
La producción lechera argentina se encamina a cerrar 2025 con un crecimiento cercano al 10% interanual, consolidando una recuperación productiva que se viene observando desde mediados del año. Así lo señala el último informe mensual de la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca del Oeste Bonaerense (Caprolecoba), que destaca un buen desempeño productivo durante noviembre y un escenario general aún favorable desde el punto de vista agronómico.
Sin embargo, el documento advierte que comienzan a acumularse señales de alerta vinculadas a la rentabilidad, el comportamiento del mercado interno y la evolución climática de los próximos meses.
Según el relevamiento de la entidad, el aumento de la producción estuvo fuertemente apoyado en condiciones de campo y clima que resultaron positivas durante gran parte del año. Las lluvias oportunas y la disponibilidad forrajera permitieron sostener buenos niveles de producción por vaca y un mayor aprovechamiento del rodeo. En ese marco, el gerente de Caprolecoba, Daniel Villulla, proyectó que el volumen total de leche producido en 2025 podría ubicarse alrededor de un 10% por encima del registrado en 2024, un dato significativo para un sector que viene de varios años de altibajos.
No obstante, el informe plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este crecimiento. “¿Se podría frenar el ímpetu con el que venimos?”, se pregunta Villulla, al analizar el deterioro progresivo de la relación precio/costo que enfrentan los tambos. Desde mediados de año, esa ratio comenzó a empeorar de manera sostenida: mientras el precio de la leche pagado al productor se mantuvo prácticamente estancado, los costos siguieron aumentando, presionados por insumos dolarizados, servicios, energía y mano de obra.
Diciembre marcó además el inicio del descenso estacional de la producción, un fenómeno habitual en el sector. Si bien en esta campaña la caída aparece por ahora más “suavizada” que el promedio histórico, desde Caprolecoba advierten que, de persistir el actual escenario económico, el impacto podría profundizarse en los próximos meses. A esto se suma que los precios de la carne se mantienen en niveles elevados, lo que vuelve a instalar la clásica disyuntiva productiva del verano: destinar recursos al tambo o acelerar decisiones de descarte y venta de animales.
“El campo y el clima han ayudado mucho, pero si los números no cierran, el impulso productivo puede frenarse”, subraya el informe. En ese sentido, la entidad remarca que la actividad tambera requiere previsibilidad y señales claras, especialmente en materia de precios y políticas sectoriales, para sostener decisiones de inversión, reposición de vientres y manejo del rodeo en el mediano plazo.
Del lado de la demanda, el panorama tampoco resulta alentador. El consumo interno continúa débil, afectado por la pérdida de poder adquisitivo y un patrón de ventas muy apoyado en promociones y descuentos. Esto genera una presión adicional sobre la industria, que en algunos casos aparece con niveles de stock elevados, limitando su capacidad de trasladar mejores precios al productor. La fragilidad del mercado interno se convierte así en un factor clave a la hora de analizar la rentabilidad de toda la cadena.
En cuanto al mercado externo, el informe señala que los precios internacionales de los lácteos mostraron una baja gradual durante el segundo semestre de 2025, con un retroceso más marcado hacia el cierre del año. Si bien Caprolecoba estima que los valores podrían haber alcanzado un piso y mantenerse relativamente estables durante el primer trimestre de 2026, recién después de ese período podría vislumbrarse una eventual recuperación, siempre sujeta a la evolución de la oferta global y la demanda de los principales países importadores.
El clima ocupa un lugar central en el análisis. En el Oeste bonaerense, la primavera se desarrolló con lluvias periódicas de intensidad moderada, aunque con una distribución desigual. En algunas zonas, especialmente las más arenosas, la capa superficial del suelo mostró signos de secado, aunque los perfiles profundos todavía conservan buenas reservas de humedad. Este factor ha sido clave para sostener las pasturas y la producción forrajera.
Caprolecoba destaca además que, hasta el momento, el fenómeno de La Niña no generó un impacto negativo significativo en el régimen de precipitaciones de la región. Incluso, se menciona la posibilidad de una transición hacia condiciones neutrales a partir de febrero, lo que aportaría un marco de mayor tranquilidad de cara a 2026. Sin embargo, el Servicio Meteorológico Nacional prevé para el trimestre diciembre–enero–febrero precipitaciones normales o inferiores a lo normal, junto con temperaturas superiores a los promedios históricos. Este “combo” climático obliga a los productores a mantenerse atentos, ya que un escenario de calor intenso y lluvias escasas podría afectar tanto el bienestar animal como la disponibilidad de forraje y, en consecuencia, los niveles de producción.
En síntesis, el sector lechero argentino cierra 2025 con números productivos positivos y una recuperación significativa en volumen, pero enfrenta desafíos estructurales que ponen en duda la continuidad de ese crecimiento. La evolución de los costos, la debilidad del consumo interno, el comportamiento de los mercados externos y la incertidumbre climática serán variables determinantes para definir si el buen desempeño observado hasta ahora logra sostenerse en el inicio de 2026.