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Barro, Calor y Moscas: Las Claves Para Preparar Los Tambos Ante El Verano


Aunque los pronósticos anticipan un fenómeno de El Niño menos severo de lo previsto, los excesos hídricos y las altas temperaturas seguirán representando un desafío para los sistemas lecheros. 

El ingeniero agrónomo Marcos Minetti, de Progressive Dairy Solutions (PDS), brindó recomendaciones de manejo para prevenir enfermedades, reducir el estrés calórico y sostener la producción del rodeo.

El verano suele poner a prueba a los establecimientos lecheros. El calor, la humedad, el barro y la proliferación de moscas afectan el bienestar de los animales, reducen el consumo de alimento y pueden provocar importantes caídas en la producción de leche. Frente a este escenario, la preparación anticipada y la implementación de medidas preventivas resultan fundamentales.

En una charla organizada por Vetanco, el ingeniero agrónomo Marcos Minetti, integrante de Progressive Dairy Solutions (PDS), analizó los principales desafíos que enfrentan los tambos durante los meses de mayores temperaturas y explicó qué acciones pueden implementarse para minimizar el impacto de las condiciones climáticas adversas.

El barro, un problema que requiere anticipación

Los excesos hídricos han afectado a prácticamente todos los sistemas productivos, desde los establecimientos pastoriles hasta los que trabajan con corrales secos o dry lots. Mientras algunos lograron atravesar las dificultades con mejores resultados, otros todavía necesitan recuperar camas, corrales y sectores de circulación.

En este contexto, Minetti recomendó revisar con anticipación los drenajes, las pérdidas de agua, las alcantarillas y las pendientes de los caminos. También consideró importante reparar los accesos al tambo y estabilizar los corredores por los que circulan los animales.

Para los grupos más susceptibles, como las vacas en preparto, las recién paridas y las de mayor producción, el especialista propuso disponer, cuando sea posible, de dos corrales por plantel. Esta alternativa permite contar con espacios disponibles para realizar tareas de recuperación y acondicionamiento.

En los establecimientos con ensenadas y sistemas dry lot, cuando el barro ya está instalado, una opción consiste en retirar la capa superficial hasta alcanzar suelo firme y reconstruir posteriormente la cama. Para estos trabajos pueden utilizarse herramientas como cinceles, rastras de discos o dientes y palas rectas de corte.

El objetivo es garantizar que las vacas dispongan de una superficie adecuada para echarse y descansar, una condición fundamental para preservar su bienestar y mantener su desempeño productivo.

Bienestar animal y prevención sanitaria

La humedad y el barro también incrementan los desafíos sanitarios. Por eso, el manejo de la carga animal, la disponibilidad de sectores elevados y el acondicionamiento de las camas son aspectos centrales para atravesar los períodos de lluvias.

Minetti recomendó disponer de superficies generosas, del orden de los 20 metros cuadrados por vaca, y reforzar las camas con materiales secos como cáscara de maní, aserrín, paja de trigo o sorgo y material seco proveniente de corrales.

Otro factor determinante es el acceso al agua. Los animales deben contar con agua limpia, fresca y disponible en todo momento. Una vaca lechera puede consumir más de 100 litros diarios, por lo que cualquier limitación puede afectar tanto su bienestar como su producción.

A estas medidas se suma la necesidad de prestar especial atención a las enfermedades podales y a la proliferación de moscas, cuya presencia puede agravarse bajo determinadas condiciones ambientales y de manejo.

En los sectores de recría, mantener los pisos limpios y en buenas condiciones favorece el desplazamiento de los animales y facilita su acceso a los comederos, contribuyendo a sostener un consumo adecuado de alimento.

Proteger el alimento y acondicionar los patios de comida

La alimentación también requiere cuidados específicos durante los períodos de lluvias. El heno y los demás alimentos deben mantenerse protegidos del agua para evitar pérdidas y conservar su calidad.

Entre las alternativas para mejorar las condiciones de los patios de comida, el especialista mencionó la utilización de superficies elevadas, pisos de cemento con paredes de contención y celdas de alimentación.

Asimismo, recomendó mantener estos espacios libres de malezas, asegurar un escurrimiento adecuado del agua y evitar que el alimento quede expuesto a la intemperie o acumulado en el suelo sin protección.

La planificación de estas instalaciones permite reducir pérdidas, mejorar las condiciones de higiene y facilitar las tareas cotidianas del personal.

El estrés calórico, otro factor que reduce la producción

Con la llegada de las altas temperaturas, el estrés calórico se convierte en otra de las principales amenazas para los sistemas lecheros. Cuando los animales no logran disipar el calor corporal, modifican su comportamiento, aumenta su frecuencia respiratoria y disminuye el consumo de materia seca. Estas alteraciones repercuten directamente sobre la producción.

Para reducir estos efectos, Minetti destacó la importancia de limitar la radiación solar mediante la instalación de cubiertas de chapa, tela, fibra o estructuras elaboradas con cintas de goteo trenzadas. Estos sistemas pueden ser fijos o móviles, según las características y necesidades de cada establecimiento.

La refrigeración mediante ventilación y aspersión también cumple un papel fundamental, especialmente en galpones, corrales de espera y sectores destinados al refrescado de los animales. Incluso las calles de comida pueden acondicionarse con sistemas de ventilación y refrigeración para mejorar las condiciones ambientales.

El especialista subrayó, además, la conveniencia de automatizar estos mecanismos para asegurar su funcionamiento oportuno y evitar que su puesta en marcha dependa exclusivamente de las decisiones del personal.

En materia productiva, Minetti destacó la importancia de un adecuado refrescado del rodeo y señaló que seis kilos adicionales de leche por vaca representan aproximadamente 1.200 litros a lo largo de una lactancia, un ejemplo del impacto que puede tener el manejo del estrés calórico.

La recuperación nocturna también importa

Las estrategias para enfrentar el calor no deben limitarse a las horas de mayor temperatura. Minetti advirtió que también es necesario monitorear las condiciones nocturnas y evaluar si los animales logran recuperarse del estrés acumulado durante el día.

La combinación de sombra, ventilación, aspersión, agua disponible y un manejo adecuado de los espacios permite reducir el impacto de las altas temperaturas sobre el rodeo.

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