
Durante el Congreso Panamericano de la Leche, especialistas analizaron nuevas evidencias sobre los beneficios de los productos lácteos y destacaron la importancia de considerar la denominada «matriz láctea» al evaluar su impacto nutricional.
En paralelo, plantearon reparos al sistema de etiquetado frontal vigente en Argentina, al considerar que puede transmitir una imagen incompleta sobre las características de estos alimentos.
Analía Castellani, responsable del Departamento Técnico del Centro de la Industria Lechera (CIL), sostuvo que las investigaciones recientes permiten reafirmar el papel de los lácteos dentro de una alimentación saludable y cuestionan la mirada centrada exclusivamente en nutrientes individuales.
La matriz láctea y el rol de las grasas
Castellani explicó que uno de los principales conceptos abordados durante el encuentro fue el de matriz alimentaria, que plantea que los nutrientes deben analizarse teniendo en cuenta la estructura y el conjunto de componentes del alimento.
En el caso de los lácteos, esta perspectiva cobra especial relevancia al analizar las grasas saturadas. Según la especialista, estudios recientes muestran que productos como los quesos elaborados con leche entera o con mayor contenido graso no presentan los efectos cardiovasculares adversos que durante años fueron asociados de manera general con las grasas saturadas.
«Hoy ratificamos que esas grasas naturales tienen características propias y que no son perjudiciales como durante muchos años se creyó», señaló Castellani.
Para la referente del CIL, uno de los desafíos consiste ahora en lograr que estos avances científicos puedan traducirse en información clara para los consumidores.
Las limitaciones del etiquetado frontal
En ese punto, Castellani cuestionó el actual sistema de etiquetado frontal establecido por la Ley 27.642, debido a que se estructura sobre la presencia de determinados nutrientes críticos y, según su análisis, no contempla de manera suficiente la calidad integral de los alimentos ni su matriz.
La situación puede generar, a su entender, cierta confusión entre las recomendaciones nutricionales y la información que aparece en los envases.
«Las guías alimentarias recomiendan consumir lácteos, pero al mismo tiempo muchos productos exhiben sellos negros. Ahí aparece una desconexión entre la evidencia científica y el mensaje que recibe el consumidor», afirmó.
La especialista destacó que durante 2024 el Ministerio de Salud, junto con ANMAT e INAL, incorporó un manual interpretativo que permitió ajustar algunos criterios, particularmente en la diferenciación entre nutrientes presentes naturalmente en los alimentos y aquellos que son agregados.
Sin embargo, consideró que todavía quedan aspectos regulatorios por revisar y mejorar.
Una alimentación que debe analizarse en conjunto
Otro de los conceptos planteados durante el Congreso fue la necesidad de dejar de analizar la alimentación exclusivamente a partir de nutrientes o alimentos individuales.
«La alimentación saludable no depende de un nutriente aislado ni de un único alimento. Todos los alimentos tienen un lugar dentro de una dieta equilibrada. Lo importante es brindar información para que las personas puedan hacer elecciones conscientes», sostuvo Castellani.
En ese sentido, destacó la diversidad de productos lácteos disponibles en Argentina y señaló que la evidencia científica actual permite respaldar una mirada más amplia sobre su incorporación a la dieta.
Incluso productos tradicionalmente cuestionados por su contenido de grasa, como determinados quesos, forman parte de esta revisión científica.
«Hoy vimos publicaciones recientes que muestran que, hasta un queso con alto contenido de grasa, que antes se consideraba perjudicial, no presenta efectos negativos sobre la salud. Tenemos muchas opciones para ofrecer a los consumidores; ahora debemos informar mejor», remarcó.
El desafío de armonizar las normas
Además de la comunicación nutricional, Castellani señaló que la agenda del sector incluye la armonización de las regulaciones alimentarias dentro del Mercosur.
Desde el CIL, explicó, se trabaja en asuntos regulatorios tanto a nivel nacional como regional e internacional, con el objetivo de avanzar hacia normas comunes que otorguen mayor claridad y previsibilidad a la industria láctea.
«Esperamos avanzar en acuerdos que permitan generar reglas más claras para todo el sector», concluyó.