
Con un crecimiento exponencial en la última década, las exportaciones de alfalfa alcanzaron en 2025 su máximo nivel histórico tanto en volumen como en divisas, motorizadas principalmente por la fuerte demanda del mercado árabe.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el sector cerró el año con 167.318 toneladas exportadas, lo que generó ingresos por 64,4 millones de dólares.
Las cifras reflejan un incremento interanual del 9,4% en volumen y del 23,3% en facturación, pero además consolidan una tendencia estructural: en apenas diez años, las exportaciones se multiplicaron por cinco en toneladas y casi por diez en valor.
El principal motor de este crecimiento es la demanda del mundo árabe. Arabia Saudita se mantiene como el socio estratégico del complejo, concentrando cerca del 70% del volumen exportado y el 85% del valor total. A esto se suman otros destinos regionales como Emiratos Árabes Unidos y Omán. En tanto, Brasil aparece entre los cuatro principales mercados de destino.
Con una superficie sembrada estimada entre 3 y 3,5 millones de hectáreas, Argentina se posiciona como el segundo productor mundial de alfalfa, solo por detrás de Estados Unidos.
El hecho de que la facturación haya crecido por encima del volumen exportado responde a una mejora en los precios internacionales, pero también a un salto en la calidad del producto, con mayores exigencias en los formatos de prensado, secado y logística, orientados a mercados de alto estándar.