
Argentina dejó de ocupar el primer lugar mundial en capacidad instalada para procesar soja, un liderazgo que mantuvo durante quince años gracias al desarrollo del complejo agroindustrial del Gran Rosario.
El crecimiento de Brasil y Estados Unidos, impulsado por la expansión de los biocombustibles y una mayor disponibilidad de materia prima, modificó el mapa global de la industria.
El proceso de expansión argentina comenzó a fines de la década de 1970 con el crecimiento del cultivo de soja y se consolidó entre fines de los años noventa y principios de los 2000. La desregulación portuaria mediante la Ley 24.093 y la puesta en marcha de la Hidrovía Paraguay-Paraná permitieron fortalecer la competitividad exportadora y atraer importantes inversiones en plantas de molienda.
Como resultado, en 2011 Argentina alcanzó la mayor capacidad instalada de procesamiento de soja del mundo, superando a Estados Unidos y Brasil. Sin embargo, esa infraestructura operó, en promedio, al 60% de su capacidad debido a una oferta insuficiente de soja y a un contexto de elevada carga tributaria que desincentivó la producción.
La capacidad teórica de procesamiento llegó a un máximo de poco más de 68 millones de toneladas anuales en 2020, pero desde entonces dejó de crecer. En contraste, Estados Unidos y Brasil continuaron expandiendo su industria a tasas promedio del 4% y 1,9% anual, respectivamente. Como consecuencia, Argentina fue superada por Estados Unidos en 2024 y por Brasil en 2025, quedando relegada al tercer lugar entre los principales exportadores del complejo sojero.
Un mercado impulsado por los biocombustibles
El principal cambio estructural del mercado mundial es el creciente uso del aceite de soja para la producción de biocombustibles. Si durante décadas la demanda estuvo impulsada principalmente por el crecimiento del consumo mundial de carnes, actualmente los programas de sustitución de combustibles fósiles se convirtieron en el principal motor de expansión.
Estados Unidos procesa hoy más de 70 millones de toneladas de soja y Brasil supera las 60 millones. Una parte cada vez mayor del aceite obtenido se destina a la elaboración de biodiésel y otros usos industriales. Actualmente, el aceite de soja representa cerca del 30% de las materias primas utilizadas para producir biodiésel a nivel mundial, con Brasil y Estados Unidos concentrando alrededor del 80% del consumo industrial de este producto.
Al mismo tiempo, Brasil multiplicó por seis su producción de soja en las últimas dos décadas y media, alcanzando un récord cercano a 180 millones de toneladas, mientras que Estados Unidos produce alrededor de 116 millones de toneladas y proyecta seguir creciendo.
Argentina quedó al margen del crecimiento industrial
Durante la última década, la molienda mundial de soja aumentó cerca de 95 millones de toneladas. Brasil, Estados Unidos y China explican el 72% de ese crecimiento, mientras que Argentina no solo no expandió su procesamiento, sino que registró una leve disminución.
El incremento de la producción en Brasil y Estados Unidos permitió abastecer tanto a China como a numerosos países que optaron por desarrollar su propia industria aceitera, reduciendo así la demanda internacional de productos industrializados argentinos.
Perspectivas hacia 2030
Las proyecciones indican que la demanda de aceites vegetales continuará creciendo como consecuencia de los programas de biocombustibles.
Según estimaciones:
- Estados Unidos podría procesar entre 77 y 83 millones de toneladas de soja hacia 2030.
- Brasil alcanzaría alrededor de 82 millones de toneladas.
- Argentina, manteniendo las condiciones actuales, llegaría a unas 46,5 millones de toneladas.
En un escenario sin derechos de exportación, las estimaciones indican que la molienda argentina podría alcanzar las 54 millones de toneladas hacia 2030, un incremento cercano al 23% respecto de los niveles actuales.
Además, existen anuncios de inversiones privadas por aproximadamente USD 1.000 millones para ampliar la capacidad de procesamiento en Buenos Aires y Santa Fe. Los nuevos proyectos sumarían unas 22.000 toneladas diarias de molienda, equivalentes a 7,2 millones de toneladas anuales, lo que abre la posibilidad de una nueva etapa de crecimiento para la industria aceitera argentina si las condiciones económicas y regulatorias acompañan.