
El manejo adecuado de las pasturas se consolida como uno de los pilares centrales para mejorar la productividad, la estabilidad económica y la sustentabilidad ambiental de la ganadería del sur bonaerense.
Así lo planteó el ingeniero agrónomo José Massigoge, técnico del INTA Barrow, quien destacó que, en un contexto marcado por una alta variabilidad climática, suelos de aptitud media y frecuentes restricciones hídricas, la eficiencia en el uso del recurso forrajero es clave para producir más carne por hectárea sin comprometer el sistema a largo plazo.
Durante una de las paradas técnicas de la Jornada a Campo organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), realizada en diciembre en el establecimiento La María Luisa, en el partido de Tres Arroyos, Massigoge remarcó que los sistemas ganaderos más estables de la región tienen como base una planificación integral de la alimentación animal.
En este sentido, subrayó la necesidad de diseñar una “cadena forrajera equilibrada”, que contemple la combinación estratégica de pasturas perennes, verdeos de invierno y de verano, y cultivos destinados a la confección de reservas.
Según explicó, las pasturas perennes cumplen un rol estructural dentro de los planteos ganaderos del sur bonaerense, ya que aportan estabilidad productiva en el tiempo, especialmente en años climáticamente adversos. Entre sus principales ventajas mencionó una mayor producción acumulada de forraje, una mejor cobertura del suelo —que reduce significativamente el riesgo de erosión—, un uso más eficiente del agua almacenada en el perfil y una disminución de los costos productivos, al requerir menos resiembras frecuentes en comparación con los sistemas basados únicamente en verdeos anuales.
En cuanto a la elección de especies, Massigoge recomendó esquemas que integren alfalfa, festuca, cebadilla y pasto ovillo, complementados con leguminosas, lo que permite lograr una oferta forrajera más pareja durante gran parte del año. Esta combinación resulta especialmente valiosa para cubrir la demanda invernal y primaveral, momentos críticos para muchos sistemas ganaderos de la región.
El técnico del INTA también hizo hincapié en el rol estratégico de los verdeos invernales —como avena, raigrás y centeno— y de las pasturas estivales —sorgos forrajeros, moha y mijo— para cubrir los baches de producción de forraje. Estas alternativas permiten sostener la carga animal, evitar el sobrepastoreo de las pasturas base y atravesar con mejores resultados los períodos de menor crecimiento vegetal, tanto por frío como por déficit hídrico.
No obstante, Massigoge aclaró que la elección de especies, si bien es importante, no alcanza por sí sola. Uno de los ejes centrales de su exposición fue el manejo del sistema. Señaló que muchas pérdidas de productividad se originan en errores de planificación y en un uso inadecuado del recurso forrajero. Por ello, recomendó anticiparse mediante una planificación detallada de la cadena forrajera, identificando claramente los momentos de déficit y de excedente de pasto, ajustando la carga animal a la oferta real disponible y respetando las fechas óptimas de siembra para cada cultivo.
Asimismo, aconsejó realizar análisis de suelo de manera periódica para definir, cuando corresponda, una correcta estrategia de fertilización que permita sostener el rendimiento y la persistencia de las pasturas. En la misma línea, destacó la importancia de implementar sistemas de pastoreo rotativo, que garanticen el descanso adecuado de las plantas, mejoren la eficiencia de aprovechamiento del forraje y contribuyan a la longevidad de las pasturas.
Finalmente, Massigoge planteó la conveniencia de transformar los excedentes forrajeros en reservas —como rollos o silos— para su utilización en los períodos críticos. Esta práctica no solo aporta previsibilidad al sistema, sino que reduce la dependencia de suplementos externos y amortigua el impacto de eventos climáticos adversos.
De acuerdo con el técnico del INTA Barrow, los sistemas ganaderos que logran estabilizar su base forrajera muestran mejoras concretas en los principales indicadores productivos: mayor producción de carne por hectárea, acortamiento de los ciclos de engorde, mejor eficiencia de conversión y una mayor resiliencia frente a la variabilidad climática. En definitiva, el buen manejo de las pasturas se presenta como una herramienta clave para construir una ganadería más eficiente, rentable y ambientalmente responsable en el sur bonaerense.