
Las infecciones intramamarias durante la crianza, la gestación y el período previo al parto pueden tener consecuencias que se extienden durante toda la primera lactancia de las vaquillonas.
Diferentes investigaciones recientes analizadas por el médico veterinario Dr. Eial Izak muestran que estos cuadros no solo afectan la salud de la ubre, sino que también pueden reducir la producción de leche, incrementar el riesgo de mastitis clínica y aumentar las probabilidades de descarte.
Las infecciones intramamarias (IIM) en las vaquillonas son conocidas desde hace décadas. Los primeros reportes sobre mastitis en estos animales datan de 1942 y, desde la década de 1980, numerosos trabajos comenzaron a documentar su prevalencia e incidencia.
Según los estudios recopilados por Izak, las infecciones producidas antes del parto y al inicio de la lactancia pueden interferir en el desarrollo de la glándula mamaria, comprometer la futura producción de leche y elevar el riesgo de problemas sanitarios y descarte. Incluso, una infección presente al momento del parto incrementa el riesgo de mastitis clínica durante la primera semana posterior al nacimiento.
Infecciones durante la gestación y daño en la glándula mamaria
Una investigación publicada en 2025 por Oliveira y colaboradores analizó el impacto de las infecciones intramamarias sobre el desarrollo de la glándula mamaria durante la etapa final de la gestación.
El trabajo involucró a 21 vaquillonas Holstein gestantes y comparó cuartos mamarios infectados experimentalmente con Staphylococcus aureus frente a cuartos contralaterales utilizados como control.
Los resultados mostraron que los cuartos infectados presentaron un mayor recuento de células somáticas y una mayor proporción de neutrófilos. El efecto fue particularmente significativo hacia el final de la gestación: a los 8,5 meses, las áreas luminales de las regiones periféricas de los cuartos infectados fueron casi 50% menores que las de los cuartos control.
De acuerdo con los investigadores, esto sugiere que las infecciones pueden provocar daño en el tejido mamario, alterar la remodelación de la glándula y comprometer su capacidad para acumular y secretar leche durante la futura lactancia.
Menos leche y mayor riesgo de descarte
Otro estudio, publicado por Singh y colaboradores en 2025, evaluó la relación entre las infecciones intramamarias presentes después del parto y distintos indicadores productivos y sanitarios durante los primeros 100 días de lactancia.
La investigación se realizó en un tambo de 4.500 vacas del estado de Nueva York, Estados Unidos. Entre sus principales resultados se encontró que las vaquillonas infectadas con Pasteurella multocida produjeron 8% menos leche que los animales sanos.
Además, las infecciones por distintos agentes estuvieron asociadas con mayores recuentos de células somáticas y con un incremento considerable del riesgo de mastitis clínica.
En particular, las vaquillonas infectadas con Streptococcus dysgalactiae, Streptococcus uberis y Pasteurella multocida presentaron una probabilidad de desarrollar mastitis clínica 4, 4,45 y 9,87 veces mayor, respectivamente, frente a las vaquillonas sanas.
También se observó un aumento del riesgo de descarte durante los primeros 100 días de lactancia. Para animales infectados con Staphylococcus aureus, por ejemplo, el riesgo fue 6,36 veces mayor.
Estos resultados refuerzan la importancia de considerar a las vaquillonas como una inversión productiva que debe ser protegida desde las primeras etapas de vida.
El vínculo entre la otitis en terneras y Mycoplasma
Uno de los hallazgos más llamativos corresponde a un estudio publicado en 2026 por Zapata-Salazar y colaboradores, que investigó los factores asociados a infecciones postparto por Mycoplasma spp.
El trabajo analizó 475 vaquillonas de un tambo de 4.500 vacas. De ellas, 95 fueron positivas para Mycoplasma spp.
El estudio encontró una asociación particularmente importante con los antecedentes de otitis durante la crianza. Las terneras que habían sufrido su primer episodio de otitis a los 23 días de edad o antes tuvieron 2,36 veces más probabilidades de resultar positivas a Mycoplasma spp. después del parto.
Asimismo, aquellas que habían presentado un número elevado de episodios de otitis tuvieron 2,93 veces más probabilidades de presentar la infección.
Estos resultados refuerzan la hipótesis de que las otitis recurrentes durante la crianza pueden constituir un factor de riesgo para la persistencia y posterior diseminación de Mycoplasma en los rodeos lecheros.
Por eso, el monitoreo de las infecciones de oído en las terneras aparece como un posible punto de intervención para reducir futuros problemas de mastitis.
El sellador interno, una herramienta de prevención
Entre las estrategias analizadas, el uso de selladores internos de pezones antes del parto aparece como una de las herramientas con mayor impacto preventivo.
Distintos trabajos citados en el informe muestran importantes reducciones en las infecciones intramamarias y en la incidencia de mastitis clínica.
Un estudio de Parker y colaboradores encontró que la aplicación de sellador interno entre cuatro y seis semanas antes del parto redujo en 74% el riesgo de infección intramamaria por cualquier patógeno, en 65% la prevalencia de infecciones postparto y en 70% la incidencia de mastitis clínica.
Otra investigación, de Robertson y colaboradores, registró una reducción del 80% de las infecciones intramamarias al parto y del 88% de la incidencia de mastitis clínica durante los primeros 30 días de lactancia en vaquillonas tratadas con sellador interno.
Además, las vaquillonas que recibieron este tratamiento produjeron 49 kilos más de leche y 5 kilos más de sólidos durante las primeras ocho semanas de lactancia.
El informe también destaca que los pezones que permanecen abiertos antes del parto presentan un riesgo considerablemente mayor de infección, debido a la ausencia del tapón de queratina que actúa como barrera natural.
Menos antibióticos, pero con decisiones basadas en datos
La prevención también plantea el desafío de reducir el uso innecesario de antibióticos sin comprometer la salud de la ubre.
Un ensayo publicado en 2026 por Peña-Mosca y colaboradores analizó 446 vaquillonas para evaluar si era posible omitir la terapia antibiótica de vaca seca al finalizar la primera lactancia.
Los resultados mostraron que eliminar completamente el tratamiento antibiótico aumentó la prevalencia temprana postparto de infecciones por bacterias grampositivas. Por este motivo, los autores concluyeron que no se recomienda omitir la terapia de vaca seca en todos los cuartos.
Sin embargo, el estudio encontró que una estrategia selectiva guiada por el recuento de células somáticas puede permitir una importante reducción del uso de antibióticos.
Según las estimaciones del trabajo, limitar el tratamiento antibiótico a los cuartos con un RCS superior a 400.000 células por mililitro podría reducir el uso de antibióticos al secado en 85,1%, sin afectar significativamente la prevalencia posterior de infecciones intramamarias por bacterias grampositivas.
La leche de descarte, otro posible punto de riesgo
El informe también incorpora un estudio realizado en 40 tambos de Chile sobre la presencia de Staphylococcus aureus en leche de descarte utilizada para alimentar terneras.
Se analizaron 589 hisopados nasales de terneras y 40 muestras de leche residual. S. aureus fue detectado en 11% de las terneras y en 40% de las muestras de leche de descarte.
Además, en cinco de los seis tambos donde se realizaron comparaciones genéticas, al menos un aislamiento de una ternera presentó un perfil genético idéntico al encontrado en la leche residual.
Los resultados sugieren un posible vínculo epidemiológico entre ambas fuentes y plantean que la alimentación con leche de descarte contaminada podría contribuir a la colonización de las terneras.
Prevenir desde la crianza
Los estudios reunidos por el Dr. Eial Izak coinciden en un punto central: la salud de la ubre de una futura vaca comienza mucho antes del primer ordeño.
Entre las medidas preventivas mencionadas se encuentran evitar el suministro de leche con mastitis clínica a las terneras, eliminar pezones supernumerarios durante la crianza, mejorar las condiciones ambientales e higiénicas de la crianza, recría y preparto, controlar las moscas, realizar un ordeño adecuado inmediatamente después del parto, priorizar el ordeño de las vaquillonas, utilizar selladores internos cuando corresponda y considerar estrategias de vacunación.
La detección temprana de problemas sanitarios durante la crianza también resulta fundamental. En particular, el seguimiento de las otitis puede contribuir a identificar animales con mayor riesgo futuro de infecciones por Mycoplasma.
Las vaquillonas representan una inversión significativa para cualquier establecimiento lechero. Por eso, proteger su salud mamaria desde las primeras etapas de vida no solo permite reducir los casos de mastitis, sino que puede traducirse en más producción, menor descarte, mayor longevidad y una mejor rentabilidad del rodeo.