
Antes de decidir cuánto se puede ganar en un nuevo ciclo de engorde a corral, es necesario saber cuánto dejó realmente el anterior. Los cambios en el precio de la hacienda y del alimento pueden generar diferencias significativas entre lo proyectado y el resultado finalmente obtenido.
Los márgenes económicos del feedlot suelen calcularse con los valores vigentes al momento de tomar la decisión: precio de la invernada, costo del alimento y un valor estimado para el gordo que será vendido meses más tarde. El problema es que ese último precio todavía es desconocido.
Por esa razón, el margen proyectado representa apenas una fotografía de las condiciones existentes cuando comienza el ciclo. El resultado económico real se conocerá meses después, cuando la hacienda sea vendida y se hayan concretado los costos del proceso.
Así lo plantea un trabajo elaborado por el ingeniero agrónomo Andrés Halle, del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (CADIA), que propone diferenciar claramente dos análisis: qué resultado tuvo el ciclo que terminó y qué resultado podría tener un nuevo ciclo.
Para evaluar un ciclo cerrado deben utilizarse los precios efectivamente registrados: el valor al que se compró la invernada, el precio real de venta de la hacienda y los costos efectivamente incurridos.
Recién a partir de allí corresponde analizar si, con las condiciones actuales, resulta conveniente volver a encerrar.
En cambio, para proyectar un nuevo ciclo, dado que el precio de venta es incierto, una alternativa más útil que establecer arbitrariamente un valor futuro es calcular qué precio debería alcanzar el gordo para llegar al punto de equilibrio.
El valor del alimento también puede cambiar el resultado
Otro aspecto central del análisis es la forma en que se valoriza el maíz utilizado en el engorde.
Cuando el cereal se produce dentro de la propia empresa, no necesariamente corresponde asignarle de manera automática el precio de pizarra vigente. En ese caso, el costo de oportunidad debería estar vinculado con la alternativa productiva que se resignó al utilizar la tierra para producir el grano.
La situación es diferente cuando se trata de maíz seco almacenado. Allí existe una alternativa concreta de venta y, por lo tanto, deben considerarse tanto el costo financiero del capital inmovilizado como los gastos de almacenamiento.
El problema aparece cuando se utiliza el precio actual del mercado para valorizar el alimento, mientras que el precio de venta del gordo continúa siendo una hipótesis futura.
De esta manera se combinan valores actuales con un precio que todavía no existe, generando un escenario que puede ser útil para tomar decisiones, pero que no necesariamente refleja la rentabilidad real del ciclo que ya terminó.
Dos ejemplos muestran la diferencia
Un ejercicio realizado con valores expresados en moneda constante de agosto de 2026 permite dimensionar la diferencia entre una proyección y el resultado efectivo.
En el caso A, se utilizan los precios de compra y venta vigentes al momento del análisis y el alimento se valora al costo de oportunidad de ese momento.
En el caso B, en cambio, se toma el precio de compra de cuatro meses atrás, el precio de venta actual y el costo del alimento correspondiente al momento en que se decidió almacenarlo. El objetivo es reconstruir el resultado económico del ciclo efectivamente terminado.
La diferencia puede ser considerable.
Para un ciclo cerrado en febrero, el resultado real fue de $307.020 por cabeza, mientras que cuatro meses antes, bajo el criterio de cálculo ex ante, se había proyectado un quebranto de $51.432.
Pero también puede ocurrir exactamente lo contrario.
En mayo, el margen proyectado mostraba una ganancia de $78.934 por cabeza, mientras que cuando ese ciclo finalizó en septiembre, el resultado real fue una pérdida de $105.725 por cabeza.
La explicación se encuentra, fundamentalmente, en la fuerte sensibilidad del negocio al precio de venta. Una variación relativamente pequeña en el valor del gordo puede modificar de manera sustancial el resultado económico de un ciclo de engorde.
La tasa de corte permite medir el riesgo
En este contexto, la denominada tasa de corte constituye una herramienta para analizar la relación entre tres variables fundamentales: el precio de compra de la hacienda, el precio de venta y el costo del alimento.
A través de las relaciones compra/venta y alimento/gordo, permite evaluar el riesgo y el potencial de renta de un determinado modelo de producción.
Sin embargo, esta herramienta no reemplaza el análisis económico integral. Para conocer el resultado final también deben contemplarse los gastos de sanidad, mano de obra, amortizaciones, mantenimiento, administración y otros costos de estructura.
Además, el resultado puede variar considerablemente según el tipo de animal y el peso de salida.
Un novillo pesado, por ejemplo, presenta una mayor dependencia del costo de alimentación que un consumo liviano. En el ejemplo analizado, la eficiencia de conversión pasa de 6,5 a 9,0, haciendo que el margen operativo se vuelva más estrecho a medida que aumenta el peso de terminación.
Separar pasado, presente y futuro
El análisis económico de un feedlot debería, en definitiva, diferenciar claramente tres momentos: lo que ocurrió, lo que está ocurriendo y lo que se decide hacer a partir de ahora.
El ciclo terminado debe evaluarse con sus precios y costos reales. El nuevo ciclo, en cambio, debe analizarse utilizando los valores actuales y supuestos explícitos sobre las variables que todavía son desconocidas.
La pizarra constituye una referencia indispensable para tomar nuevas decisiones, pero no debería utilizarse para modificar retrospectivamente la economía de una decisión que ya fue tomada.