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Uso De Forraje En Recría De Vaquillas.



En el INTA EEA Corrientes se desarrolló una experiencia a campo con el objetivo de evaluar el impacto del uso de forraje diferido durante el invierno sobre la ganancia de peso de vaquillas de reposición en su primer año de recría, una etapa clave para la eficiencia futura de los sistemas de cría bovina del NEA.

El trabajo, titulado “Uso de recursos forrajeros diferidos para la recría de vaquillas”, fue llevado adelante por los profesionales del INTA EEA Corrientes Luis Gándara, María Mercedes Pereira y Dante Pueyo, y se enmarca en la búsqueda de alternativas tecnológicas que permitan sostener el crecimiento animal en uno de los períodos más críticos del año.


Importancia del contexto productivo

Reducir la edad al primer entore es uno de los principales desafíos de los sistemas de cría bovina, ya que tiene un impacto directo en la eficiencia global del rodeo. Incorporar vaquillas más jóvenes al servicio permite aumentar la cantidad de terneros producidos a lo largo de la vida útil de la vaca, mejorar el aprovechamiento de los recursos forrajeros y optimizar los costos del sistema.

Para alcanzar este objetivo, resulta indispensable que las vaquillas logren un crecimiento sostenido durante la recría, alcanzando el peso vivo y el desarrollo corporal adecuados al momento del primer servicio. 

En la región NEA, este proceso suele verse favorecido durante la primavera, el verano y parte del otoño, cuando la oferta de forraje es abundante y de buena calidad. Sin embargo, el invierno representa un cuello de botella productivo, debido a la marcada disminución en cantidad y calidad del pasto, lo que puede provocar pérdidas de peso o ganancias insuficientes si no se implementan estrategias de manejo adecuadas.

Frente a este escenario, el uso de forraje diferido surge como una herramienta de manejo relevante, ya que permite acumular biomasa durante los meses de mayor crecimiento vegetal para su utilización estratégica en los períodos de escasez.


Diseño y metodología del ensayo

La experiencia se desarrolló entre los meses de mayo y septiembre de 2022, abarcando un total de 138 días, en condiciones de clima subtropical húmedo. La zona presenta una temperatura media anual de 21,3 °C y precipitaciones promedio cercanas a 1200 mm anuales, características típicas del centro-sur de Corrientes.

Se trabajó con dos recursos forrajeros diferidos:

  • Pastizal natural: un lote de 28 hectáreas, dominado principalmente por Sorghastrum setosum y Andropogon lateralis, con presencia de especies de buen valor forrajero como Paspalum notatum, Paspalum plicatulum y Axonopus affinis.

  • Pastura implantada de pasto pangola (Digitaria decumbens): un lote de 15 hectáreas.

Ambos potreros fueron clausurados en marzo, permitiendo la acumulación de forraje otoñal. Al inicio del pastoreo invernal, se registró una disponibilidad de 3357 kg de materia seca (MS) por hectárea en el pastizal natural y 2658 kg MS/ha en la pastura de pangola, valores que aseguraron una adecuada oferta forrajera inicial.

El manejo se realizó bajo pastoreo continuo, con una carga animal equivalente a 400 kg de peso vivo por hectárea. Se utilizaron vaquillas Braford de entre 8 y 10 meses de edad, representativas de los sistemas de cría regionales. Luego de un período de adaptación de dos semanas, se realizaron controles de peso cada 28 días para monitorear la evolución del crecimiento.


Suplementación y manejo sanitario

Con el objetivo de cubrir posibles déficits nutricionales propios del invierno, la alimentación se complementó con:

  • Suplemento mineral ad libitum, compuesto por sodio y calcio, con una concentración de 12 % de Ca y 6 % de fósforo (P).

  • Ración balanceada diaria, suministrada al 1,2 % del peso vivo, con 16 % de proteína bruta (PB) y una densidad energética de 2,4 Mcal/kg de MS de energía metabolizable (EM).

Asimismo, se aplicó el calendario sanitario recomendado para la región, asegurando condiciones sanitarias adecuadas para no interferir en la interpretación de los resultados productivos.


Resultados obtenidos

Los resultados mostraron que las ganancias de peso promedio fueron similares en ambos tratamientos, tanto en el pastizal natural como en la pastura de pangola diferida. En ambos casos, las vaquillas lograron ganancias cercanas a los 500 gramos por animal por día, un valor considerado satisfactorio para esta categoría durante el período invernal.

La elevada biomasa acumulada durante el otoño permitió mantener una oferta forrajera suficiente a lo largo del invierno, lo que contribuyó a sostener el consumo voluntario de las vaquillas y a reducir la dependencia de suplementos concentrados.

Un aspecto relevante del ensayo fue que, en comparación con las recomendaciones regionales habituales, que suelen indicar un consumo de 200 a 300 kg de balanceado por animal durante el invierno, el consumo efectivo de concentrado fue sensiblemente menor, sin que ello afectara negativamente las ganancias de peso.


Conclusiones y aportes al sistema de cría

La experiencia demuestra que el uso estratégico de forrajes diferidos, tanto de pastizales naturales como de pasturas implantadas, combinado con una suplementación moderada y bien ajustada, permite sostener tasas de crecimiento adecuadas en vaquillas de recría durante el invierno en el NEA.

Esta estrategia no solo mejora el aprovechamiento de los recursos forrajeros propios del establecimiento, sino que también contribuye a reducir costos de alimentación, disminuir la dependencia de insumos externos y mejorar la resiliencia del sistema frente a la variabilidad climática.

Desde el punto de vista productivo, sostener ganancias de peso cercanas a 500 g/animal/día durante el invierno facilita el logro de los pesos objetivo al primer servicio, abriendo la posibilidad de reducir la edad al primer entore (15, 18 o 24 meses, según el sistema), con impactos positivos en la eficiencia reproductiva y en la productividad del rodeo en el mediano y largo plazo.

En síntesis, el manejo del forraje diferido se consolida como una herramienta clave para mejorar la recría de vaquillas en la región NEA, integrando criterios de eficiencia productiva, económica y de uso racional de los recursos forrajeros disponibles.

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