
El Sistema Integral de Faena (SIF) constituye una de las reformas más relevantes de los últimos años en materia de control, registro y trazabilidad de la cadena cárnica argentina.
Se trata de una plataforma digital única y obligatoria que permitirá registrar, de manera centralizada y en tiempo real, todas las etapas del proceso de faena, desde el ingreso de la hacienda a los establecimientos hasta el control diario de las existencias de carne en cámaras frigoríficas.
La creación del SIF quedó formalizada a través de la Resolución 40/2026, publicada en el Boletín Oficial y firmada por el ministro de Economía, Luis Caputo. La norma se inscribe dentro del proceso de simplificación normativa, modernización tecnológica y eficiencia administrativa impulsado por el Gobierno nacional, en línea con los objetivos establecidos por el Decreto 70/2023, que busca reducir regulaciones obsoletas y mejorar la competitividad de los distintos sectores productivos.
Un nuevo marco normativo para la faena
Uno de los aspectos centrales de la resolución es la unificación normativa. La medida deroga un extenso conjunto de normas dictadas entre 1973 y 2015, muchas de ellas provenientes de organismos ya disueltos como la ex Junta Nacional de Carnes y la ex ONCCA. Estas regulaciones, según se detalla en los considerandos, conformaban un entramado fragmentado, con superposiciones y exigencias que habían quedado desactualizadas frente a los avances tecnológicos y a la evolución de la industria frigorífica.
Con la entrada en vigencia del SIF, se reemplaza ese esquema disperso por un sistema único, digital e integrado, que elimina la obligatoriedad de libros físicos y registros manuales, reduciendo así la carga administrativa para los establecimientos y mejorando la calidad y confiabilidad de la información disponible para el Estado.
Registro digital obligatorio y control en tiempo real
A partir del nuevo régimen, todos los establecimientos faenadores deberán registrar obligatoriamente en el SIF una serie de datos clave que abarcan la totalidad del proceso productivo. Entre ellos se destacan:
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El ingreso de la hacienda, que deberá registrarse mediante el cierre del Documento de Tránsito Electrónico (DT-e).
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La autorización de faena, que deberá gestionarse previamente a cada sacrificio.
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El resultado de faena o romaneo, donde se detalla el rendimiento, peso y características de las reses.
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Las existencias diarias de carne en cámaras frigoríficas, ya sea en reses, medias reses, cuartos u otras presentaciones.
Toda la información cargada tendrá carácter de declaración jurada, lo que implica responsabilidades legales para los operadores. El control y fiscalización del sistema quedará a cargo de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, que actuará como autoridad de aplicación.
En el caso de los establecimientos habilitados por Senasa, la operatoria se realizará a través del sistema SIGICA, que se integra al nuevo esquema del SIF, garantizando interoperabilidad entre los distintos sistemas oficiales.
Trazabilidad individual y uso de tecnología electrónica
Otro de los ejes fundamentales de la resolución es el fortalecimiento de la trazabilidad individual de los animales, en particular para bovinos, bubalinos y cérvidos que cuenten con identificación electrónica obligatoria.
Las plantas faenadoras deberán garantizar la lectura de los dispositivos electrónicos en la línea de faena y asociar cada identificación individual con el número de garrón correspondiente. Esta información quedará incorporada al resultado de faena dentro del SIF, permitiendo reconstruir el historial completo del animal desde su origen hasta el producto final.
Este punto se articula con la normativa que establece la identificación electrónica obligatoria a partir de 2026, aunque la implementación efectiva de su lectura en faena tendrá una fecha específica que será definida por la autoridad de aplicación, atendiendo a criterios técnicos y operativos.
Reglas estrictas para corrales, faena e identificación
La resolución no solo digitaliza procesos, sino que mantiene y refuerza obligaciones clave destinadas a asegurar el control y la trazabilidad. Entre las principales exigencias se incluyen:
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La prohibición de mezclar tropas, incluso cuando pertenezcan al mismo propietario.
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La obligación de contar con corrales numerados e identificados, que permitan un seguimiento claro de cada lote.
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El control obligatorio del correcto funcionamiento de las balanzas oficiales, esenciales para garantizar la transparencia en el pesaje.
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La identificación clara y legible de reses y medias reses, mediante sellos, etiquetas o lazos debidamente autorizados.
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El uso exclusivo de tinta violeta aprobada para los sellos sanitarios.
Asimismo, la norma detalla criterios técnicos específicos para la preparación de medias reses, la registración de la dentición, el pesaje oficial y los métodos de identificación según la especie, aportando mayor precisión y homogeneidad a los procedimientos.
Sanciones, bloqueos y cumplimiento obligatorio
El incumplimiento de las obligaciones previstas en el nuevo régimen podrá dar lugar a suspensiones preventivas, bloqueos en la emisión de DT-e y la aplicación de sanciones conforme a lo establecido en la Ley 21.740. Además, se prohíbe expresamente la emisión de DT-e a operadores que no se encuentren debidamente matriculados en el Sistema de Información de Operadores de Carnes y Lácteos.
Estas medidas buscan reforzar el cumplimiento efectivo del sistema y desalentar prácticas informales o irregulares dentro de la cadena.
Un sistema más simple, transparente y alineado con estándares internacionales
Desde el Ministerio de Economía destacaron que el nuevo SIF apunta a ordenar, digitalizar y transparentar la operatoria de la cadena cárnica, reduciendo costos administrativos innecesarios, mejorando los controles oficiales y fortaleciendo la confianza del mercado interno y del comercio exterior.
Con esta resolución, el Gobierno avanza en una reconfiguración integral del control comercial de carnes, adaptándolo a los estándares tecnológicos actuales y a las crecientes exigencias de trazabilidad, información y transparencia que demanda el mercado global, especialmente en los destinos de exportación más exigentes.