
Un análisis elaborado por Julián Morosi, consultor de fyo, advierte que los recientes cambios en la política de biocombustibles de Estados Unidos están generando profundas transformaciones en la dinámica global del complejo sojero, especialmente en el mercado del aceite de soja.
A medida que finaliza el primer semestre de 2026, los mercados internacionales atraviesan un período de alta volatilidad impulsado por diversos factores geopolíticos. El conflicto en Oriente Medio elevó significativamente las fluctuaciones de precios y aumentó los costos logísticos asociados al transporte de materias primas. Sin embargo, uno de los productos que ya mostraba una tendencia alcista antes de la escalada del conflicto era el aceite de soja, que durante enero y los primeros días de febrero acumulaba una suba cercana al 13%.
Según Morosi, este comportamiento responde en gran medida a la nueva política estadounidense de promoción de biocombustibles, sustentada en dos herramientas regulatorias fundamentales: la Norma de Combustibles Renovables (RFS) administrada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el Crédito Fiscal 45Z, incorporado a través de la Ley de Reducción de la Inflación.
Cambios históricos en la política energética
La EPA estableció para 2026 y 2027 los mayores volúmenes obligatorios de mezcla de biocombustibles de la historia del país. La medida implica un incremento superior al 60% en la producción de diésel renovable y biodiésel respecto de los niveles registrados en 2025.
A su vez, el Crédito Fiscal 45Z reemplazó los antiguos subsidios fijos por un esquema basado en la reducción de la intensidad de carbono durante todo el ciclo de vida del combustible. El beneficio puede alcanzar hasta un dólar por galón para los productores que logren cumplir con los parámetros ambientales exigidos.
Uno de los aspectos más relevantes de la nueva normativa es la restricción geográfica para las materias primas elegibles. Desde 2026, solamente podrán acceder al beneficio fiscal los insumos producidos en Estados Unidos, Canadá o México, dejando fuera del sistema de incentivos a las materias primas provenientes de otras regiones del mundo.
Impacto directo sobre el aceite de soja
La consecuencia más inmediata de estas políticas es el fuerte aumento de la demanda interna de aceite de soja en Estados Unidos. Las proyecciones indican que más de la mitad de toda la producción nacional será absorbida por la industria de biocombustibles, reduciendo considerablemente la disponibilidad para exportación.
Esta situación ha generado una importante valorización del aceite de soja estadounidense, que actualmente mantiene una prima significativa respecto de los valores observados en Sudamérica. Incluso, el producto llegó a superar en precio al aceite de girasol, una situación poco frecuente en los mercados internacionales.
Paralelamente, Estados Unidos dejó de desempeñar el rol de gran exportador de aceite de soja para destinar gran parte de su producción al mercado doméstico. Como resultado, las exportaciones del complejo sojero norteamericano se ubicaron en niveles históricamente bajos.
No obstante, persisten algunos factores que moderan el impacto alcista sobre los precios. Las normas vigentes permiten que ciertos insumos extranjeros continúen participando en el sistema de créditos regulatorios (RINs) hasta 2028. Entre ellos se destaca el aceite de colza canadiense, que pese a enfrentar aranceles sigue ingresando al mercado estadounidense y compitiendo con el aceite de soja.
Incertidumbres y perspectivas
El especialista señala que todavía quedan aspectos regulatorios por definirse. Entre ellos, la posibilidad de establecer exenciones para pequeñas refinerías y, especialmente, la metodología que se utilizará para valorar los créditos fiscales vinculados a la huella de carbono.
Si el esquema de evaluación resulta más exigente en términos ambientales, los créditos podrían mantenerse en niveles elevados o incluso aumentar. En cambio, una normativa menos estricta podría reducir su valor y modificar los incentivos actuales para la producción de biocombustibles.
Una oportunidad para Argentina
Más allá de las incertidumbres, el nuevo escenario ya está reconfigurando el equilibrio global entre oferta y demanda de aceites vegetales. La creciente utilización de aceite de soja en Estados Unidos, sumada a políticas similares que comienzan a implementarse en otros países, genera una nueva dinámica para el comercio internacional.
En este contexto, Argentina aparece como uno de los principales beneficiarios potenciales. Como líder mundial en exportación de aceite y subproductos de soja, el país podría aprovechar tanto los mejores precios internacionales como la posibilidad de abastecer mercados que anteriormente dependían de la oferta estadounidense.
De esta manera, la transición energética impulsada por los biocombustibles no solo está transformando la matriz productiva de Estados Unidos, sino que también abre nuevas perspectivas para la agroindustria argentina en uno de los mercados más estratégicos del comercio mundial.