pública, fundó una corredora de algodón que luego continuaron su padre y otros integrantes de la familia.

“Mi viejo nació en Sáenz Peña y desde muy chico vengo recorriendo esta zona. Antes había una enorme red de cooperativas; en cada pueblo había una o dos, y en Sáenz Peña llegaron a funcionar tres cooperativas algodoneras. Crecí jugando entre bolsas de semillas”, recordó.

Actualmente, la tradición familiar continúa con la incorporación de una nueva generación. “Ahora me acompaña mi hijo, así que hay historia para rato”, afirmó.

Del cultivo social a la agricultura de alta tecnología

Al comparar el pasado con el presente, Almirotty explicó que el algodón dejó de ser un cultivo eminentemente social para convertirse en una actividad altamente tecnificada.

“Antes existían cientos de miles de pequeños productores que cosechaban manualmente. Era un cultivo regional con un enorme impacto social. Hoy, como sucede con la soja o el maíz, trabajamos con cosechadoras de última generación y una tecnología completamente distinta. La cosecha manual desapareció y también desaparecieron aquellas cooperativas.”

La evolución de las exportaciones

Respecto del mercado, señaló que históricamente la industria textil argentina absorbía buena parte de la producción nacional, aunque las exportaciones comenzaron a consolidarse en la década de 1970.

Sin embargo, destacó que el gran problema siempre fue la falta de continuidad.

“Había años con saldo exportable y otros en los que prácticamente desaparecíamos del mercado. Eso impedía consolidarnos como un proveedor confiable. El comprador internacional necesita saber que todos los años va a disponer del mismo origen para abastecer su industria.”

Recordó que durante la campaña 1995/96 Argentina exportó alrededor de 400.000 toneladas de fibra, principalmente hacia Brasil.

“En aquel momento Brasil era nuestro principal cliente. Hoy la realidad cambió completamente: hace pocos años desplazó a Estados Unidos como principal exportador mundial de algodón.”

La crisis de comienzos de los 2000

Almirotty también recordó el fuerte retroceso que sufrió la actividad a comienzos del siglo XXI.

“La producción cayó hasta unas 70.000 toneladas de fibra en 2002, cuando pocos años antes habíamos superado el millón y medio de toneladas. Fue un golpe muy duro.”

Explicó que uno de los cambios más importantes fue el abandono del monocultivo.

“Hasta fines del siglo pasado el productor era cien por ciento algodonero. Cuando al algodón le iba mal, todo el sistema explotaba. Con la llegada de la soja RR, la siembra directa y la rotación de cultivos, el productor diversificó su actividad, cuidó más los suelos y dejó de depender exclusivamente del algodón.”

Un nuevo escenario para la industria textil

Consultado sobre el contexto actual, sostuvo que la apertura económica obliga a toda la cadena a ganar competitividad.

“Si Argentina decide insertarse definitivamente en el mundo, nuestra industria textil ya no podrá vivir únicamente del mercado interno. Tendrá que exportar para seguir creciendo.”

Reconoció que muchas empresas quedaron en el camino, pero aseguró que las más sólidas lograron adaptarse.

“Las empresas que sobrevivieron salieron a exportar hilados y les está yendo bien. Hoy el principal destino de esos hilados es Brasil, donde encontramos un nicho competitivo gracias a la buena relación entre calidad y precio de nuestro producto.”

Competir para seguir creciendo

Finalmente, Almirotty evitó hacer pronósticos sobre el futuro del cultivo, aunque dejó una definición clara sobre el camino que debería seguir el país.

“El algodón competirá con el trigo, el maíz, la soja o el girasol. Si es rentable, el productor lo elegirá. Para eso debemos ser competitivos en calidad, rendimiento y precio.”

Y concluyó:

“Lo que vea la próxima generación dependerá de que Argentina logre sostener políticas estables y un proyecto productivo de largo plazo. Ese ha sido siempre nuestro gran desafío.”

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