
La dinámica de los mercados de granos estuvo esta semana fuertemente condicionada por el contexto financiero internacional, que volvió a ganar protagonismo tras varios meses en los que los fundamentals agrícolas parecían dominar la escena.
Tensiones geopolíticas, reacomodamientos en las carteras de inversión globales y un dólar que mostró señales de debilidad conformaron un combo que impactó de lleno en los precios y en el comportamiento de los fondos especulativos.
En ese marco, los commodities agrícolas volvieron a captar la atención de los grandes inversores. Luego de varias semanas con posiciones netas vendidas, los fondos regresaron con compras selectivas, concentradas especialmente en maíz y trigo. No se trata de un fenómeno aislado: históricamente, cuando los mercados financieros atraviesan períodos de mayor volatilidad y se reduce el atractivo relativo de los bonos, los granos aparecen como una alternativa defensiva dentro del universo de commodities.
¿Y qué está vendiendo Argentina en este contexto? Justamente esos productos. Trigo, cebada y maíz concentran hoy el grueso de la oferta exportable del país. Según el último informe de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), durante enero ingresaron más de 1.850 millones de dólares por agroexportaciones de granos y subproductos, con los cereales encabezando la liquidación. Se trata de un dato clave para una economía que sigue necesitando divisas y que encuentra en el complejo agroindustrial su principal fuente genuina de dólares.
Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, explica que “el mercado estaba muy influenciado por la geopolítica y por el pase de inversores desde bonos hacia metales preciosos”. En ese contexto, los granos quedaron momentáneamente relegados. Sin embargo, agrega que “cuando se estabilizó el frente financiero y se calmó la tensión entre Estados Unidos e Irán, los fondos regresaron a los granos, particularmente a maíz y trigo, donde estaban muy vendidos”. Ese rebote técnico, combinado con fundamentos relativamente sólidos, dio lugar a un nuevo rally de precios.
Maíz: demanda firme y señales mixtas en producción
El maíz muestra hoy un panorama más alentador que otros cultivos. A nivel global, las exportaciones de Estados Unidos continúan a un ritmo muy elevado: los compromisos ya superan el 80% del total anual proyectado, un nivel inusualmente alto para esta altura de la campaña. Esto refleja una demanda internacional activa, impulsada tanto por el consumo forrajero como por el uso industrial y energético.
En el plano local, el escenario productivo es más desafiante, pero todavía lejos de ser crítico. La condición del cultivo cayó al 46% en la categoría Buena/Excelente como consecuencia del estrés térmico y la falta de lluvias en algunas regiones clave. Aun así, sigue siendo el mejor registro para este momento del ciclo en los últimos cinco años, lo que habla de una base productiva más sólida que en campañas anteriores.
La comercialización también muestra señales positivas. En apenas una semana se vendieron 1,64 millones de toneladas de maíz, lo que permitió cubrir el 13,7% de la producción estimada para la campaña 2025/26. Este salto en las ventas responde, por un lado, a mejores precios relativos y, por otro, a la necesidad de los productores de asegurar márgenes en un contexto de costos todavía elevados.
Romano destaca que “los maíces tempranos ya habían pasado la floración cuando se instaló la seca, lo que deja pisos de rinde más altos”. En cuanto al maíz tardío, señala que “todavía tiene margen de recuperación si vuelven las lluvias en febrero”, lo que mantiene abiertas las expectativas de una producción razonable si el clima acompaña en las próximas semanas.
Trigo: récord exportador y protagonismo inesperado
El trigo es, sin dudas, el gran protagonista del momento. Beneficiado por un dólar internacional más débil, problemas climáticos en el hemisferio norte y una cosecha récord a nivel local, Argentina está logrando ganar participación en mercados donde históricamente tenía menor presencia, como Europa y el norte de África.
El ritmo de embarques es histórico. El line-up actual marca 1,98 millones de toneladas programadas, prácticamente el doble del promedio habitual para esta época del año. Además, los envíos de noviembre y diciembre ya batieron récords, consolidando un inicio de campaña exportadora excepcional. A este escenario se suma el aumento del precio del trigo ruso, que perdió competitividad, y las licitaciones recientes de países como Túnez y Jordania, que reactivaron la demanda internacional y abrieron oportunidades para el trigo argentino.
“Gracias a una cosecha récord y una estrategia exportadora muy agresiva, Argentina está logrando colocar trigo en destinos donde antes tenía menos presencia”, subraya Romano. Si bien aclara que se trata de precios relativamente bajos en términos históricos, destaca que “el mercado se acercó a los 190 dólares por tonelada, lo que despertó ventas y consolidó un ritmo exportador inédito”.
Con un saldo exportable estimado en torno a los 20 millones de toneladas, el trigo se consolida como el cultivo con mejores perspectivas para Argentina en el arranque de 2026. El maíz, por su parte, mantiene una base productiva firme y una demanda internacional activa, lo que permite pensar en un escenario relativamente favorable, siempre y cuando el clima no introduzca nuevos sobresaltos.
En definitiva, la combinación de factores externos —financieros y geopolíticos— con una oferta local competitiva está permitiendo que Argentina capitalice el actual rally del trigo y el maíz. En un contexto macroeconómico complejo, el desempeño del sector granario vuelve a ser una pieza clave para sostener el ingreso de divisas y el dinamismo de la economía.