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Desarrollan en Santa Fe dos nuevas variedades de trébol blanco para suelos difíciles



El desarrollo, fruto de más de dos décadas de trabajo científico en Santa Fe, busca ofrecer alternativas productivas en ambientes restrictivos.

 Un equipo científico del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) desarrolló dos nuevas variedades de trébol de olor blanco capaces de prosperar en suelos de baja fertilidad, con estrés hídrico o salinidad. La innovación, que llegó al mercado gracias a una alianza público-privada, apunta a potenciar la producción ganadera y a mejorar la salud de los suelos.

Investigadores del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICIAGRO Litoral, CONICET-UNL) y de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL lograron posicionar en el mercado dos nuevos cultivares de Melilotus albus: Munay y Yachay.

El trébol de olor blanco es una leguminosa forrajera valorada por su rusticidad y su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, contribuyendo a la mejora de los suelos. Sin embargo, la oferta de semillas mejoradas para el norte argentino ha sido históricamente escasa.
“Comparado con la región pampeana, el norte del país cuenta con una oferta muy limitada de cultivares de leguminosas forrajeras, a pesar de disponer de numerosas especies nativas con alto potencial”, explicó Marcelo Zabala, investigador del ICIAGRO Litoral y docente de la UNL.

En ese contexto, el desarrollo de materiales adaptados localmente representa un avance estratégico para el sector ganadero. “Estos cultivares son un claro ejemplo de cómo la ciencia pública puede generar innovación con impacto territorial”, agregó Zabala.

Más de 20 años de investigación

Desde 2008, la UNL y el CONICET llevan adelante una línea de trabajo conjunto con la empresa Oscar Peman y Asociados S.A., orientada a la valorización de forrajeras nativas y naturalizadas.
“Este convenio surgió a partir de una necesidad concreta del productor: contar con una variedad de Melilotus que combine mayor producción de materia seca con mejor calidad forrajera, aportando eficiencia y estabilidad a los sistemas ganaderos”, señaló la ingeniera agrónoma Rosalba Peman, gerente de I+D de Peman Semillas, firma que posee la exclusividad de comercialización del material.

El acuerdo permitió la multiplicación, comercialización y distribución formal de las semillas, asegurando calidad genética y disponibilidad a escala, y consolidando el proceso de transferencia tecnológica.

Los trabajos se iniciaron hace más de 20 años en el marco del Programa de Documentación, Conservación y Valoración de la Flora Nativa (PRODOCOVA), con la colecta de recursos genéticos en distintas regiones del país. El material fue conservado y caracterizado en el Banco de Germoplasma “Ing. Agr. José Mario Alonso”, que constituyó la base del programa de mejoramiento.

Tras más de ocho años de evaluaciones sistemáticas, se obtuvieron dos materiales con estabilidad y características agronómicas superiores. Finalmente, Munay y Yachay fueron inscriptos en 2019 ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE).

Una novedad comercial: un blend

Una innovación adicional es que ambos cultivares se comercializan en conjunto, en forma de blend. Esta estrategia permite aprovechar la complementariedad de sus atributos: Munay se destaca por su mayor crecimiento invernal y acumulación de biomasa, mientras que Yachay presenta una mayor capacidad de rebrote.

De este modo, el productor accede a un material más equilibrado y versátil, capaz de adaptarse a distintos momentos del ciclo productivo y a diversas estrategias de manejo.

En un escenario donde la sustentabilidad productiva exige especies eficientes en el uso de recursos y con capacidad de mejorar el suelo, la ampliación de la oferta genética en Melilotus albus representa una contribución significativa para la ganadería argentina.

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