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Ganadería Misionera y El Sorgo Como Alternativa De Alimentación



La necesidad de intensificar los sistemas productivos, sumada al incremento sostenido de los costos de los insumos y a un contexto de marcada variabilidad climática, plantea desafíos cada vez más complejos para la ganadería en la provincia de Misiones. 

En este escenario, mantener la rentabilidad y, al mismo tiempo, avanzar hacia sistemas más sostenibles exige repensar estrategias productivas, especialmente en lo que respecta a la alimentación animal, uno de los componentes que más incide en los costos totales de producción.

Quienes siguen de cerca la evolución de la ganadería argentina —en particular analistas y técnicos del sector— coinciden en que 2026 podría consolidarse como “el año de las vacas”, impulsado por una fuerte recuperación de los mercados y por una demanda creciente de carne.

 A este contexto se suma el avance progresivo de la frontera agropecuaria, un fenómeno que comenzó hace poco más de dos décadas y que obliga a producir más en la misma superficie o incluso en áreas con mayores limitantes. En ese marco, la nutrición animal adquiere un rol estratégico, estrechamente vinculada al desarrollo y la adopción de nuevas variedades forrajeras capaces de adaptarse a condiciones climáticas más hostiles.

Con ese objetivo, investigadores del INTA vienen trabajando en la evaluación y generación de alternativas forrajeras específicas para las condiciones del nordeste argentino. Entre ellas, el sorgo se destaca como un cultivo con alto potencial para complementar y fortalecer los sistemas ganaderos misioneros, gracias a su capacidad de producir grandes volúmenes de biomasa en poco tiempo, su tolerancia a períodos de sequía y su versatilidad en las formas de aprovechamiento.

La producción ganadera en Misiones se caracteriza por desarrollarse sobre suelos rojos profundos, con alto contenido de arcilla, y bajo un régimen de lluvias variable, con alternancia de excesos hídricos y déficits temporarios. Estas condiciones hacen que cultivos tradicionales, como el maíz o las pasturas perennes, no siempre expresen su máximo potencial o impliquen mayores riesgos económicos. Frente a este panorama, el sorgo aparece como una opción más resiliente, capaz de sostener la oferta forrajera incluso en campañas climáticamente adversas.

“Lo que motivó este estudio fue una demanda concreta de los Consejos Asesores del INTA, vinculada a la necesidad de evaluar cultivos alternativos frente a las pasturas perennes y al maíz, como herramientas para intensificar la producción ganadera”, explicó Mauro Loto, técnico del INTA Montecarlo y miembro de la Red NEA de Sorgo del INTA. Según detalló, el sorgo presentó ventajas comparativas claras: un menor costo de implantación en relación con el maíz, mayor tolerancia al estrés hídrico y una elevada capacidad de producción de biomasa en períodos cortos.

Estas características resultaron especialmente relevantes para los sistemas ganaderos de la provincia, donde el sorgo puede cumplir un rol estratégico durante la primavera y el verano, momentos críticos para la oferta de forraje. Su incorporación permitió aumentar la disponibilidad de alimento, mejorar la ganancia de peso de los animales y potenciar la producción de carne, tanto en planteos de cría como de recría e invernada.

Además, el cultivo ofrece múltiples alternativas de aprovechamiento. Puede utilizarse para pastoreo directo, siempre que se manejen adecuadamente las alturas de entrada y salida; para pastoreo diferido, permitiendo reservar forraje para momentos de escasez; para la confección de silaje, aprovechando su buena relación entre volumen y estabilidad; o bien para la producción de grano destinado a reservas forrajeras. Esta versatilidad le otorga al productor una herramienta flexible, capaz de adaptarse a diferentes escalas y objetivos productivos.

En el ensayo realizado por el INTA se evaluaron once materiales diferentes, que incluyeron sorgos forrajeros fotosensitivos, variedades graníferas y sorgos de doble propósito. “Trabajamos con una variación genética importante, que incluyó tanto materiales varietales como híbridos, con el objetivo de analizar el comportamiento diferencial de cada uno en las condiciones locales”, señaló Loto. Esta diversidad permitió comparar rendimientos, respuestas al manejo y estabilidad productiva frente a distintos escenarios ambientales.

Las variables analizadas dependieron del tipo de material. Los sorgos forrajeros fueron cortados cada 60 días, simulando condiciones de pastoreo; los graníferos se cosecharon al final del ciclo para evaluar rendimiento de grano; y los destinados a silaje se midieron en el punto óptimo de materia seca, clave para garantizar una buena conservación y calidad nutricional. A estos parámetros productivos se sumó un seguimiento sanitario detallado, mediante una grilla de observación que permitió identificar la incidencia de insectos, enfermedades fúngicas y posibles virosis.

“Todos estos datos estarán disponibles a partir de mayo del próximo año, lo que nos permitirá contar con información concreta y adaptada a Misiones para orientar a los productores en la toma de decisiones”, anticipó el técnico. La generación de datos locales resulta fundamental, ya que muchas recomendaciones técnicas provienen de otras regiones con condiciones edáficas y climáticas diferentes.

Desde el punto de vista productivo, el sorgo forrajero demostró una notable capacidad de adaptación a una amplia diversidad de sistemas ganaderos. Su elevada producción de biomasa en poco tiempo permitió concentrar la carga animal en superficies reducidas, liberando otras áreas para forraje diferido o para la confección de reservas estratégicas. Esta posibilidad de redistribuir la carga resultó clave para mejorar la eficiencia global del sistema y reducir riesgos frente a eventos climáticos adversos, como sequías o excesos de lluvia.

En cuanto al manejo del cultivo, Loto destacó la importancia de una correcta preparación del suelo, una fecha de siembra adecuada —generalmente en septiembre— y un control temprano de malezas. “Lograr una alta densidad de plantas, que varió entre 150.000 y 250.000 por hectárea según el material, fue fundamental, ya que se tradujo directamente en una mayor producción de forraje”, explicó. A esto se suma la necesidad de realizar análisis de suelo, correcciones de pH cuando corresponda, una fertilización balanceada y un control previo de hormigas antes de aplicar los nutrientes.

“El trabajo de investigación continuará en los próximos años, con la ampliación de los materiales evaluados, el análisis de distintas fechas de siembra y una profundización en aspectos productivos y de calidad forrajera”, puntualizó el especialista. Además, remarcó que, en el caso de los sorgos graníferos, será clave generar información sobre su comportamiento dentro de esquemas de rotación, siembra directa o labranza mínima, considerando las particularidades de los suelos rojos profundos de la provincia.

En síntesis, el sorgo se consolida como una herramienta estratégica para la ganadería misionera, capaz de aportar resiliencia, eficiencia y flexibilidad a los sistemas productivos. Su adopción, respaldada por información técnica local y un manejo adecuado, puede convertirse en un factor decisivo para enfrentar los desafíos actuales y futuros de la producción ganadera en la región.

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