
El costo de mover mercadería en la Argentina volvió a mostrar una nueva suba al comenzar 2026 y confirma que la logística sigue siendo uno de los principales factores de presión sobre la competitividad de la economía real, en particular del complejo agroindustrial.
En enero, el Índice de Costos del Transporte (ICT) elaborado por FADEEAC registró un aumento mensual de 2,08%, una variación que, si bien implica una desaceleración respecto del último tramo de 2025, se mantiene en un nivel relevante para la estructura de costos del sector.
La moderación del ritmo de aumento se observa con mayor claridad cuando se compara con los meses finales del año pasado. En octubre de 2025, el índice había subido 3,27%, en noviembre 2,65% y en diciembre 2,27%. Frente a ese contexto, enero aparece como un mes de menor intensidad inflacionaria en transporte, aunque lejos de marcar un quiebre en la tendencia. La dinámica sigue siendo ascendente y consolida un escenario en el que el flete continúa encareciéndose de manera sostenida.
El cierre de 2025 dejó un dato contundente: el Índice FADEEAC acumuló una suba anual del 37%, reflejando el impacto combinado de aumentos salariales, costos operativos, insumos dolarizados y una infraestructura vial que exige cada vez más gastos de mantenimiento. Dentro de ese total, el rubro combustible fue determinante, con un incremento del 45% a lo largo del año, ubicándose 5,5 puntos porcentuales por encima de la inflación minorista. Dado que el gasoil es uno de los principales componentes del costo por kilómetro recorrido, su evolución tiene un efecto directo y transversal sobre toda la cadena productiva.
El índice se construye a partir de 11 rubros que representan los costos reales que enfrentan las empresas de transporte de cargas. En enero de 2026, el factor que más empujó el aumento fue el costo laboral. El rubro Personal –Conducción lideró las subas mensuales con un incremento de 4,19%, explicado por la entrada en vigencia de la quinta cuota del acuerdo paritario del Convenio Colectivo de Trabajo 40/89, además del impacto de una asignación no remunerativa. Este componente es clave, ya que el salario de los choferes representa una porción significativa del costo total del servicio de transporte.
A este aumento se sumaron otros ítems que, aunque con variaciones menores, contribuyeron a consolidar la suba general del índice. Los lubricantes registraron un alza del 3%, las reparaciones crecieron 2,31% y los gastos generales aumentaron 2,07%. En el caso de las reparaciones, el deterioro de la infraestructura vial juega un rol central: rutas en mal estado generan más roturas, mayores tiempos de traslado y un incremento constante de los costos operativos, afectando tanto la eficiencia como la seguridad del transporte.
Los rubros vinculados al equipamiento también mostraron incrementos. Los neumáticos subieron 1,71%, los seguros 1,05% y los peajes 0,54%. Si bien estos porcentajes son más moderados, se suman mes a mes y terminan teniendo un impacto significativo en la estructura de costos, especialmente para las empresas que operan largas distancias o realizan múltiples viajes diarios.
Un dato relevante de enero fue la evolución del combustible. El gasoil tuvo una variación de apenas 0,85%, la más baja de los últimos ocho meses. Esta desaceleración es especialmente importante para el agro, dado el peso del combustible en el costo logístico de granos, carnes e insumos. Además, volvió a postergarse la aplicación plena de la actualización de los impuestos específicos al combustible, una decisión que también se extenderá durante febrero y que contribuye a contener parcialmente los costos.
En contraposición, algunos rubros mostraron comportamientos más favorables. El Costo Financiero registró una leve caída del 1,1% hacia el cierre del mes, mientras que Material Rodante no presentó variaciones respecto de diciembre. Estos factores ayudan a explicar por qué el índice mostró una desaceleración en enero, aunque su impacto positivo no alcanza a compensar el resto de los aumentos.
En términos generales, el incremento del ICT confirma que los costos logísticos siguen en alza y que el transporte continúa siendo un factor que recorta márgenes, especialmente en producciones alejadas de los centros de consumo o de los nodos de exportación. Para el sector agroindustrial, esto se traduce en una mayor presión sobre la rentabilidad, ya que el flete representa un costo clave desde el campo hasta el puerto.
No obstante, la menor velocidad de aumento frente al cierre de 2025 y la moderación en el precio del gasoil generan un leve alivio en el corto plazo. De todos modos, el panorama sigue condicionado por la evolución de las paritarias, el estado de las rutas y las definiciones impositivas pendientes. Estos factores serán determinantes para el costo de mover granos, carnes e insumos en un contexto de transición hacia la nueva campaña agrícola, donde la eficiencia logística volverá a ser un elemento central para sostener la competitividad del sector.