
La digitalización del agro argentino avanza con paso firme y sostenido, especialmente en la Región Pampeana, donde la combinación de escala productiva, infraestructura y adopción tecnológica ha permitido un desarrollo más acelerado.
Sin embargo, este proceso aún enfrenta desafíos estructurales, operativos y culturales que condicionan su consolidación plena. La integración de plataformas digitales, la mejora de la conectividad rural y la capacitación técnica continua aparecen como los pilares fundamentales para avanzar hacia una gestión agrícola más eficiente, rentable y sustentable en el largo plazo.
La Agricultura de Precisión (AP) en Argentina evidencia un crecimiento significativo en términos de infraestructura tecnológica y adopción de herramientas digitales. Según los últimos relevamientos, la Región Pampeana concentra el 86,5% de los establecimientos agropecuarios (EAP) que aplican prácticas de AP, lo que la posiciona como el núcleo del proceso de transformación digital del sector.
Este liderazgo regional no es casual: se explica por la alta concentración de superficie agrícola, la presencia de contratistas altamente tecnificados y un ecosistema productivo históricamente abierto a la innovación.
No obstante, el avance tecnológico trae consigo un desafío central: convertir el enorme volumen de datos generados en decisiones agronómicas concretas y oportunas. En este escenario, plataformas integradas de gestión como xarvio® FIELD MANAGER, desarrollada por BASF, cumplen un rol estratégico al permitir la recopilación, el procesamiento y la interpretación de información proveniente de múltiples fuentes (monitores de rendimiento, imágenes satelitales, drones, mapas de suelos, datos climáticos y maquinaria conectada), con el objetivo de optimizar la toma de decisiones en el campo.
Un mapa desigual, pero en expansión
Las provincias con mayor nivel de adopción de agricultura digital son Córdoba (28,1%), Buenos Aires (27,8%) y Santa Fe (23,2%), que en conjunto explican más del 79% de los establecimientos que utilizan tecnologías de AP. Estas jurisdicciones cuentan con una sólida base de infraestructura de hardware: cerca del 95% de las cosechadoras en funcionamiento están equipadas con monitores de rendimiento, lo que habilita prácticas como la dosificación variable de insumos y el manejo sitio-específico de los lotes.
Este equipamiento ha permitido que aproximadamente el 47% de la superficie agrícola nacional esté actualmente documentada mediante herramientas avanzadas de monitoreo, un salto cualitativo y cuantitativo respecto de años anteriores. Sin embargo, la simple generación de datos no garantiza mejoras productivas si esa información no se traduce en acciones concretas.
La brecha datos–decisión
El ingeniero agrónomo Juan Pablo Cosentino, referente en digitalización y conectividad aplicada al agro, advierte que el principal cuello de botella ya no es tecnológico, sino operativo y de gestión. En la actualidad, más de 12.000 máquinas conectadas envían datos correspondientes a cerca de 18 millones de hectáreas, lo que representa aproximadamente el 50% del área sembrada en el país. Aun así, persiste lo que denomina la “brecha datos–decisión”: la dificultad de procesar, interpretar y aplicar esa información en la gestión diaria del establecimiento.
Cosentino explica que avanzar hacia el denominado Paradigma 4.0 implica mucho más que contar con maquinaria conectada. Se trata de un enfoque integral que permite planificar previamente utilizando escenarios de simulación productiva, contemplando de manera conjunta variables ambientales, productivas y edáficas. “La generación intensiva de datos es clave para entender qué ocurrió, por qué ocurrió y, a partir de ahí, proyectar hacia adelante. Esa integración permite predecir, prescribir y actuar con mayor precisión”, sostiene.
Además, estas tecnologías aportan un valor estratégico adicional: la construcción de una “huella digital” del cultivo. El registro detallado de las prácticas realizadas —y de los motivos que las justifican— se convierte en una herramienta clave para mejorar la competitividad agrícola, facilitar la trazabilidad y responder a las crecientes exigencias de los mercados en materia de sustentabilidad y transparencia.
Barreras estructurales y culturales
A pesar de los avances, existen obstáculos que limitan el uso pleno de la Agricultura de Precisión. Uno de los más relevantes es la baja asistencia técnica: solo el 34% de los establecimientos agropecuarios recibe asesoramiento externo especializado, lo que reduce la capacidad de transformar datos en decisiones agronómicas efectivas. A esto se suma que la adopción de estas tecnologías se concentra principalmente en explotaciones de mayor escala, debido a los costos iniciales de inversión y a la necesidad de capacitación específica.
