
En la Jornada a Campo del IPCVA realizada en Tres Arroyos, el INTA explicó en profundidad cuáles son los ajustes técnicos indispensables para potenciar la ganadería en sistemas mixtos con agricultura, poniendo el foco no solo en la eficiencia productiva, sino también en la planificación estratégica de largo plazo, la estabilidad del sistema y el uso racional de los recursos disponibles dentro de cada establecimiento.
La actividad, que marcó la última Jornada a Campo del año organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), se desarrolló en el establecimiento La María Luisa, ubicado en el partido bonaerense de Tres Arroyos. Allí, productores, técnicos y referentes del sector pudieron intercambiar experiencias y conocimientos en torno a uno de los grandes desafíos de la ganadería actual: cómo integrarla de manera eficiente con la agricultura, maximizando sinergias y reduciendo costos.
En ese contexto, el ingeniero agrónomo José Arroqui, técnico del INTA Naredo, fue el encargado de desarrollar una exposición técnica detallada sobre los principales ajustes necesarios para mejorar el desempeño de la ganadería dentro de planteos mixtos, donde la producción agrícola y ganadera no compiten, sino que se complementan y potencian mutuamente.
Durante su presentación, Arroqui subrayó que el eje central para lograr sistemas ganaderos más eficientes es asegurar calidad, cantidad y estabilidad en la oferta de alimento a lo largo de todo el año. Según explicó, este aspecto es la base sobre la cual se construye cualquier sistema productivo sólido. “Planificar la cadena forrajera es lo básico. Sin una oferta de alimento bien organizada, es muy difícil corregir los problemas posteriores del sistema”, remarcó, dejando en claro que la improvisación en este punto suele traducirse en pérdidas de eficiencia y rentabilidad.
El técnico del INTA detalló que la planificación forrajera debe contemplar no solo la producción de pasturas y verdeos, sino también la previsión de reservas estratégicas como silajes y henos, así como el uso de subproductos agrícolas disponibles en el establecimiento. De este modo, se pueden amortiguar los baches estacionales de oferta forrajera y sostener niveles adecuados de nutrición animal incluso en momentos críticos, como inviernos rigurosos o períodos de sequía.
Una vez asegurada esa base forrajera, Arroqui explicó que el paso siguiente es ajustar las dietas mediante suplementación estratégica. Esta suplementación puede realizarse con silajes, granos, expellers u otras alternativas generadas por la propia agricultura del sistema. “La suplementación no debe verse como un gasto, sino como una inversión que permite mejorar las ganancias de peso y la eficiencia de conversión”, señaló. En sistemas mixtos, la disponibilidad de grano propio representa una ventaja clave para reducir costos y ganar competitividad.
En ese marco, el especialista fue contundente al señalar que la eficiencia productiva comienza por no aceptar bajas ganancias de peso. “Una recría no puede estar por debajo de los 500 gramos diarios”, afirmó. Además, puntualizó que en el caso de los terneros al pie de la madre, las ganancias deberían ubicarse entre los 600 y 700 gramos por día. “Si esos valores no se alcanzan, el animal arrastra ineficiencias durante todo el ciclo productivo, lo que termina impactando negativamente en los resultados económicos del sistema”, advirtió.
Arroqui destacó que la ganadería argentina avanza hacia animales cada vez más pesados, tanto en el caso de los novillos como de las vaquillonas, en línea con las demandas del mercado interno y externo. Para alcanzar ese objetivo, señaló que la recría pastoril con suplementación adecuada es un punto crítico. “No se trata solo de producir más kilos, sino de producirlos de manera eficiente, con costos controlados, estabilidad productiva y previsibilidad”, sostuvo.
En línea con el lema de la jornada del IPCVA, “Tecnologías y manejo para una nueva ganadería”, el técnico del INTA enfatizó que la adopción tecnológica debe estar orientada a lograr ganancias de peso sostenidas en el tiempo, evitando soluciones parciales o de corto plazo. En ese sentido, recomendó priorizar sistemas simples, eficientes y fácilmente controlables. “Muchas veces, los esquemas excesivamente complejos o que demandan altos niveles de mano de obra terminan generando problemas operativos, errores de manejo y pérdidas de eficiencia”, advirtió.
Como complemento estratégico dentro de los sistemas mixtos, Arroqui se refirió al uso del corral de terminación o feedlot. Lo definió como una herramienta valiosa para lograr mayor uniformidad en el engrasamiento de los animales, mejorar el veteado de la carne y cerrar el ciclo productivo de manera más eficiente. Sin embargo, aclaró que su utilización debe estar correctamente integrada al planteo general del establecimiento y no pensada como un sistema aislado. “El feedlot funciona bien cuando es parte de una estrategia global y no cuando intenta corregir problemas previos de manejo o nutrición”, señaló.
Ventajas económicas del sistema mixto
En el plano económico, Arroqui sostuvo que la integración entre agricultura y ganadería mejora significativamente los números del productor. Explicó que en un sistema mixto típico, la ganadería se ve beneficiada por el diferencial existente entre el costo de comercializar grano y el costo de comercializar carne. “Cuando se vende grano, aproximadamente el 20% de su valor se pierde en gastos de comercialización, como fletes, comisiones e impuestos. En cambio, cuando ese grano se transforma en carne, el costo de comercialización ronda apenas el 7%”, detalló.
“Ese 13% de diferencia es clave para la rentabilidad del sistema. Convertir grano en carne es un excelente negocio, siempre que se gestione con eficiencia productiva, buena planificación y control de costos”, afirmó el técnico del INTA Naredo, destacando el rol estratégico de la ganadería como transformadora de granos y subproductos agrícolas, y como herramienta para agregar valor en origen.
Otro aspecto relevante abordado durante la jornada fue la identificación individual y la trazabilidad de los animales. Arroqui señaló que estas herramientas no deben verse únicamente como una exigencia legal, sino como instrumentos de gestión fundamentales. “La trazabilidad permite seguir la sanidad, el origen de los terneros, los distintos procesos productivos y evaluar resultados. Con datos concretos se toman mejores decisiones y se mejoran los márgenes del sistema”, explicó, remarcando la importancia de la información para la gestión moderna.
¿Ciclo completo?
Al analizar la conveniencia de implementar el ciclo completo dentro de los sistemas mixtos, Arroqui planteó que su viabilidad depende en gran medida de la escala productiva y de la estrategia de cada productor. Señaló que en escalas medianas el ciclo completo suele ser viable y eficiente, ya que permite capturar mayor valor agregado. En escalas muy pequeñas, en cambio, la gestión simultánea de varias actividades ganaderas puede volverse compleja y difícil de sostener. Para las escalas grandes, indicó que la decisión depende de los objetivos productivos, comerciales y financieros de cada empresa.
En sus conclusiones, el ingeniero agrónomo sintetizó los principales ejes a tener en cuenta para potenciar la ganadería en planteos mixtos:
– Garantizar una adecuada nutrición del ternero desde el destete hasta la terminación, evitando caídas en las ganancias de peso.
– Utilizar de manera inteligente los recursos forrajeros provenientes de la agricultura, como verdeos, pasturas, rastrojos y cultivos de servicio.
– Implementar suplementación estratégica para sostener ganancias diarias no inferiores a los 500–600 gramos.
– Apostar a la planificación, la tecnología y la simplicidad operativa como pilares de la eficiencia.
De esta manera, la jornada del IPCVA dejó en claro que la ganadería integrada a la agricultura, cuando se basa en planificación, tecnología y buen manejo, representa una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia productiva, agregar valor y fortalecer la rentabilidad de los sistemas agropecuarios argentinos.