
La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) dio a conocer un nuevo informe sobre la rentabilidad del agro, poniendo el foco en el peso de los impuestos, la evolución de los costos productivos y el impacto del contexto macroeconómico sobre los ingresos del productor.
El relevamiento vuelve a mostrar un escenario desafiante para el sector, donde más de la mitad del resultado económico queda absorbido por la carga impositiva.
Según el estudio, la participación de los impuestos en la renta agrícola superó el 56%, lo que significa que de cada $100 generados por una hectárea agrícola promedio, más de $56 se destinan al pago de tributos nacionales, provinciales y municipales. Este nivel de presión fiscal continúa siendo uno de los principales factores que limitan la rentabilidad y la capacidad de inversión del productor, especialmente en un contexto de márgenes ajustados y alta volatilidad de precios.
En cuanto a los costos, FADA señala que los insumos registraron una suba del 9,2% en el período analizado, mientras que los fletes aumentaron un 10,6%. Estos incrementos se dan en un marco de inflación elevada y afectan directamente la estructura de costos de los planteos agrícolas.
Las labores, en particular, mostraron un aumento promedio del 9,2% en pesos respecto al índice de septiembre, superando la inflación estimada del 7,2% para el mismo lapso. En términos interanuales, el incremento de las labores fue del 31%, en línea con la dinámica inflacionaria, lo que refleja que, aunque no hubo un encarecimiento real, sí se consolidan costos elevados en términos absolutos.
El informe también analiza el impacto del actual esquema de flotación cambiaria. El dólar oficial opera dentro de una banda con un límite inferior y uno superior, que en diciembre se ubica entre $923 y $1.516. Entre septiembre y diciembre, el tipo de cambio oficial tuvo una suba del 3,2%, lo que genera un impacto positivo sobre los ingresos en pesos que percibe el productor por la venta de sus granos, dado que buena parte de los precios agrícolas están dolarizados. Sin embargo, este efecto positivo resulta parcial y, en muchos casos, insuficiente para compensar el aumento de costos internos y la elevada carga impositiva.
Respecto de los fletes, el estudio destaca que los costos logísticos aumentaron tanto en pesos como en dólares. Comparados con septiembre, los fletes se ubicaron un 10,6% por encima en pesos y un 3,5% en dólares. En la comparación interanual, respecto a diciembre de 2024, presentan una suba del 5,3% en pesos, pero una baja significativa del 27,1% en dólares. Esta caída en dólares se explica, en parte, por la recomposición del tipo de cambio y la dinámica de los precios internacionales, aunque en términos de caja para el productor, el costo logístico sigue siendo un componente relevante, especialmente para las zonas alejadas de los puertos.
Un punto central del informe es el análisis de la relación insumo-producto, que permite medir cuántas toneladas de grano se necesitan para adquirir una tonelada de insumo, en este caso UREA. Actualmente, se requieren 2,6 toneladas de maíz por cada tonelada de UREA, mientras que en trigo la relación es de 2,9. En la medición de diciembre de 2024, estos valores eran de 2,8 para maíz y 2,4 para trigo. Esto implica que, en el caso del trigo, hoy se necesitan más unidades de producto para acceder al mismo insumo, deteriorando la relación insumo-producto, mientras que en maíz la situación mejoró.
La explicación radica en la evolución de los precios relativos: si bien el precio de la UREA se redujo un 2% en el período analizado, el trigo sufrió una caída del 16,6% en su precio, lo que empeora la ecuación para el productor triguero. En contraste, el maíz registró una mejora del 4,8% en su cotización, lo que permite que, aun con insumos caros, la relación resulte más favorable.
Finalmente, al observar el promedio del período diciembre 2021 – diciembre 2025, la relación histórica es de 3,3 toneladas de maíz por tonelada de UREA y de 2,7 en el caso del trigo. En este contexto, la situación actual se encuentra por debajo del promedio histórico en el caso del maíz, lo que puede interpretarse como una señal relativamente positiva, mientras que en trigo la relación está por encima del promedio, confirmando un escenario más ajustado para este cultivo.
En síntesis, el informe de FADA refleja un agro que sigue operando bajo una fuerte presión impositiva, con costos que crecen por encima o en línea con la inflación, y con mejoras parciales derivadas del tipo de cambio y de algunos precios relativos. La rentabilidad continúa siendo muy sensible a cualquier variación macroeconómica, climática o de precios internacionales, lo que obliga al productor a una planificación cada vez más precisa y conservadora.