
La faena bovina registró una caída cercana al 11% en los primeros cinco meses del año respecto del mismo período de 2025, según datos de ROSGAN. Aunque hubo una leve mejora en la producción de carne por animal faenado, no alcanza para compensar la menor cantidad de hacienda enviada a frigorífico.
Al mismo tiempo, las exportaciones continúan absorbiendo una mayor proporción de la producción, con embarques que hasta abril mostraban un crecimiento del 10% interanual. Esta situación redujo la disponibilidad de carne para el mercado interno, donde el consumo aparente cayó a menos de 48 kilos por habitante al año, un 5% por debajo de los niveles registrados un año atrás.
Pese a la menor oferta, los precios de la carne vacuna permanecieron prácticamente estables en los últimos meses. Según el IPCVA, en mayo el valor promedio de los cortes relevados se ubicó en $18.569 por kilo, sin variaciones significativas respecto de marzo y abril.
En este contexto, el pollo sostiene un consumo cercano a los 47 kilos per cápita anuales, mientras que el cerdo alcanzó un récord histórico superior a los 19,5 kilos por habitante. La diferencia de precios entre las distintas proteínas impulsa una sustitución creciente en las decisiones de compra de los hogares.
Además, el mercado ganadero comenzó a reflejar una demanda más cautelosa. Durante las últimas semanas se observaron bajas en los valores de varias categorías de hacienda, una señal de la mayor sensibilidad de los consumidores frente a los precios.
De cara a los próximos meses, el ingreso de más animales provenientes de los feedlots podría aumentar la oferta, mientras que las exportaciones aparecen como un factor clave para sostener los valores del sector ante un consumo interno debilitado.