
Tras varios ciclos marcados por sequías, excesos hídricos y fuertes oscilaciones productivas, la campaña agrícola 2025/26 se perfila como un punto de inflexión para el agro argentino. }
Las proyecciones anticipan un escenario de recuperación significativa tanto en términos de volumen productivo como de exportaciones, con impacto directo en el ingreso de divisas y en la recaudación fiscal vinculada al sector.
Fuerte recuperación de la producción
Las estimaciones ubican la producción total de granos en torno a las 160 millones de toneladas, un nivel que consolidaría uno de los mejores desempeños productivos de los últimos años. Este repunte se explica en gran medida por condiciones climáticas más favorables y por la recomposición tecnológica aplicada por los productores luego de campañas atravesadas por limitaciones climáticas.
En este contexto, la cosecha fina mostró resultados particularmente destacados.
El trigo alcanzaría un récord histórico de 29,5 millones de toneladas, impulsado por una combinación de mayor superficie sembrada, buenos rindes en las principales regiones productivas y un clima favorable durante etapas críticas del cultivo. A su vez, la cebada también logró cifras muy positivas, con una producción estimada en 5,6 millones de toneladas, consolidando su rol creciente dentro de la rotación agrícola y en el esquema exportador argentino.
Por su parte, las proyecciones para la cosecha gruesa también reflejan un panorama altamente favorable. El maíz se encamina a una producción estimada en 62 millones de toneladas, lo que marcaría un máximo histórico para este cultivo. Este crecimiento responde tanto a los buenos rendimientos proyectados como a la estabilidad relativa del área sembrada, además del rol cada vez más relevante del cereal dentro del esquema productivo argentino.
El girasol, en tanto, podría registrar la cosecha más alta del siglo, con un volumen cercano a 6,6 millones de toneladas. Este cultivo viene ganando protagonismo en varias regiones productivas debido a su buena adaptación a condiciones climáticas variables y a los atractivos precios internacionales de sus derivados.
La soja, principal complejo exportador del país, presentaría una producción estimada en 48 millones de toneladas. Si bien este volumen se ubica por debajo de algunos registros históricos, la reducción responde principalmente a una menor superficie sembrada, ya que los rendimientos proyectados serían superiores a los de la campaña anterior. Este comportamiento refleja el avance de tecnologías productivas y mejores condiciones agronómicas respecto de años recientes.
Impacto en las exportaciones
El incremento en la oferta de granos y subproductos tendría su correlato directo en el frente externo. Las estimaciones indican que las exportaciones de granos y derivados podrían alcanzar las 113 millones de toneladas, un volumen sin precedentes para la Argentina.
De concretarse este escenario, se superaría en aproximadamente 10 millones de toneladas el récord previo registrado en la campaña 2018/19, impulsado principalmente por un fuerte crecimiento en los despachos de granos sin procesar, especialmente maíz, trigo y girasol.
Este desempeño exportador reforzaría el papel estratégico del sector agroindustrial como principal generador de divisas del país.
Ingreso de divisas del agro
Considerando los precios internacionales vigentes para los distintos productos y los volúmenes proyectados de exportación, se estima que el ingreso de divisas del sector agroindustrial en el Mercado Libre de Cambios (MLC) podría alcanzar US$ 34.530 millones durante 2026.
Este monto sería muy similar al registrado en 2025, cuando el sector de cereales y oleaginosas aportó aproximadamente US$ 34.600 millones, según datos del Banco Central de la República Argentina.
Sin embargo, si se tiene en cuenta el funcionamiento del denominado “dólar blend” durante los primeros meses de 2025 —un mecanismo que permitía liquidar el 20% de las exportaciones al tipo de cambio contado con liquidación (CCL)— el ingreso total de divisas contemplando ambos mercados habría alcanzado cerca de US$ 36.160 millones.
Evolución de los precios internacionales
Desde el punto de vista de los precios, el escenario actual muestra dinámicas diferentes según el tipo de producto.
Por un lado, se observa una leve mejora en los precios promedio de exportación de las oleaginosas y sus derivados industriales, especialmente en el complejo soja y en el aceite de girasol. En contraste, los cereales presentan cotizaciones internacionales algo más bajas, lo que limita parcialmente el impacto positivo del mayor volumen exportado.
Este comportamiento de precios explica por qué, a pesar del fuerte crecimiento en la producción y en las exportaciones físicas, el ingreso total de divisas proyectado se mantiene relativamente estable en comparación con el año anterior.
Efectos del adelantamiento de exportaciones
Otro factor relevante que incide en las comparaciones interanuales es el adelantamiento de liquidaciones registrado en septiembre de 2025, cuando estuvo vigente una eliminación temporaria de los Derechos de Exportación (DEX).
Durante ese período, numerosos exportadores registraron ventas al exterior anticipadamente para aprovechar la exención impositiva, lo que generó un adelantamiento de ingresos de divisas.
Como consecuencia de este fenómeno, el último trimestre de 2025 registró niveles de liquidación muy bajos, incluso los menores desde 2005 para ese período, ya que gran parte de las operaciones se habían declarado previamente.
Las expectativas del mercado indican que, a partir de marzo, con el avance de la cosecha gruesa, esta tendencia comenzará a revertirse. Se proyecta que la liquidación mensual de divisas del agro durante la mayor parte de 2026 se ubique por encima del promedio registrado en los últimos cinco años.
Recaudación por derechos de exportación
En materia fiscal, las proyecciones indican que la recaudación por Derechos de Exportación (DEX) vinculada a los seis principales complejos agrícolas —soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol— alcanzaría aproximadamente US$ 4.650 millones durante 2026.
Este nivel sería prácticamente similar al del año anterior, ya que la reciente reducción de alícuotas para algunos productos del agro compensaría el efecto generado por el adelantamiento de exportaciones registrado en 2025.
Las estimaciones parten del supuesto de que las alícuotas anunciadas a comienzos de diciembre se mantendrán vigentes durante todo el año, lo que permitiría estabilizar el aporte fiscal del sector.
Aporte por complejo productivo
Analizando el aporte fiscal por cadena productiva, el complejo soja continuará siendo el principal contribuyente, con una recaudación estimada en US$ 3.420 millones, aunque representaría una leve caída interanual del 6%.
En segundo lugar se ubicaría el complejo maíz, con un aporte cercano a US$ 720 millones, lo que implicaría un incremento interanual del 30%, impulsado por el crecimiento en los volúmenes exportados.
El trigo aportaría aproximadamente US$ 300 millones, reflejando un aumento cercano al 21% respecto del año previo, en línea con el récord productivo proyectado para el cereal.
Finalmente, el complejo girasol mostraría uno de los mayores crecimientos relativos. Gracias al aumento del volumen exportado y a mejores precios internacionales, se estima que generaría US$ 115 millones en derechos de exportación, lo que representaría un incremento interanual cercano al 60%.
Un año clave para el agro y la economía
En síntesis, la campaña 2025/26 aparece como una oportunidad de recuperación para el agro argentino, con una combinación de altos volúmenes productivos, exportaciones récord y un flujo de divisas robusto.
Si bien los precios internacionales moderan parcialmente el impacto económico del aumento en la producción, el sector seguirá desempeñando un rol central en la generación de divisas, el equilibrio macroeconómico y la recaudación fiscal del país, consolidándose nuevamente como uno de los principales motores de la economía argentina.