
Durante el Simposio IRAC Biogen, el especialista brasileño compartió experiencias recogidas en establecimientos lecheros de Estados Unidos y Brasil. Subrayó que la comunicación entre nutricionistas, veterinarios e inseminadores es fundamental para mejorar la fertilidad, la producción y la rentabilidad de los tambos.
La eficiencia reproductiva de un tambo no depende únicamente de la calidad del semen, el uso de hormonas o la aplicación de protocolos de inseminación. También está estrechamente vinculada con la nutrición, el confort animal, las instalaciones y, fundamentalmente, la coordinación entre las personas que integran el equipo de trabajo.
Ese fue uno de los ejes centrales de la exposición de Alexandre Souza durante el Simposio IRAC Biogen, donde presentó su experiencia en establecimientos lecheros de Estados Unidos y Brasil y puso el foco en la necesidad de integrar los conocimientos de nutrición y reproducción para alcanzar mejores resultados productivos.
El especialista planteó una pregunta que atraviesa la organización cotidiana de cualquier establecimiento: ¿existe una comunicación efectiva entre quienes diseñan las dietas, preparan y distribuyen el alimento, manejan los rodeos y realizan las tareas reproductivas? Y, si existe, ¿qué información comparten entre sí?
Para Souza, la respuesta resulta determinante. Aunque cada integrante del equipo desarrolla una función específica, todas las tareas están relacionadas y repercuten en el resultado final. Por eso, consideró que el nutricionista debe formar parte activa de las decisiones vinculadas con el manejo integral del rodeo, en coordinación con el veterinario, el inseminador y el resto del personal.
La comunicación como herramienta de producción
A partir de sus experiencias en Wisconsin y California, en Estados Unidos, Souza destacó la importancia de contar con equipos de trabajo que compartan información de manera permanente y sostengan criterios de manejo consistentes.
En ese sentido, remarcó que la alimentación requiere continuidad y precisión. Las rutinas deben cumplirse adecuadamente todos los días, porque incluso pequeñas modificaciones en los horarios o en la forma de distribuir las dietas pueden repercutir sobre la respuesta de los animales.
Como ejemplo, mencionó las diferencias en las rutinas de alimentación entre establecimientos de Estados Unidos y Brasil, donde las actividades pueden comenzar más tarde los domingos. Para el especialista, estas variaciones deben analizarse en función de sus consecuencias sobre el desempeño de las vacas.
También hizo hincapié en el manejo nutricional durante el preparto. La planificación de la alimentación en esta etapa, los horarios de suministro y el seguimiento de los animales son aspectos que deben ser conocidos por todo el equipo, especialmente por su relación con el parto y la calidad del calostro.
El concepto central de su exposición fue que la información no puede quedar limitada al profesional que diseña las dietas. El conocimiento debe circular entre todos los responsables para que cada decisión tenga en cuenta el funcionamiento integral del establecimiento.
Nutrición, confort y reproducción: una misma estrategia
Souza propuso abordar la producción lechera desde una perspectiva integral, entendiendo que la fertilidad es el resultado de múltiples factores que actúan de manera simultánea.
Entre ellos, señaló el confort animal, la calidad de las instalaciones, la disponibilidad de espacio en los comederos y el control del estrés térmico. A estos elementos se suma el equilibrio nutricional, que comprende tanto el balance energético como la salud ruminal, junto con un manejo reproductivo ordenado y consistente.
La reproducción ocupa un lugar central en este esquema porque determina buena parte de la continuidad productiva y de los ingresos del establecimiento. Para sostener una producción de leche eficiente es necesario lograr preñeces oportunas y mantener un programa reproductivo que reduzca las pérdidas y mejore los resultados.
En esa hoja de ruta, el especialista destacó varios objetivos: lograr preñeces tempranas, alcanzar una condición corporal adecuada al parto, favorecer la salud y la ciclicidad de las vacas, incrementar la fertilidad y disminuir las pérdidas reproductivas.
También advirtió sobre los riesgos de un engorde excesivo hacia el final de la lactancia. Una de las situaciones que debe evitarse es la utilización de dietas uniformes para animales que atraviesan diferentes etapas fisiológicas, ya que sus requerimientos nutricionales no son iguales.
El seguimiento de los lotes durante el preparto es otro aspecto relevante. Conocer la fecha probable de parto y disponer de información individualizada permite anticiparse a las necesidades de cada animal y ajustar el manejo a las características del rodeo y del establecimiento.
