
Un estudio desarrollado por especialistas del INTA en Chilecito demostró que es posible reducir hasta un 13 % el consumo anual de agua en olivares superintensivos sin afectar la productividad ni la calidad del aceite de oliva. La investigación se realizó en el marco de un convenio con la Universidad Nacional de Chilecito y la empresa Unión Agraria.
El trabajo evaluó la aplicación de riego deficitario controlado en tres momentos clave del cultivo: prefloración, previo al endurecimiento de carozo y durante la síntesis de aceite. Los ensayos se desarrollaron sobre la variedad Arbequina y analizaron además distintos tipos y momentos de poda mecánica en olivares manejados en sistema superintensivo.
María Andrea Calahorra, investigadora del INTA Chilecito, explicó que “tras tres años de estudios se comprobó que reducir el riego en un 50 % entre mediados de agosto y mediados de octubre permitió ahorrar un 13 % del agua anual, sin disminuir la producción de aceite en ninguno de los años evaluados”.
La investigación buscó mejorar la eficiencia en el uso del agua, controlar el crecimiento vegetativo, optimizar la extractabilidad del aceite y potenciar atributos sensoriales y químicos del producto final. Para ello se aplicó la estrategia de riego deficitario controlado, que consiste en suministrar cantidades inferiores de agua en etapas del ciclo donde el cultivo tolera mejor el estrés hídrico.
Actualmente, la superficie implantada con olivos en Argentina alcanza unas 85.200 hectáreas. La Rioja lidera la producción con aproximadamente 25.000 hectáreas, seguida por Catamarca, Mendoza, San Juan, Córdoba, Buenos Aires y Río Negro.
En paralelo, desde el INTA destacan la expansión del sistema de olivar en seto, caracterizado por plantaciones en hileras estrechas y homogéneas que permiten mecanizar completamente las tareas de poda y cosecha mediante máquinas cabalgantes. Según un relevamiento realizado en enero de 2025, este modelo ya ocupa unas 3500 hectáreas en Chilecito.
Estas plantaciones superintensivas, con densidades de entre 1500 y 2000 árboles por hectárea, ofrecen ventajas como mayor precocidad, altos rendimientos y adaptación a cosechadoras continuas. No obstante, los investigadores remarcan la importancia de mantener las dimensiones adecuadas de los setos mediante poda mecánica, para garantizar tanto la eficiencia operativa como la calidad del aceite producido.
A futuro, el equipo de investigación proyecta incorporar nuevas líneas de trabajo orientadas a mejorar los procesos en almazara, con el objetivo de maximizar el rendimiento industrial y obtener aceites de oliva virgen extra con mayor estabilidad oxidativa y mejor concentración de fenoles totales.