
El precio recibido por los productores aumentó apenas 13% interanual en agosto, muy por debajo de la inflación. El informe de Coninagro advierte que el valor real de la leche se encuentra entre los más bajos de la última década y que se deterioró su relación con varios insumos clave.
La producción lechera argentina atraviesa un escenario de creciente presión sobre sus márgenes. El último informe mensual de Coninagro, elaborado a partir del indicador insumo-producto, mostró que durante agosto el precio recibido por los tamberos perdió capacidad de compra frente a buena parte de los principales costos que demanda la actividad.
El estudio busca monitorear la evolución de la relación entre los precios de los productos agropecuarios y los costos de producción, con el objetivo de aportar una herramienta para analizar la competitividad de los productores.
En el caso de la leche, el deterioro resulta particularmente significativo. En agosto de 2026, el precio promedio pagado al productor alcanzó los $535 por litro, con una suba del 13% interanual y del 1,5% mensual. El incremento quedó muy por debajo de la inflación acumulada en el mismo período, que alcanzó el 33,5%.
Como consecuencia, el precio de la leche perdió valor en términos reales y se ubicó, de acuerdo con el informe, en uno de sus niveles más bajos de los últimos diez años.
El gasoil, uno de los principales focos de presión
Entre los costos analizados, el combustible mostró uno de los mayores deterioros en la relación con el precio de la leche.
Durante agosto fueron necesarios 4,7 litros de leche para comprar un litro de gasoil, una relación que empeoró un 53% respecto de agosto de 2025. En términos absolutos, significó que se necesitaron 1,6 litros adicionales de leche para adquirir la misma cantidad de combustible.
Además, la relación se ubicó 44% por encima del promedio histórico, evidenciando una pérdida de poder de compra del producto frente a uno de los insumos fundamentales para las tareas del establecimiento.
Mayor costo laboral para los tambos
La mano de obra también mostró un incremento en la cantidad de leche necesaria para cubrir el costo de un trabajador rural.
Según Coninagro, en agosto se necesitaron 2.209 litros de leche para afrontar el salario de un empleado rural. La cifra representa un aumento del 20% interanual, equivalente a 369 litros adicionales.
En comparación con el promedio de los últimos cinco años, la relación se encuentra 33% por encima, reflejando el impacto del aumento de los costos laborales sobre los márgenes de los establecimientos lecheros.
La reposición de hacienda también se encareció
La pérdida de poder adquisitivo de la leche se extendió a la reposición de animales.
Para adquirir una ternera R.C. de entre 12 y 14 meses, en agosto fueron necesarios 2.559 litros de leche, un 18% más que un año atrás, lo que representa un incremento de 396 litros.
En el caso de la vaca conserva buena, se requirieron 4,6 litros de leche por cada kilo, una relación que empeoró 19% interanual y que quedó 33% por encima de su promedio histórico.
Estos valores muestran que la leche también perdió capacidad de compra frente a la hacienda, un factor relevante para los tambos que necesitan renovar o ampliar sus rodeos.
Maíz: una relación que también se deterioró
La alimentación animal presentó un comportamiento dispar. En el caso del maíz, con un valor de USD 187 por tonelada, fueron necesarios 531 litros de leche para adquirir una tonelada.
La relación empeoró 5% respecto de agosto de 2025, equivalente a 23 litros adicionales, y se ubicó 4% por encima del promedio histórico.
La evolución del maíz constituye un factor importante para la estructura de costos de los establecimientos, debido a su participación en las dietas destinadas a sostener la producción.
La alfalfa fue la excepción
Dentro de los principales componentes analizados, la alfalfa presentó una evolución favorable para los productores.
En agosto se necesitaron 18,4 litros de leche para comprar un kilo de semilla de alfalfa, lo que representó una mejora del 27% interanual, equivalente a siete litros menos.
Además, la relación se ubicó 6% por debajo del promedio de los últimos cinco años, convirtiendo a este insumo en uno de los pocos rubros donde el poder de compra de la leche mostró una mejora.
Un escenario de márgenes ajustados
El relevamiento de Coninagro refleja así una combinación de factores que presiona sobre la rentabilidad del tambo: mientras el precio recibido por el productor avanzó por debajo de la inflación, varios de los principales insumos y bienes necesarios para sostener la actividad aumentaron en términos relativos.
El deterioro de la relación entre leche y gasoil, salarios, hacienda y maíz marca una pérdida de capacidad de compra que impacta directamente sobre la estructura de costos.
En este contexto, el indicador insumo-producto se convierte en una referencia para seguir la evolución de la competitividad de la actividad lechera y dimensionar cómo los movimientos de precios afectan los márgenes de los productores.