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Fórmula Sobre La Siembra De Alfalfa.


El 70% del éxito de una pastura se define en la planificación y la siembra. Una mala implantación no solo reduce la productividad, sino que también implica pérdidas económicas difíciles de revertir.

La alfalfa es el cultivo forrajero más relevante de los sistemas ganaderos y lecheros intensivos de la Argentina, debido a su alto valor nutricional, su capacidad de fijar nitrógeno y una demanda en crecimiento, tanto en el mercado interno como en la exportación de heno.

Sin embargo, su desempeño productivo y económico se define en gran medida antes de que el cultivo emerja. Con 3,4 millones de hectáreas implantadas, la Argentina se posiciona entre los principales países productores de alfalfa a nivel mundial.

Según destacaron los ingenieros agrónomos Miguel Fornis, Juan Lus, Ariel Odorizzi, Daniel Basigalup y Fernando Scaramuzza, en una recopilación realizada por TodoAlfalfa, una implantación deficiente compromete la persistencia y el rendimiento del cultivo, generando costos difíciles de recuperar.
“El problema de la generación de plantas es la siembra; allí se define la mayor parte del éxito o fracaso del cultivo”, resumió Juan Lus.

Momento de siembra y elección del lote

En la región pampeana, la fecha óptima de siembra se ubica a comienzos de otoño (marzo–abril), cuando las condiciones de temperatura y humedad favorecen la emergencia y existe menor competencia de malezas. Además, este momento permite un adecuado desarrollo radicular previo al invierno. En contraste, las siembras tardías de primavera incrementan el riesgo de estrés térmico e hídrico.

La elección del lote y del cultivo antecesor resulta determinante. Los mejores resultados se obtienen con antecesores que liberan tempranamente el lote y dejan escaso rastrojo, como moha para heno o girasol. En cambio, maíz y sorgo para grano, así como pasturas degradadas, son los menos recomendados.

Semilla, suelo y precisión en la implantación

El uso de semilla fiscalizada, correctamente inoculada y curada, es indispensable. El objetivo es lograr un stand de 250 a 350 plantas por metro cuadrado, respetando una profundidad de siembra crítica de 0,5 a 1,5 cm y un espaciamiento entre hileras que idealmente se ubique entre 12 y 17,5 cm.

El suelo debe ser profundo, bien drenado y con un pH cercano a la neutralidad. El fósforo suele ser el principal nutriente limitante, y la alfalfa también presenta sensibilidad a deficiencias de azufre y boro. Los análisis de suelo y el uso de tecnologías de diagnóstico de precisión permiten ajustar las decisiones de fertilización de manera más eficiente.

Maquinaria y manejo inicial

La correcta calibración de la sembradora y una velocidad de trabajo no superior a 5–6 km/h son determinantes para lograr una implantación uniforme. A esto se suman las tecnologías 4.0, como drones y plataformas digitales, que facilitan el monitoreo del stand y la evaluación objetiva de la siembra.

El manejo posterior a la siembra también resulta decisivo: el control temprano de malezas y plagas, la evaluación del cultivo a los 20–30 días, y la realización de un primer corte oportuno —cuando la planta presenta 2 a 3 nudos basales— son claves para asegurar la persistencia y productividad de la pastura.

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