
Bajo
condiciones de estrés térmico, la producción de leche puede verse afectada por
una menor disponibilidad de energía, por lo que las herramientas indispensables
para atenuar los efectos negativos del calor (sombra, sistemas de ventilación)
deben ser acompañadas simultáneamente por prácticas nutricionales tendientes a
reducir el déficit energético.
“Debido al
calor, la disminución de la producción puede llegar al 40 %”, aseguró Eloy
Salado, especialista en nutrición animal del INTA Rafaela -Santa Fe-, quien
señaló que el estrés se produce cuando el animal no alcanza a disipar el calor
necesario para mantener una temperatura corporal por debajo de 38,5 °C.
“Parte del
calor es de origen endógeno, generado durante los procesos de fermentación
ruminal y metabolismo de los nutrientes absorbidos”, explicó Salado e indicó
que las vacas más productivas son más susceptibles por su mayor consumo de
alimento y su elevada intensidad metabólica.
Para
monitorear las condiciones ambientales, se utiliza diariamente el índice de
temperatura-humedad (ITH). Las alteraciones metabólicas y productivas comienzan
cuando el ITH alcanza un valor de 72 para vacas de baja producción y 68 para
vacas de alta producción, mientras que un valor de 56 estaría asociado al
inicio de la disminución del consumo de materia seca y energía.
En este
sentido, Pablo Matías Roskopf, becario en nutrición animal del INTA Rafaela
-Santa Fe-, expresó que “los sistemas de refrescado, los establos con sombra y
la ventilación forzada de instalaciones son herramientas indispensables y muy
efectivas para atenuar los efectos negativos del calor”.
Cuando la
temperatura ambiental supera los 25 °C, el mecanismo asociado a la menor respuesta
productiva es una disminución del consumo voluntario, con una caída severa de
temperaturas mayores a 30 °C. En relación con esto, Salado afirmó: “Una alta
humedad relativa y la exposición directa a la luz solar aumentan la intensidad
del efecto mientras que una mayor velocidad del viento y la presencia de noches
frescas lo atenúan”.
A su vez,
el aumento del ritmo respiratorio (jadeo) es un mecanismo para eliminar calor
que tiene un costo energético para el animal, incrementando el requerimiento de
mantenimiento (RM) en hasta un 25 % ya que se trata de un proceso activo y por
lo tanto con demanda de energía.
En resumen,
modificaciones en el balance endocrino, una reducción del proceso de rumia y de
la capacidad de absorción de nutrientes, junto con el aumento del RM, reducen
la disponibilidad de energía y nutrientes para producir leche.
100 LITROS DE
AGUA
Proporcionar
agua limpia y fresca a voluntad es una de las pautas principales para evitar el
estrés térmico. Como sostuvo Salado: “Las vacas de alta producción son capaces
de beber más de 100 litros por día, es decir que la falta de agua disponible en
ambientes cálidos es una de las principales limitantes para el mantenimiento
del ganado”.
Toda
formulación de dietas que conduzca a una óptima fermentación ruminal será
beneficiosa para lograr un balance de energía positivo. Por ejemplo, Roskopf
aseveró que “si en la ración se suministran proteínas de alta degradabilidad
ruminal sin una simultánea fuente de carbohidratos rápidamente fermentables
como azúcares y almidón, el animal requerirá energía extra para detoxificar los
excesos de urea”, y agregó: “La principal consecuencia de este desbalance es la
disminución en la síntesis de proteína bacteriana, que es la fuente principal
de proteína láctea”.
En caso de
contar con patios de comidas, la ración completamente mezclada (TMR, por sus
siglas en inglés) deberá suministrarse preferentemente entre las 5 y las 6 de
la mañana y al anochecer, para evitar que el pico de producción de calor de
digestión coincida con las máximas temperaturas ambientales.
Evitar que
falte comida en el comedero es otra de las pautas para tener en cuenta. Para
Salado, “se deben tolerar rechazos de hasta un 5 % de lo ofrecido”, además
indicó que se debe “remover del comedero los remanentes y ofrecer la ración
fresca para estimular el consumo”. Asimismo, se aconseja preparar la ración lo más
cerca posible del momento de suministro, aspecto que es más importante en vacas
en lactancia temprana o en lotes de vacas de alta producción.
“El uso de
TMR es mejor que el suministro de alimentos por separado. El valor aconsejado
de materia seca de la TMR es de 50 % para obtener un consumo óptimo”, aconsejó
Roskopf e indicó que “se puede agregar agua cuando el contenido de MS de la
ración supera este valor”. Además, entregas seriadas de la ración, de 3 a 4
veces por día, estimulan el consumo.
Asimismo,
como fuente de fibra, es aconsejable utilizar forrajes húmedos como los silajes
en lugar de henos para mejorar la palatabilidad de la ración. También es
recomendable la inclusión de subproductos húmedos como bagazo de cerveza, pulpa
de cítricos o melazas.
El
especialista del INTA Rafaela recomienda, por otra parte, implementar medidas
para reducir el ingreso de oxígeno al silo y remover un espesor de 30
centímetros por día de la cara expuesta del silo. Según Salado, “el agregado de
estabilizadores biológicos o químicos, como el ácido propiónico, al momento de
confeccionar el silo es aconsejable para las reservas forrajeras que se
planifica utilizar en verano”.
También es
importante alimentar con forrajes de buena calidad y alta digestibilidad. “Si
se requiere fibra efectiva, se puede incluir hasta 0,6 kilos de heno de baja
calidad como paja de cereales o henos de pasturas encañadas”, aconsejó Salado y
añadió que “el tamaño de picado debe ser entre 2,5 y 5 centímetros para evitar
la selección”. Los laboratorios de calidad de alimentos para rumiantes cuentan
con el separador de partículas de forrajes desarrollado en la Universidad de
Pensilvania para monitorear el nivel de fibra efectiva de la TMR.
En relación
con la nutrición mineral, las vacas de alta producción bajo condición de estrés
por calor aumentan sus necesidades de sodio y potasio debido a un desbalance
electrolítico, por lo que se recomienda controlar el balance de estos minerales
en la ración. Según Roskopf: “Es importante aumentar la inclusión de sodio y
potasio hasta niveles mínimos de 1,5 y 0,45 % de la ración (base MS)”.
“En
pastoreo directo hay que tener presente que el comportamiento ingestivo de los
animales cambia abruptamente bajo condiciones de estrés calórico”, sostuvo
Salado. Estos cambios implican una reducción del tiempo neto de pastoreo
durante las horas con luz, una disminución marcada en el número de bocados y,
en función de las características de la pastura, el tamaño de bocado puede
resultar significativamente afectado. En consecuencia, la disminución del
consumo de MS de pastura puede ser superior al 30 % si las vacas no disponen de
pastoreo nocturno para compensar.
Además, la
inclusión de energía lipídica en la ración para obtener dietas frías resulta
útil por su elevada densidad energética y la ausencia de producción de calor
por fermentación.