
Durante 2025, el consumo per cápita de carne porcina en Argentina alcanzó los 17,92 kilos por habitante, lo que representa un crecimiento interanual del 7,7 % respecto de 2024.
Este incremento no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia positiva que se viene consolidando en los últimos años y que refleja un cambio cultural en la percepción del cerdo como proteína principal, más allá de su uso tradicional en embutidos o celebraciones puntuales.
Este mayor consumo se encuentra estrechamente vinculado con un récord histórico de producción nacional. En los primeros meses de 2025 se registraron niveles inéditos de faena y elaboración, con más de 5,5 millones de cerdos faenados y una producción que rondó las 526 mil toneladas de carne porcina. Estos indicadores dan cuenta de la expansión sostenida del sector porcino argentino, que ha logrado combinar crecimiento, eficiencia productiva y mejoras continuas en calidad, posicionándose como un proveedor confiable de proteína animal tanto para el mercado interno como para el desarrollo futuro de exportaciones.
En conjunto, el aumento del consumo y la producción refleja la consolidación de la carne de cerdo como una opción accesible, segura y cada vez más valorada por los consumidores, que buscan alimentos nutritivos sin resignar sabor ni variedad.
Un alimento nutritivo y alineado con una dieta equilibrada
El mayor protagonismo de la carne de cerdo también responde a sus sólidos atributos nutricionales, que la convierten en una opción plenamente compatible con una alimentación saludable. Se trata de una proteína de alto valor biológico, con una composición equilibrada de aminoácidos esenciales y una digestibilidad elevada, cualidades fundamentales para el mantenimiento de la masa muscular, la recuperación física y el correcto funcionamiento del organismo en todas las etapas de la vida.
Gracias a los avances en genética, nutrición animal y sistemas de producción, la carne de cerdo actual presenta un perfil muy distinto al de décadas atrás. “En los últimos años se logró reducir cerca de un 30 % el contenido graso, incrementando significativamente la proporción de carne magra”, explica Guillermo Racca, médico veterinario y gerente técnico del área de Porcicultura de MSD Salud Animal. “Además, más de la mitad de sus grasas son insaturadas, principalmente omega 9, un tipo de grasa asociado a un mejor perfil lipídico y al cuidado de la salud cardiovascular”.
A estos beneficios se suma su aporte de vitaminas del complejo B, con especial énfasis en la tiamina (vitamina B1), esencial para el metabolismo energético y el sistema nervioso. También es una fuente relevante de minerales como hierro, zinc, fósforo y selenio, necesarios para funciones clave como la oxigenación de los tejidos, la respuesta inmunológica y la salud ósea. En cuanto al colesterol, la carne de cerdo presenta niveles similares —e incluso en algunos cortes inferiores— a los de otras carnes de consumo habitual, lo que refuerza su lugar dentro de una dieta variada y moderada.
Versatilidad culinaria: una aliada para el día a día
Otro de los grandes motores de su crecimiento es la versatilidad en la cocina. La carne de cerdo ofrece una amplia gama de cortes que se adaptan fácilmente a distintos estilos de alimentación y métodos de cocción. Opciones magras como el lomo, el carré o el solomillo resultan ideales para preparaciones livianas, a la plancha, al horno o salteadas, mientras que otros cortes permiten recetas más tradicionales o elaboradas, sin perder valor nutricional.
Esta diversidad facilita su incorporación en menús cotidianos, desde comidas rápidas y prácticas hasta platos familiares, preparaciones gourmet o recetas a la parrilla. Además, se adapta sin dificultad a diferentes culturas gastronómicas y tendencias actuales, como la cocina saludable, la alimentación balanceada o los planes nutricionales personalizados, reforzando su presencia en el consumo regular.
La sanidad animal como base de la calidad alimentaria
Detrás de este crecimiento sostenido existe un trabajo fundamental en materia de sanidad y bienestar animal, aspectos clave para garantizar alimentos seguros y de calidad. La implementación de programas sanitarios integrales, el monitoreo permanente de la salud de los animales y la incorporación de innovación en medicina veterinaria han permitido mejorar la eficiencia productiva y fortalecer la confianza del consumidor.
“La sanidad animal es un eslabón central para asegurar sistemas productivos responsables y alimentos seguros”, señala Racca. “Hoy, la prevención a través de programas bien planificados y el uso de tecnologías innovadoras —como la vacunación sin agujas— permite proteger a los animales de forma más eficiente, reducir el estrés y mejorar su bienestar. Cuidar la salud de los animales forma parte de una mirada integral de Una Sola Salud, donde la salud animal, la salud humana y el ambiente están profundamente interconectados”.
Este enfoque integral no solo impacta positivamente en la producción, sino que también responde a una demanda creciente de los consumidores, cada vez más atentos al origen de los alimentos, las prácticas productivas y la sustentabilidad de los sistemas agroindustriales.
Una proteína clave para el presente y el futuro
De este modo, el crecimiento de la carne de cerdo en Argentina no responde únicamente a una moda o a una coyuntura económica favorable. Es el resultado de un proceso integral que combina mejoras nutricionales, innovación tecnológica, prevención sanitaria y bienestar animal, y que posiciona al cerdo como una proteína estratégica para una alimentación saludable desde el comienzo del año y a lo largo de todo el calendario.
Con sabor, calidad, valor nutricional y una producción cada vez más eficiente y responsable, la carne de cerdo continúa afianzándose como una opción confiable y accesible, acompañando los nuevos hábitos alimentarios y consolidando su lugar en la mesa de los argentinos.