
El fuerte crecimiento del crédito tomado por el sector ganadero argentino durante el primer trimestre de 2026 refleja un cambio relevante en la estructura financiera de la actividad. Según datos del Banco Central de la República Argentina, el stock total de deuda alcanzó los USD 1.365 millones, con una suba del 20% respecto de diciembre y del 35% interanual.
Uno de los datos más significativos es el avance del financiamiento en moneda extranjera. Mientras que el crédito en pesos se mantuvo relativamente estable —USD 785 millones, equivalentes al 58% del total—, los pasivos en dólares crecieron con fuerza hasta alcanzar USD 580 millones, más del doble que un año atrás. Esto elevó la participación de la deuda en moneda extranjera al 42% del total, frente al 25% registrado en marzo de 2025 y apenas el 3% observado en 2023.
La distribución del financiamiento muestra además un claro predominio de la banca pública, que concentra el 47% de los préstamos otorgados al sector, seguida por bancos privados (32%), entidades extranjeras (18%) y otras instituciones financieras (2%), según el informe semanal “Lote de Noticias” de Rosgan.
El aumento del endeudamiento parece vincularse principalmente a una mayor disponibilidad de líneas de largo plazo orientadas a inversión, un aspecto clave para la actividad ganadera, especialmente en procesos de retención de vientres y expansión del stock bovino. Aunque la información oficial no discrimina específicamente el destino de los créditos, la magnitud del crecimiento en dólares sugiere una apuesta creciente por financiamiento asociado a inversiones productivas.
En términos de intensidad financiera, el indicador de deuda por animal en stock alcanzó un récord histórico de USD 27 por cabeza, superando incluso los niveles de 2018. Sin embargo, pese a este aumento, el grado de apalancamiento continúa siendo relativamente bajo cuando se lo compara con el valor patrimonial de la hacienda.
Esto se explica porque durante el último año los precios del ganado medidos en dólares registraron fuertes incrementos: alrededor del 30% para la hacienda gorda destinada a faena y cerca del 60% para categorías de cría e invernada, especialmente vientres y terneros. Esa valorización patrimonial fortaleció la posición económica de los productores, aunque sin un crecimiento proporcional del financiamiento bancario.