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Un 2025 Excepcional En Lluvias Para La Zona Núcleo, Con Contrastes y Señales De Alerta Hacia El Verano



El año 2025 se despidió con registros pluviales contundentes en la Zona Núcleo agrícola, consolidándose como uno de los ciclos más húmedos de las últimas décadas. 

De acuerdo con el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el promedio anual de precipitaciones alcanzó los 1.222 milímetros, un valor que no solo representa un incremento del 21% respecto de 2024, sino que además implica un excedente de alrededor de 260 mm interanuales.

Este volumen acumulado resulta particularmente significativo porque supera el límite superior del rango histórico de los últimos 30 años, posicionando a 2025 como un año fuera de escala desde el punto de vista estadístico. Sin embargo, el carácter extraordinario del ciclo no se explica únicamente por el total anual, sino también por la extensión territorial y la regularidad de las lluvias.

En efecto, el 90% de las estaciones meteorológicas que integran la red BCR–GEA registraron valores superiores a los del año anterior. Este comportamiento generalizado permitió revertir el arranque seco y complejo que había caracterizado el inicio del ciclo productivo, especialmente crítico para el maíz temprano, que comenzó la campaña bajo condiciones de marcada escasez hídrica.

Según explicó Alfredo Elorriaga, consultor de la entidad rosarina, “el año se despide con un balance pluvial altamente positivo, con un invierno y una primavera que aportaron lluvias por encima de los valores normales. Se trató de precipitaciones abundantes y recurrentes, que marcaron una diferencia sustancial respecto de campañas previas”.


Lluvias eficientes y bien distribuidas en gran parte del año

Uno de los aspectos más destacados del 2025 fue la eficiencia de las precipitaciones. A lo largo de los doce meses, solo enero, junio y diciembre quedaron por debajo de las medias históricas. En contraste, durante el resto del año se observaron acumulados que no solo superaron los promedios estadísticos, sino que en algunos casos llegaron a duplicarlos o incluso triplicarlos.

Algunos registros puntuales ilustran claramente esta dinámica. En agosto, Pergamino acumuló 180 mm, un valor inusualmente alto para ese mes. En noviembre, Bell Ville alcanzó los 172 mm, en un contexto en el que ya comenzaban a detectarse señales de enfriamiento del Pacífico ecuatorial, compatibles con un escenario de La Niña, que históricamente suele asociarse a menores precipitaciones en la región pampeana.

El sureste de la Zona Núcleo fue el sector más beneficiado en términos relativos. Localidades como Rojas registraron 729 mm más que en 2024; Junín, 722 mm; Pergamino, 633 mm y Baradero, 565 mm adicionales. Estos números representan un giro de 180 grados para áreas que habían comenzado el año bajo una sequía severa, con fuertes pérdidas productivas y un deterioro significativo de las reservas de agua en el suelo.

Cabe destacar que, de las 36 estaciones que componen la red de medición, solo tres —Noetinger, Idiazábal y Hernando— quedaron levemente por debajo de los registros del año pasado, lo que refuerza la idea de un patrón hídrico ampliamente favorable a escala regional.


Diciembre marcó un quiebre en la tendencia

Tras cinco meses consecutivos con precipitaciones por encima de la media, diciembre introdujo un cambio de escenario. El mes cerró con un promedio regional de 80 mm, claramente por debajo de los 110 mm que marca el valor histórico para la Zona Núcleo.

La principal característica fue la irregularidad espacial, típica de las lluvias convectivas del verano. En el norte bonaerense, Lincoln apenas alcanzó los 47 mm, Baradero 51 mm y Pergamino 54 mm. En el sudeste cordobés, Bengolea acumuló solo 40 mm y Noetinger 52 mm. En contraposición, algunas localidades superaron ampliamente la media mensual, como Pozo del Molle con 161 mm, Hernando con 125 mm y Rosario con 122 mm.

Esta heterogeneidad dejó áreas con alivio hídrico puntual y otras con déficits incipientes, generando un escenario dispar de cara al inicio del período crítico de los cultivos de verano.


Señales de advertencia para el corto plazo

Si bien las lluvias registradas entre el 20 y el 21 de diciembre resultaron fundamentales para sostener el período crítico del maíz y acompañar el desarrollo inicial de la soja, la posterior combinación de eventos aislados y una ola de calor con temperaturas máximas superiores a los 30 °C comenzó a impactar negativamente sobre las reservas de agua.

En el primer metro del perfil del suelo, las condiciones hídricas pasaron a ser entre regulares y escasas, configurando un escenario muy similar al observado hacia fines de 2024, cuando más del 50% del área presentaba déficits. Los pronósticos de corto plazo no resultan alentadores: solo se anticipa una baja probabilidad de chaparrones aislados hacia la tarde-noche del martes 30, sin lluvias significativas al menos hasta comienzos de la semana siguiente.


El contraste extremo del norte argentino y el NEA

Mientras la Zona Núcleo cerró diciembre con déficit, el norte del país mostró una situación diametralmente opuesta. En gran parte del NEA, las precipitaciones duplicaron e incluso triplicaron los valores normales, generando serios problemas de anegamientos e inundaciones.

El caso más extremo fue el de Corrientes capital, que acumuló 530 mm en el mes, es decir, 3,5 veces su promedio histórico. Ituzaingó registró 457 mm, Resistencia 406 mm, Oberá 342 mm y Federal 293 mm. Para encontrar un antecedente comparable en Corrientes, es necesario remontarse a 1996, cuando se habían medido 440 mm en diciembre.


Balance final

De este modo, el 2025 se despide con un balance hídrico claramente positivo en términos anuales, especialmente para la región agrícola más productiva del país. No obstante, el cierre del año deja señales de alerta de cara al verano: lluvias desordenadas, marcada variabilidad espacial y perfiles de suelo que comienzan a ajustarse en un momento clave para la definición de rindes de maíz y soja.

El desafío hacia adelante será sostener un aporte oportuno de precipitaciones que permita capitalizar el excelente acumulado anual, evitando que los excesos del norte y los déficits localizados del centro del país condicionen el desempeño productivo de la campaña gruesa.

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