Escúchanos en vivo ▶️ Radio Cadenanet

Caída En La Producción Cárnica


A poco más de una semana de haberse dado a conocer el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Argentina, que entre sus puntos más relevantes contempla la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna desde las actuales 20.000 toneladas hasta 100.000 toneladas anuales sin aranceles, comienzan a encenderse luces de alerta dentro de la cadena de ganados y carnes.

 Lejos de generar entusiasmo pleno, los números correspondientes a enero muestran un escenario complejo y poco alentador para el sector.

El desafío central pasa por encontrar un delicado equilibrio entre exportaciones y abastecimiento del mercado interno. La Argentina, históricamente reconocida por su cultura carnívora y por un consumo per cápita elevado, enfrenta hoy una encrucijada: si no logra aumentar de manera sostenida la producción total de carne vacuna, la mayor demanda externa podría derivar en tensiones significativas sobre los precios locales y en eventuales desajustes entre oferta y demanda.

En este contexto, el último informe difundido por el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC) aporta datos que preocupan. Durante enero de 2026 se registró una caída tanto en la faena como en la producción de carne bovina, un dato que, si bien puede explicarse parcialmente por factores estacionales propios de la ganadería argentina, no deja de ser una señal de advertencia en un momento clave.

Es cierto que los precios de la hacienda continúan firmes y que la estacionalidad suele jugar en contra durante los primeros meses del año. Sin embargo, el problema de fondo va más allá del calendario ganadero. Mientras que buena parte de las exportaciones destinadas a China no generan un impacto directo en el consumo interno —dado que se trata mayoritariamente de cortes que no forman parte de la dieta habitual del argentino—, el incremento del cupo con destino a Estados Unidos sí plantea un escenario distinto. El mercado norteamericano demanda cortes de alto valor que compiten directamente con los que se consumen en el país, lo que podría intensificar la puja entre el plato local y la góndola exportadora.

Esta situación se vuelve aún más delicada si se la analiza en el marco del deteriorado poder adquisitivo del trabajador argentino. Las diferencias entre el ingreso promedio en la Argentina y el de los consumidores estadounidenses son abismales. En ese contexto, si la oferta de carne no crece de manera significativa, el resultado más probable será un aumento de precios en las carnicerías, con el consiguiente impacto negativo sobre el consumo doméstico durante 2026.

Enero rojo: fuerte caída en faena y producción

De acuerdo con los datos del Consorcio ABC, durante enero de 2026 la faena bovina se ubicó en torno a 1,014 millones de cabezas. Este volumen representa una caída del 10,4% respecto de diciembre de 2025, lo que equivale a unas 118.100 cabezas menos enviadas a los frigoríficos. La comparación interanual tampoco resulta favorable: frente a enero de 2025, la faena se redujo un 11,8%, es decir, unas 136.200 cabezas menos.

Si se ajustan las cifras por la cantidad de días hábiles —21 en enero contra 20 en diciembre—, la contracción resulta todavía más marcada, con una baja del 14,7% en el nivel de actividad. Este dato refleja que la desaceleración no es meramente estadística, sino que responde a una menor disponibilidad efectiva de hacienda para faena.

En línea con esta caída, la producción de carne bovina durante enero de 2026 alcanzó aproximadamente 239.100 toneladas equivalente res con hueso. Esto implica una reducción del 8,1% en comparación con diciembre del año pasado y una caída cercana al 10% respecto de enero de 2025. En términos absolutos, se trata de miles de toneladas menos ingresando al circuito comercial, tanto interno como externo.

El peso de la carcasa, una variable clave que aún no alcanza

Uno de los caminos más señalados por analistas y referentes del sector para aumentar la producción sin incrementar la faena es mejorar el peso promedio de las carcasas. En enero se observó una leve mejora en este indicador: el peso promedio se ubicó en 235,7 kilogramos, lo que representa un aumento del 2,6% respecto de diciembre y del 2,1% frente a enero del año anterior.

Si bien esta suba es positiva, resulta insuficiente para compensar la caída en la cantidad de animales faenados. La industria frigorífica argentina todavía se encuentra lejos de lograr un esquema en el que el aumento de peso permita sostener o incrementar la producción total con una faena estable. Las limitaciones estructurales, los costos de alimentación, la situación de los feedlots y las decisiones de los productores juegan un rol central en esta ecuación.

Invernada, recría y feedlots: señales mixtas

En el mercado ganadero se observan algunos movimientos interesantes, como una mayor apuesta a la recría y un feedlot que comienza a ganar participación en la faena. Sin embargo, estos cambios requieren tiempo para traducirse en un aumento concreto de la producción. La transición hacia sistemas más eficientes y con mayor peso de salida no es inmediata y necesita condiciones macroeconómicas estables, previsibilidad y reglas claras.

En definitiva, la ampliación del cupo de exportación hacia Estados Unidos representa una oportunidad histórica para la carne argentina, pero también expone las debilidades de la cadena productiva. Sin una estrategia clara para incrementar la producción total, el riesgo de tensiones en el mercado interno es alto. El desafío para los próximos meses será evitar que el crecimiento exportador se transforme en un factor de presión adicional sobre el consumo local, en un país donde la carne vacuna sigue siendo mucho más que un alimento: es parte de su identidad cultural y social.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente