
Mientras la producción de leche continúa creciendo en Argentina, la cantidad de tambos sigue disminuyendo. En el último año desaparecieron 226 establecimientos, aunque el volumen producido aumentó gracias a una mayor escala y productividad de las explotaciones más grandes, consolidando un proceso de concentración que también se refleja en la provincia de Buenos Aires.
La actividad lechera argentina atraviesa una realidad que combina crecimiento productivo con una sostenida reducción de establecimientos. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), durante mayo de 2026 la producción nacional alcanzó los 915,5 millones de litros de leche, un 2% más que en igual mes del año pasado.
Sin embargo, detrás de ese incremento se profundiza una tendencia que preocupa al sector: cada vez hay menos tambos. En mayo se registraron 8.813 establecimientos operativos en todo el país, un 2,5% menos que un año atrás. Esto implica la desaparición de 226 tambos en apenas doce meses.
La provincia de Buenos Aires no escapa a esta dinámica. En el mismo período, la cantidad de tambos pasó de 1.760 a 1.739 unidades productivas, con una pérdida de 21 establecimientos.
Pese a esta reducción, la producción continúa creciendo gracias al aumento de la escala de los tambos que permanecen en actividad. Mientras el número de vacas en ordeñe cayó apenas 0,25% interanual, la cantidad promedio de animales por establecimiento aumentó de 173 a 177 cabezas, reflejando una mayor concentración de la actividad.
Los registros históricos del OCLA muestran la magnitud de esta transformación. En 2010, los tambos que producían menos de 2.000 litros diarios representaban el 60% de los establecimientos y aportaban el 27% de la producción nacional. Actualmente siguen siendo mayoría, pero su participación en el volumen total cayó al 15,4%, evidenciando el avance de los sistemas de mayor escala.
Buenos Aires, una pieza clave
La provincia continúa siendo uno de los principales polos lecheros del país, concentrando cerca del 20% de los tambos argentinos y destacándose por sus elevados niveles de productividad.
Dentro del territorio bonaerense sobresale la cuenca Mar y Sierras, integrada por distritos como Tandil, Azul, Balcarce y Necochea. Allí se registró en mayo una producción promedio de 6.055 litros diarios por tambo, muy por encima de los 3.162 litros del promedio nacional. También se destaca la cuenca Oeste, que comprende zonas de Trenque Lauquen, Pehuajó y Bolívar, con una producción promedio de 4.293 litros diarios.
Los desafíos de los pequeños productores
La desaparición de tambos responde a múltiples factores. Los elevados costos operativos, la presión financiera y la caída de la rentabilidad afectan especialmente a los establecimientos de menor escala, que encuentran mayores dificultades para sostenerse en actividad.
El director ejecutivo del OCLA, Jorge Giraudo, sostuvo que la concentración productiva es una tendencia global que probablemente continúe acelerándose, especialmente frente a escenarios económicos o climáticos adversos. Según explicó, los establecimientos de mayor tamaño cuentan con más herramientas para afrontar eventos extremos mediante sistemas intensivos que permiten mejorar la alimentación, el bienestar animal y la eficiencia productiva.
Por su parte, el productor y referente de CREA Jorge Olmedo consideró que los tambos familiares aún tienen posibilidades de competir si incorporan tecnología y una gestión eficiente. No obstante, advirtió que la actividad atraviesa una coyuntura complicada: “En términos reales, la facturación está alrededor de un 10% por debajo del año pasado y estamos viviendo una crisis con quebrantos a nivel del negocio”.
Así, la lechería argentina continúa aumentando su producción, pero lo hace con menos actores y una creciente concentración en establecimientos de mayor escala, un proceso que redefine el mapa productivo del sector.