Desde el punto de vista estructural, la deficiente conectividad en amplias zonas rurales continúa siendo una limitante importante. Si bien en los últimos años comenzaron a desarrollarse alternativas de conectividad satelital que ayudan a cerrar esta brecha, su adopción aún es incipiente y presenta desafíos en términos de costos y cobertura.
Cosentino también destaca la existencia de barreras culturales: la resistencia al cambio, la desconfianza respecto de la privacidad y seguridad de los datos, y la brecha de habilidades digitales entre productores y operarios. Estos factores suelen derivar en una adopción parcial o en la subutilización de las herramientas disponibles, reduciendo el impacto real de la inversión tecnológica.
Beneficios medibles y casos concretos
Aun con estas limitaciones, los beneficios de la digitalización del agro son cada vez más tangibles y cuantificables. Ensayos realizados por la red REM de AAPRESID han demostrado ahorros de hasta un 80% en el uso de herbicidas mediante aplicaciones selectivas, mientras que experiencias de grupos CREA reportan reducciones de entre el 63% y el 68% según el cultivo, lo que equivale a ahorros de entre 32 y 34 dólares por hectárea.
La telemetría generada por las más de 12.000 máquinas conectadas no solo mejora la eficiencia en el uso de insumos, sino que también permite una mayor trazabilidad, una logística más ordenada y un mejor control de solapamientos y tiempos operativos. Sin embargo, se estima que el 92% de los productores utiliza herramientas digitales de manera aislada, sin integrarlas en un sistema de gestión unificado.
Plataformas integradas y acompañamiento en campo
Para revertir esta fragmentación, plataformas holísticas como xarvio® FIELD MANAGER apuntan a integrar múltiples soluciones en una única interfaz de gestión. El productor argentino, caracterizado por su alto nivel de innovación, acelera la adopción de aquellas funcionalidades que ofrecen un retorno claro y medible.
Entre las herramientas de xarvio® con mayor impacto se destacan el Spray Timer, la Nutrición y Siembra Variable, el Muestreo de Suelos y el Mapeo Digital de Malezas asistido por drones. Esta última tecnología, en particular, ha mostrado una rápida adopción debido a su capacidad para generar prescripciones que permiten aplicaciones sectorizadas, con ahorros superiores al 60% en insumos.
Según Pablo Provera, Gerente Senior de Soluciones Digitales de BASF, la evolución constante de la plataforma responde directamente a las necesidades del productor y del contratista rural. “Trabajamos para que xarvio® sea cada vez más intuitiva, simple y compatible con distintos sistemas y equipos. La mejora en la experiencia de usuario es parte de nuestro compromiso con una agricultura más conectada y basada en decisiones informadas”, afirmó.
Este desarrollo tecnológico se complementa con un equipo de consultores digitales distribuidos en todo el territorio agrícola argentino. Su rol es clave para garantizar una correcta implementación de las herramientas, brindar soporte personalizado y adaptar las soluciones a las particularidades de cada lote y sistema productivo. La presencia en campo acelera la curva de adopción y maximiza el retorno de las inversiones en digitalización.
Una visión de largo plazo
BASF, como impulsora de xarvio®, aborda de manera directa las barreras identificadas en el proceso de digitalización. Frente a los problemas de conectividad, la plataforma ofrece funcionalidades offline y un esquema de capacitación continua para productores y contratistas. Además, contribuye a la sustentabilidad del sistema productivo al optimizar el uso de recursos, reducir la huella de carbono y mejorar la eficiencia en la aplicación de fitosanitarios y agua.
Un aspecto central de esta estrategia es el acompañamiento a los contratistas rurales, actores clave que manejan más del 60% de las labores agrícolas en Argentina. Reconocidos como agentes estratégicos del cambio, su capacitación y digitalización resultan fundamentales para escalar el impacto de estas tecnologías.
La visión de BASF es ambiciosa: avanzar hacia la digitalización de 400 millones de hectáreas a nivel global y capacitar a productores en Buenas Prácticas Agrícolas, consolidando un modelo de agricultura más eficiente, sustentable e inclusivo. En Argentina, el camino ya está trazado; el desafío ahora es profundizar la integración, cerrar brechas y transformar datos en decisiones que potencien el futuro del agro.