La salud posparto condiciona los resultados
El período posterior al parto representa una etapa especialmente sensible. La condición corporal, el estado sanitario y la recuperación de la vaca influyen sobre su desempeño posterior y sobre las posibilidades de volver a quedar preñada en el momento previsto.
Souza señaló que problemas como la retención de placenta, la metritis, la endometritis y la mastitis, cuando no se detectan y abordan oportunamente, pueden generar consecuencias negativas sobre la reproducción y los registros productivos.
Por eso, el manejo sanitario y nutricional debe estar integrado con el seguimiento reproductivo. No alcanza con intervenir cuando aparece una dificultad: es necesario anticiparse, identificar los factores de riesgo y sostener un control continuo de los animales.
En este contexto, el especialista también llamó la atención sobre la relación entre la composición de las dietas y la fertilidad. El equilibrio nutricional debe evaluarse de acuerdo con los requerimientos de cada etapa, evitando excesos o desbalances que puedan comprometer la respuesta reproductiva.
El estrés térmico, un factor que no puede quedar afuera
Otro de los puntos destacados fue el impacto del estrés por calor sobre la eficiencia reproductiva. Las altas temperaturas reducen el consumo de materia seca (CMS), alteran el balance energético y pueden afectar la calidad de los ovocitos, el desarrollo embrionario y la expresión de los celos.
Frente a este escenario, Souza consideró prioritario invertir en medidas de mitigación, como la provisión de sombra, la ventilación y los sistemas de aspersión.
El especialista explicó que, a medida que aumenta la temperatura corporal, las vacas modifican su comportamiento y pueden reducir el tiempo destinado a alimentarse, con consecuencias sobre su desempeño productivo y reproductivo.
El calor también compromete distintos procesos relacionados con la reproducción, por lo que el control ambiental debe formar parte de los protocolos de manejo y no considerarse una cuestión secundaria.
En relación con la alimentación, advirtió además sobre la necesidad de evaluar cuidadosamente las dietas con exceso de almidón y sus posibles efectos sobre los resultados reproductivos. En ese marco, mencionó registros de concepción cercanos al 20% en determinados escenarios de inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), como ejemplo de los resultados que pueden observarse cuando las condiciones de manejo no son las adecuadas.
Protocolos reproductivos y seguimiento permanente
En materia reproductiva, Souza recomendó intensificar el uso de la IATF para el primer servicio, acompañada por una detección de celos más eficiente y una reinseminación rápida de las vacas que no quedaron preñadas.
Destacó que los protocolos evolucionaron y se adaptaron a distintos escenarios productivos, pero su eficacia depende de una ejecución rigurosa. La dosis hormonal, la vía de aplicación y el cumplimiento de los horarios establecidos son factores que deben respetarse para evitar fallas en la sincronización.
Asimismo, subrayó la importancia de implementar estrategias de resincronización temprana, que permitan identificar cuanto antes a las vacas vacías y volver a incorporarlas al programa reproductivo.
La observación visual continúa siendo una herramienta importante, aunque puede complementarse con información obtenida mediante sistemas tecnológicos. Los collares y podómetros, por ejemplo, ayudan a monitorear cambios en la actividad de los animales, detectar celos poco evidentes y reconocer variaciones en los patrones de comportamiento y rumia.
El desafío consiste en transformar esos datos en decisiones concretas, con respuestas ajustadas a las necesidades de cada vaca y a los objetivos del establecimiento.
Un equipo integrado, también en los tambos pequeños
En el cierre de su presentación, Souza sintetizó su enfoque con una comparación: la vaca lechera es una atleta de alto rendimiento, la nutrición aporta el combustible necesario para su funcionamiento y el manejo reproductivo permite cumplir los plazos establecidos para sostener la producción.
Desde esa perspectiva, insistió en que veterinarios y nutricionistas deben trabajar de manera coordinada, junto con inseminadores, propietarios y personal del establecimiento.
Ante una consulta del público sobre las dificultades que enfrentan los tambos pequeños, donde una misma persona suele asumir varias responsabilidades, el especialista señaló que una alternativa es promover la asociación entre establecimientos para compartir profesionales y acceder a conocimientos específicos en cada área.
El planteo dejó una conclusión clara: mejorar la eficiencia de un tambo no depende solamente de incorporar tecnología o aplicar un protocolo determinado. También exige organizar el trabajo, compartir información y comprender que nutrición, sanidad, confort y reproducción forman parte de un mismo sistema productivo.
La coordinación entre quienes toman las decisiones y quienes ejecutan las tareas cotidianas puede marcar la diferencia entre un manejo fragmentado y una estrategia integral orientada a mejorar la fertilidad, la producción de leche y la rentabilidad.