
El manejo regenerativo empieza a sumar una fuente de ingresos que, hasta hace poco, no formaba parte de la cuenta ganadera.
Durante los últimos años, la discusión sobre ganadería regenerativa estuvo concentrada en el manejo y la recuperación del suelo, el pasto, la biodiversidad y la productividad. Ahora aparece una nueva variable en la ecuación: el campo también puede generar ingresos por el carbono que captura.
Ese cambio ya dejó de ser una promesa. Lo demuestra SARA (South American Regenerative Agriculture), el programa desarrollado por Ruuts junto con Ovis 21 y Anthesis, que distribuyó US$ 1,2 millones en su primer ciclo de comercialización, con un valor promedio de US$ 27 por hectárea para los productores que generaron los créditos.
En total, el programa ya logró emitir 209.244 créditos de carbono verificados bajo la metodología VM0042 de Verra, según publicó Aire Agro.
La particularidad es que el ingreso por carbono no aparece como un negocio separado de la ganadería, sino como una consecuencia de cambiar la forma de producir.
El manejo del pastoreo, la recuperación de las pasturas, el aumento de la cobertura vegetal y las mejoras en la salud del suelo pasan a tener una doble lectura: por un lado, pueden mejorar el funcionamiento productivo del establecimiento y, por otro, generar un activo ambiental capaz de convertirse en ingresos a través del mercado de carbono.
Así, la ganadería regenerativa empieza a incorporar una nueva lógica económica: producir más eficientemente, recuperar los recursos naturales y, al mismo tiempo, capturar valor por los servicios ambientales que genera el campo.