
El informe de febrero de la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca del Oeste (Caprolecoba) traza un diagnóstico complejo pero con señales incipientes de cambio para la actividad lechera.
Si bien persisten problemas estructurales —como la caída real del precio al productor, la elevada presión financiera y un contexto macroeconómico restrictivo—, la entidad advierte que el escenario comenzó a mostrar ciertos ajustes que podrían abrir una etapa distinta en el corto plazo.
Mercado interno: menos sobreoferta y stocks ajustados
Uno de los puntos centrales del informe es la reducción significativa de la sobreoferta en el mercado interno desde fines de 2025. Este fenómeno se explica principalmente por dos factores combinados: la caída estacional de la producción de leche y un mayor dinamismo de las exportaciones. Como resultado, el excedente que presionaba los precios domésticos comenzó a achicarse.
En paralelo, el consumo interno mostró una actitud defensiva: no convalidó nuevas subas de precios, pero tampoco registró un desplome marcado en las ventas. Esto permitió que los stocks de las pymes queseras descendieran hasta niveles considerados “técnicos”, es decir, mínimos operativos necesarios para el normal funcionamiento de las plantas. Este ajuste de inventarios mejora la posición negociadora de algunos eslabones de la cadena, aunque todavía no se traduce plenamente en mejores precios para el productor primario.
Las grandes industrias exportadoras, que cuentan con mayor espalda financiera y diversificación de mercados, lograron atravesar con mayor solidez el actual rigor macroeconómico. En contraste, Caprolecoba advierte que aquellas empresas que ya venían con dificultades previas —alto endeudamiento, baja eficiencia o escasa escala— estarían directamente abandonando la actividad, profundizando un proceso de concentración sectorial.
Precio al productor y presión financiera
El informe técnico elaborado por Daniel Villulla subraya que la rentabilidad del productor sigue seriamente comprometida. La combinación de una baja real del precio de la leche, costos crecientes y tasas de interés elevadas “asfixia” a toda la cadena. El financiamiento se volvió caro y escaso, limitando la capacidad de inversión, reposición de capital de trabajo y adopción tecnológica en los tambos.
Sin embargo, el documento introduce un matiz relevante: sostiene que una recuperación del precio al productor “no parece una utopía”. La menor sobreoferta, junto con una eventual mejora del frente externo, podría generar condiciones para recomponer márgenes, al menos parcialmente, en el corto plazo.
“Movidas de magnitud” y proyección internacional
Uno de los aspectos más estratégicos del informe es la referencia a “movidas de gran magnitud en curso” que podrían modificar de manera profunda el contexto del negocio lechero argentino. Si bien no se detallan explícitamente, la Cámara las vincula con una mayor integración al mercado mundial, cambios en los flujos comerciales y oportunidades derivadas de una demanda global insatisfecha.
Caprolecoba remarca que, aun frente a eventuales medidas proteccionistas, el comercio internacional de alimentos no se detiene. Cuando existe demanda, el mercado encuentra proveedores. En ese marco, la lechería argentina enfrenta el desafío de mejorar su eficiencia, ganar escala y aumentar su competitividad para sostener y ampliar su inserción internacional. Esto implica no solo mejoras productivas, sino también estabilidad macroeconómica, reglas claras y políticas que acompañen la inversión.
Producción: datos recientes y tendencias
En términos productivos, enero cerró con una extracción de 966 millones de litros de leche. Si bien esto representó una caída del 7,6% respecto de diciembre —menor al promedio histórico de los últimos cinco años (9,6%)—, el dato interanual fue positivo: 9,7% más en volumen y 11,3% más en sólidos respecto de enero de 2025. Esto sugiere una mejora en la eficiencia productiva y en la calidad de la materia prima.
A nivel global, se proyecta otro año de crecimiento en la producción lechera, aunque a un ritmo más moderado que el observado en 2025. Este contexto internacional podría influir tanto en los precios como en la competencia entre países exportadores.
En la cuenca oeste de la provincia de Buenos Aires, la oferta forrajera se vio condicionada por un déficit hídrico, lo que obligó a incrementar el uso de raciones. Las relaciones de precios se ubicaron en 1,90 para leche/maíz y 1,03 para leche/soja, indicadores clave para evaluar el costo de alimentación y la sostenibilidad de los sistemas productivos.
Clima: un factor de atención permanente
Desde el punto de vista climático, el verano presentó temperaturas mayormente tolerables, pero con lluvias escasas e irregulares que redujeron la humedad en los perfiles del suelo. Hubo algunas mejoras superficiales y localizadas a comienzos de febrero, aunque insuficientes para revertir el déficit acumulado.
El pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional para el trimestre febrero-marzo-abril anticipa precipitaciones normales o inferiores a lo normal y temperaturas algo superiores a las habituales. El fenómeno ENSO se mantiene en fase neutral, con la posibilidad de un evento El Niño hacia el otoño, lo que podría modificar el escenario hídrico y productivo en los próximos meses.