
El riego suplementario se consolida como una herramienta estratégica para aumentar la productividad y reducir la incertidumbre en los sistemas agrícolas del norte de Santa Fe. Ensayos realizados por especialistas del INTA confirmaron que esta tecnología permite mejorar significativamente los rendimientos y optimizar el uso del agua frente a la creciente variabilidad climática.
Diego Szwarc, investigador del INTA Reconquista, explicó que, aunque muchas veces las precipitaciones acumuladas son suficientes, su distribución durante el ciclo del cultivo no coincide con los momentos de mayor demanda hídrica. “En el norte de Santa Fe el riego es estratégico y suplementario, y permite reducir brechas de rendimiento”, afirmó.
La temática fue uno de los ejes de Tecno Riego Litoral, muestra realizada el 14 de mayo en Avellaneda, organizada junto al INTA, donde productores, empresas y especialistas compartieron experiencias y avances tecnológicos vinculados al manejo eficiente del agua.
Según los resultados obtenidos en la región, el riego suplementario puede incrementar notablemente los rindes de los cultivos extensivos, llegando incluso a duplicarlos en determinadas condiciones. En situaciones puntuales, los aumentos alcanzaron hasta un 115 %, especialmente cuando el agua se aplicó en etapas críticas del desarrollo de los cultivos.
Los datos históricos muestran además una marcada variabilidad en los sistemas de secano. En la región, el trigo puede rendir entre 1.780 y más de 3.500 kilos por hectárea; la soja, entre menos de 900 y más de 2.000 kilos; el girasol oscila entre 1.500 y 2.200 kilos; mientras que el maíz puede superar los 5.000 kilos por hectárea en campañas favorables.
Frente a este escenario, el riego aparece como una alternativa clave para aportar estabilidad y previsibilidad a la producción. “El riego nos da la posibilidad de contar con agua en el momento preciso, cuando el cultivo más lo necesita”, sostuvo Szwarc.
En paralelo, los especialistas avanzan en la incorporación de nuevas tecnologías orientadas al uso eficiente del recurso hídrico. Entre ellas, se destaca la ampliación del sistema de riego en la región, que pasó de un equipo con alcance de 240 metros a otro de 348 metros de radio, permitiendo duplicar la superficie irrigada hasta alcanzar unas 114 hectáreas.
También se incorporaron sensores de humedad y sistemas de monitoreo que permiten avanzar hacia esquemas de riego de precisión, ajustando la aplicación de agua según las necesidades específicas de cada sector del lote.
En un contexto de márgenes ajustados y alta incertidumbre climática, desde el INTA consideran que el riego suplementario no solo mejora los rendimientos, sino que también contribuye a proteger las inversiones realizadas en genética, fertilización y manejo sanitario, consolidándose como una herramienta central para construir sistemas agrícolas más eficientes y sostenibles.