Escúchanos en vivo ▶️ Radio Cadenanet

La producción porcina crece, pero advierten que la falta de inversiones limita su expansión


El aumento de la eficiencia productiva impulsa la actividad en Argentina, aunque las dificultades para acceder a financiamiento y la carga impositiva frenan nuevos proyectos. Agustín Tocagni, de la empresa Ingacot, señaló que existen oportunidades de crecimiento, pero advirtió que todavía no están dadas las condiciones necesarias para invertir.

La producción porcina argentina continúa creciendo, impulsada por una mayor eficiencia en los establecimientos y por el aprovechamiento de los granos para generar valor agregado. Sin embargo, ese avance no está acompañado por una expansión significativa de la capacidad productiva, debido a las dificultades económicas y financieras que enfrenta el sector.

Así lo planteó Agustín Tocagni, integrante de Ingacot, una empresa familiar dedicada a la producción porcina que desarrolla su actividad en San Carlos de Bolívar. Según explicó, el incremento de la producción y de la faena responde principalmente a mejoras en la productividad de las granjas existentes, mientras que las inversiones destinadas a ampliar las instalaciones permanecen prácticamente paralizadas.

“Hoy las inversiones están paradas, no se están concretando nuevos desembolsos en incrementar la capacidad de producción porque no hay un contexto sectorial que posibilite la inversión, no se dan las condiciones necesarias”, sostuvo el empresario.

De acuerdo con los datos mencionados por Tocagni, la faena porcina registra un crecimiento del 11% durante 2026. Este desempeño se explica, en buena medida, por una utilización más eficiente de los recursos y por una relación favorable entre el precio de los granos y el valor de la carne.

En ese sentido, destacó que la actividad logró mejorar sus resultados gracias a las condiciones que presentaron insumos como el maíz y la soja. De esta manera, el crecimiento no estaría vinculado a valores elevados de la carne, sino a una estructura de costos que permitió mejorar el aprovechamiento de las materias primas.

La carga impositiva y el financiamiento, entre los principales obstáculos

Uno de los problemas señalados por Tocagni está relacionado con el impacto del Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre las inversiones. Mientras que la carne porcina tributa una alícuota del 10,5%, la compra de instalaciones y equipamiento puede afrontar un IVA promedio cercano al 18%.

Esta diferencia genera saldos técnicos que las empresas tardan años en recuperar, inmovilizando recursos que podrían destinarse a ampliar la producción, incorporar tecnología o mejorar la infraestructura.

El empresario estimó que los saldos de IVA acumulados por el sector a partir de las inversiones superan los 20.000 millones de pesos, una situación que representa una dificultad adicional para quienes buscan incrementar su capacidad productiva.

A ese escenario se suma la falta de líneas de crédito de largo plazo. Tocagni cuestionó que las alternativas de financiamiento disponibles sean principalmente de corto plazo y estén denominadas en dólares, mientras que las empresas compran granos a valores vinculados con esa moneda y comercializan su producción en pesos.

Como referencia, mencionó que en países como Estados Unidos y Brasil existen esquemas de financiamiento para este tipo de actividades con plazos de al menos cinco años y períodos de gracia de un año. Según su planteo, contar con herramientas similares permitiría planificar inversiones de mayor escala y acompañar el desarrollo de la producción.

Más productividad, pero sin una expansión equivalente

La mejora de la eficiencia constituye uno de los principales motores del crecimiento actual. Según explicó Tocagni, establecimientos que anteriormente producían alrededor de 3.000 kilos por madre al año están alcanzando niveles cercanos a los 4.000 kilos.

Este avance permite obtener más carne con las estructuras existentes, aunque no resuelve la necesidad de incorporar nuevas instalaciones para acompañar el potencial del negocio.

En el caso de Ingacot, la empresa cuenta actualmente con 6.000 madres en producción en San Carlos de Bolívar y proyecta alcanzar las 8.500 en los próximos tres años.

Sin embargo, concretar esa ampliación dependerá de que mejoren las condiciones económicas y financieras. La incorporación de 2.500 madres adicionales demandaría una inversión cercana a los 20 millones de dólares, una cifra que refleja la magnitud del capital necesario para desarrollar establecimientos porcinos de escala.

Tocagni explicó que poner una madre en producción requiere una inversión aproximada de 7.000 dólares, considerando los recursos necesarios para desarrollar la infraestructura y la capacidad productiva.

Rentabilidad más ajustada por el aumento de los costos

Aunque la actividad todavía presenta resultados positivos, el panorama comenzó a mostrar mayores dificultades por el incremento de los costos de alimentación.

El empresario señaló que el precio del capón ronda los 2.370 pesos por kilo producido y advirtió sobre las subas registradas en insumos como el maíz, el expeller y la harina de soja.

En ese contexto, la rentabilidad se redujo y obliga a los productores a prestar especial atención a la eficiencia y al control de los costos para sostener los resultados económicos.

La evolución de estos valores será determinante para las decisiones de inversión, especialmente en un negocio que requiere desembolsos elevados y plazos prolongados para recuperar el capital.

El valor agregado y las exportaciones, oportunidades para el interior

Más allá de las dificultades, Tocagni consideró que la producción porcina conserva un importante potencial de crecimiento y puede desempeñar un papel estratégico en las economías regionales.

La transformación de maíz y soja en proteína animal permite generar valor agregado en origen, reducir la dependencia del transporte de granos hacia los puertos y promover nuevas actividades económicas en las localidades del interior.

Además, el desarrollo de establecimientos productivos impulsa la generación de empleo, fortalece los servicios vinculados con la actividad agropecuaria y contribuye al arraigo de la población en las zonas rurales.

Otro aspecto destacado es la posibilidad de ampliar los mercados externos. En particular, Tocagni consideró importante avanzar en el protocolo sanitario con China para habilitar nuevas oportunidades comerciales, especialmente para las menudencias porcinas.

Como ejemplo, indicó que actualmente algunos de esos productos se venden a Costa de Marfil a unos 500 dólares, mientras que en el mercado chino podrían alcanzar valores cercanos a los 2.000 dólares, según su estimación.

La apertura de nuevos destinos permitiría mejorar el aprovechamiento integral del animal y diversificar las fuentes de ingresos de la cadena porcina.

De esta manera, el sector enfrenta una situación marcada por dos realidades: por un lado, una producción que continúa creciendo gracias a las mejoras de eficiencia; por otro, proyectos de expansión que permanecen condicionados por la carga impositiva, el financiamiento y la evolución de los costos.

Para Tocagni, el desafío consiste en generar condiciones que permitan transformar el potencial productivo en nuevas inversiones, con el objetivo de ampliar la capacidad instalada, fortalecer el agregado de valor y consolidar el aporte de la actividad a la economía del interior argentino.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente