
El vino elaborado con uva Malbec continúa consolidándose como el emblema vitivinícola argentino.
Según el último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el despacho en el mercado interno de esta cepa creció un 2,4% interanual durante 2025, manteniendo además una marcada preferencia del consumidor por el formato fraccionado en botella, que representa el 98,4% del volumen comercializado.
La variedad ocupa el 23,9% de la superficie total de vid del país y lidera tanto el consumo interno como las exportaciones de vinos varietales. Al cierre de 2025, Argentina registró 46.890 hectáreas cultivadas con Malbec, lo que la posiciona como la cepa más implantada, con el 42,6% del total de variedades tintas aptas para vinificación.
En el mercado local, el Malbec reafirma su liderazgo con el 54% de las ventas totales de varietales, alcanzando un volumen de 1.268.186 hectolitros comercializados durante el año.
En cuanto al comercio exterior, las exportaciones de Malbec —incluyendo sus cortes— totalizaron 1.172.721 hectolitros, generando ingresos por 404,7 millones de dólares. Esta cepa representa el 71,9% del volumen total de vinos varietales exportados por Argentina y llega a 114 países. Entre los principales destinos se destacan el Reino Unido (33,8%) y Estados Unidos (21,2%).
Originaria de la región de Burdeos, en Francia, la uva Malbec tiene antecedentes que se remontan al período prefiloxérico, cuando integraba los tradicionales cepajes del sudoeste francés. Su origen genético proviene del cruzamiento natural entre Magdeleine Noir y Prunelard, identificado mediante estudios ampelográficos y análisis de ADN por investigadores como Pierre Galet, Jancis Robinson y José Vouillamoz.
En Francia también es conocida por sinónimos como Côt, Auxerrois y Pressac, y tuvo un desarrollo destacado en la región de Cahors.
En Argentina, los vinos Malbec se distinguen por su consistencia y tipicidad, con perfiles que combinan buena estructura, acidez equilibrada, intensos colores violáceos y una marcada expresión frutal —ciruelas, moras y cerezas— junto a notas florales como violetas. Estas cualidades, sumadas a su adaptabilidad a distintos terroirs, han sido clave para su posicionamiento como la variedad insignia del país.