
El último informe de Ganadería y Finanzas de Rosgan deja una señal clara de enfriamiento en los movimientos de hacienda, particularmente en el eslabón inicial de la cadena, con implicancias que van más allá de un simple bache estacional y que obligan a mirar con atención el rumbo del nuevo ciclo productivo.
Fuerte caída en la salida de terneros
Durante enero, el traslado de terneros y terneras desde los campos de cría hacia destinos de invernada y recría totalizó apenas 346.426 cabezas, lo que representa una caída del 48% respecto de diciembre y, aún más significativo, un retroceso interanual del 43% frente a enero de 2025. Se trata de uno de los niveles más bajos para un mes de enero en los últimos años y genera una lógica cautela a la hora de proyectar la disponibilidad futura de hacienda liviana.
Rosgan señala que esta contracción no necesariamente responde a una menor producción, sino que puede explicarse por una combinación de factores coyunturales y estructurales. Por un lado, la demora en los destetes, favorecida por el buen estado corporal de la hacienda, incentiva a los criadores a retener los terneros algunos kilos más, apostando a mejores precios por animales más pesados. En un contexto de valores firmes, esta estrategia cobra sentido económico.
Por otro lado, aparece un factor operativo clave: la implementación obligatoria del sistema de caravana electrónica desde el 1° de enero, que habría ralentizado los primeros movimientos del año. Los tiempos de adaptación en los campos, la logística y los registros oficiales podrían haber postergado salidas que, de otro modo, se hubieran concretado en enero.
Menor oferta para faena, pero con alta participación de hembras
La oferta de hacienda con destino a faena también mostró señales de retracción. En enero se remitieron a plantas frigoríficas 1.005.146 cabezas, un 14% menos que en igual mes de 2025. Las mayores bajas se observaron en novillos, novillitos y vaquillonas, categorías clave para el abastecimiento interno y la exportación.
A pesar de la menor actividad general, la participación de hembras en la faena se mantuvo elevada, alcanzando el 47,8% del total. Este nivel no solo no mostró cambios respecto del mes previo, sino que se ubicó un punto porcentual por encima del registro interanual, lo que sigue encendiendo luces amarillas sobre la sustentabilidad del stock en el mediano plazo. Si bien no se trata aún de una fase claramente liquidatoria, la persistencia de estos porcentajes obliga a seguir de cerca la evolución del rodeo.
Feedlots: menos encierre mensual, pero más peso interanual
Al 1° de febrero, los feedlots registraban 1.810.533 bovinos encerrados, lo que implica una baja mensual del 2,3%, aunque todavía se ubican 7,2% por encima del mismo momento del año pasado. En enero, los ingresos a los corrales sumaron 324.986 cabezas, un 25% menos que en diciembre, mientras que los egresos crecieron 6,8% mensual, alcanzando 326.668 animales.
Este comportamiento confirma que, al menos en el arranque del año, los corrales operaron con una lógica más defensiva, priorizando la salida de hacienda terminada antes que el ingreso de terneros livianos. La menor entrada directa desde la cría refuerza la idea de un cambio en la estrategia de engorde, con mayor protagonismo de la recría previa.
Precios firmes en un contexto de menor oferta
A pesar del menor movimiento físico de hacienda, los precios se mantuvieron firmes. En enero, el Índice de Novillo del Mercado Agroganadero promedió $4.116,5, con una mejora mensual del 0,8%, en un contexto donde la oferta en el mercado cayó 7,5% respecto de diciembre.
En el plano internacional, el Índice Novillo Mercosur alcanzó los USD 4,45 por kilo carcasa, el valor más alto desde fines de abril de 2022. Este repunte estuvo impulsado principalmente por la debilidad del dólar estadounidense frente a las monedas sudamericanas, lo que mejora la competitividad regional y sostiene los precios en dólares, aun en un escenario global más ajustado.
Más recría a campo y cambios en la integración de la cadena
Uno de los datos más relevantes del informe es que durante 2025 más del 76% de los terneros y terneras salió de los campos de cría con destino a establecimientos no registrados como feedlots, lo que sugiere una mayor recría a campo antes de la terminación. Paralelamente, creció el peso relativo del feedlot en la faena total: se estima que un 33% de los animales faenados provino directamente del corral, y que cerca del 37% de la faena del último año pasó por algún esquema de encierre.
Este modelo híbrido —recría a campo seguida de un encierre más corto— gana terreno porque permite acortar los ciclos de feedlot, mejorar la eficiencia de conversión, reducir costos asociados a dietas concentradas y, al mismo tiempo, lograr animales más pesados al momento de la faena. Además, optimiza el uso de los recursos forrajeros y mejora la ecuación económica en un contexto de insumos todavía elevados.
Mirada a 2026: equilibrio frágil y mayor volatilidad
Según las proyecciones del USDA, en 2026 se espera una leve caída en la producción mundial de carne vacuna, junto con un consumo interno más moderado, en un escenario atravesado por ajustes macroeconómicos y cambios en los hábitos de demanda. A nivel global, se proyecta un aumento de las importaciones y una reducción marginal de las exportaciones, configurando un equilibrio delicado entre oferta y demanda que podría sostener precios firmes, aunque con mayor volatilidad.
En este contexto, la interpretación de la baja salida de terneros en enero será clave. Si se trata mayormente de un fenómeno operativo y transitorio, el mercado podría absorberlo sin mayores sobresaltos. Pero si estos niveles de oferta se sostienen en el tiempo, estaríamos frente a una transformación más profunda del sistema productivo, con más recría a campo, animales más pesados y una nueva dinámica de integración entre cría, invernada, feedlot e industria.
De confirmarse este escenario, el desafío para 2026 no será solo productivo, sino también comercial y financiero: recalibrar precios relativos, flujos de hacienda y estrategias de planificación para capturar valor sin comprometer la sustentabilidad del rodeo. Una transición que puede mejorar la eficiencia del sistema, pero que exigirá decisiones finas y lectura atenta del mercado.