
La contracción del consumo interno de carne vacuna durante 2026 respondió principalmente a una menor disponibilidad de hacienda y no a una pérdida aislada de la demanda. Así lo explicó Daniel Urcía, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) y de la Unión Industrial Argentina (UIA), al analizar la evolución de la cadena.
Según el dirigente, ambos indicadores tuvieron un comportamiento estrechamente vinculado: mientras la cantidad de animales enviados a faena se redujo cerca de un 12%, la ingesta aparente de carne vacuna cayó alrededor de un 10%.
El consumo anual por habitante pasó de los 51 kilos registrados el año pasado a unos 46 kilos en el último registro disponible, en línea con la menor actividad industrial. Sin embargo, Argentina continúa teniendo el consumo de carne vacuna per cápita más elevado del mundo.
Para Urcía, la principal explicación se encuentra en el comportamiento del rodeo nacional. Las existencias ganaderas estarían atravesando una etapa de retención y crecimiento, una tendencia que también se refleja en la menor participación de las hembras dentro de la faena.
Cerdo y pollo ganan espacio en la mesa
La menor disponibilidad de carne vacuna se produjo en un mercado donde las distintas proteínas tienen cada vez mayor participación. En particular, el crecimiento sostenido de la producción porcina durante los últimos 15 años permitió que el cerdo ampliara considerablemente su presencia en el consumo argentino.
El cerdo se consolidó como una alternativa competitiva frente a la carne vacuna, mientras que el pollo también mantiene un lugar relevante. De esta manera, las diferentes carnes continúan abasteciendo el mercado interno y compiten principalmente en función de sus precios y disponibilidad.
Desde FIFRA señalaron además que la distribución entre el mercado interno y las exportaciones se mantuvo relativamente estable. Las variaciones mensuales entre ambos destinos estuvieron vinculadas, en buena medida, con la dinámica del comercio internacional y no necesariamente con un desplazamiento de la demanda doméstica.
Exportaciones condicionadas por China y Estados Unidos
Durante 2026, el comercio internacional de carne estuvo condicionado por cupos y condiciones de acceso en mercados como China y Estados Unidos. Algunos incrementos puntuales de los embarques respondieron a la posibilidad de aprovechar beneficios arancelarios, situación que también tuvo impacto sobre el cálculo del consumo aparente.
En este contexto, Urcía consideró fundamental renovar y ampliar la cuota de exportación argentina hacia Estados Unidos. En septiembre, unas 15 empresas participarán de una misión comercial que recorrerá Miami, Dallas y Houston, con el objetivo de fortalecer la presencia de la carne argentina en ese mercado.
La agenda internacional continuará en octubre con la participación en SIAL París, una de las principales ferias de alimentos de Europa, y finalizará en noviembre con la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE), mercado que concentra el mayor volumen de compras de carne argentina.
La presión impositiva también afecta al consumidor
Además de la disponibilidad de hacienda y las condiciones del comercio exterior, el sector frigorífico reclama medidas para mejorar la competitividad interna.
Urcía cuestionó, entre otros aspectos, las guías de traslado vinculadas con las leyes de marcas y señales, que generan costos y trámites que consideran innecesarios. También puso el foco sobre la elevada carga tributaria que incide sobre el precio final.
Según el dirigente, los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales representan alrededor del 28% del precio que paga el consumidor en el mostrador.
A esta situación se suman la competencia desleal y la falta de condiciones sanitarias homogéneas entre los distintos operadores. Desde el sector plantearon la necesidad de establecer un estándar sanitario básico que permita ordenar la actividad y garantizar exigencias equivalentes.
El desafío para la cadena cárnica argentina pasa así por recuperar competitividad, aumentar la producción y aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados internacionales. La evolución del consumo interno dependerá no sólo del comportamiento de los hogares, sino también de la capacidad de toda la cadena para generar incentivos que permitan ampliar la oferta de carne.