Escúchanos en vivo ▶️ Radio Cadenanet

Impacto Del Calor Extremo En Producción De Carne Y Leche



La última semana de 2025 estará atravesada por un escenario de calor extremo persistente en amplias zonas de la Argentina, con impacto directo y significativo sobre la producción ganadera, tanto de carne como de leche, especialmente en el centro y norte del país. 

Las condiciones previstas no solo elevan el riesgo productivo, sino que también plantean desafíos sanitarios y de bienestar animal que requieren una respuesta inmediata por parte de productores y técnicos.

Según los reportes de Estrés por Calor en Bovinos para Carne, elaborados por el pronosticador Joaquín Armendano, y el pronóstico del Índice de Temperatura y Humedad (ITH) difundido por el INTA para la producción lechera, hasta el jueves 1° de enero inclusive se esperan valores encuadrados en la categoría de “emergencia”, superando ampliamente los umbrales de “alerta” y “peligro”. Esta situación responde a la combinación de altas temperaturas máximas, elevada humedad relativa y baja amplitud térmica nocturna, un cóctel especialmente nocivo para los bovinos.

Qué es el ITH y por qué es clave en la ganadería

El Índice de Temperatura y Humedad (ITH) integra la temperatura ambiente y la humedad relativa para estimar la capacidad de los animales de disipar el calor corporal. Es una herramienta ampliamente utilizada a nivel internacional para anticipar situaciones de estrés térmico en bovinos.

En el caso del rodeo lechero, el INTA advierte que valores de ITH superiores a 72, e incluso desde 68 según investigaciones más recientes, ya generan condiciones de estrés calórico. A partir de esos niveles comienzan a observarse impactos negativos sobre la producción de leche, la salud general de los animales y los índices reproductivos, con efectos que pueden extenderse en el tiempo aun después de finalizado el evento climático.

Efectos del calor extremo en la producción lechera

Estudios realizados en cuencas lecheras de Santa Fe y Córdoba muestran que durante episodios prolongados de altas temperaturas las mermas diarias de producción pueden ubicarse entre el 3% y el 10%, con pérdidas aún mayores cuando las olas de calor se extienden por varios días consecutivos y sin alivio nocturno.

El estrés térmico reduce el consumo voluntario de materia seca, incrementa la frecuencia respiratoria y provoca alteraciones hormonales que afectan la eficiencia metabólica de las vacas. Técnicos del INTA Rafaela señalan que las pérdidas no se limitan al volumen de leche producido: también se registra una disminución en los porcentajes de grasa y proteína, un aumento del recuento de células somáticas, mayor predisposición a enfermedades metabólicas y mastitis, y un marcado deterioro de los índices reproductivos.

En situaciones severas, las tasas de concepción pueden caer a niveles muy bajos, afectando la planificación reproductiva de los tambos y generando consecuencias económicas que se prolongan durante varios meses.

Medidas de manejo para mitigar el estrés calórico en tambos

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan reforzar las estrategias de manejo preventivo, entre las que se destacan:

  • Provisión de sombra natural o artificial adecuada en corrales de espera, patios de comida y potreros.

  • Acceso permanente a agua fresca, limpia y en cantidad suficiente, con control del caudal y la temperatura del agua.

  • Readecuación de los horarios de ordeño, evitando las horas de mayor carga térmica.

  • Implementación de sistemas de ventilación y aspersión, especialmente en salas de espera y sectores de mayor concentración animal.

  • Ajustes en la dieta para mantener el aporte energético sin aumentar el calor metabólico.

Ensayos del INTA demuestran que la refrigeración activa de las vacas durante las horas críticas del día mejora el confort animal, reduce la frecuencia respiratoria y permite sostener los niveles de producción durante las olas de calor.

Impacto en feedlots y sistemas de engorde intensivo

La situación también genera una fuerte preocupación en los feedlots, donde el estrés calórico puede traducirse en menor consumo de alimento, reducción de la ganancia diaria de peso, mayor incidencia de problemas sanitarios e incluso mortandad en casos extremos.

En estos sistemas, el umbral de confort térmico es más bajo y se ve agravado por la alta densidad animal, la limitada circulación de aire y la acumulación de barro o efluentes. La combinación de temperaturas elevadas, alta humedad y escaso viento incrementa de manera notable el riesgo, especialmente en hacienda pesada y animales de pelaje oscuro.

Para los engordes a corral, las recomendaciones técnicas incluyen:

  • Garantizar sombras amplias y bien orientadas, que permitan una adecuada ventilación.

  • Controlar y reforzar el caudal de los bebederos, teniendo en cuenta que un novillo puede superar los 60 litros diarios de consumo en jornadas extremas.

  • Ajustar la estrategia de alimentación, concentrando la mayor oferta en horarios de menor temperatura, como la tarde-noche.

  • Evitar trabajos de manga, traslados y encierres durante las horas críticas del día.

  • Intensificar la observación de los animales más susceptibles, como los de mayor peso o aquellos con antecedentes sanitarios.

Anticipación y monitoreo, claves para reducir pérdidas

Con pronósticos que anticipan varios días consecutivos de ITH en niveles de emergencia, técnicos y productores coinciden en que la anticipación, el monitoreo permanente y el manejo adecuado serán determinantes para reducir pérdidas productivas y evitar consecuencias sanitarias graves.

En un contexto de eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos, el seguimiento del estrés calórico se consolida como una herramienta central para la toma de decisiones en la ganadería argentina, no solo para proteger la productividad, sino también para garantizar el bienestar animal y la sustentabilidad de los sistemas productivos a largo plazo.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente